domingo, 11 de octubre de 2009

Consejo

Consejo.




Déjense de andar
por los pasillos oficiales
pidiendo la limosna de una beca,
un palco donde actuar, un premio, un auditorio.
Es harto inconcebible
que se llamen artistas los mediocres.
Ni intuición primigenia
ni Dionisio los riega.
Son nenes de papá
jugando en la comedia a ser famosos,
a venderse en Europa, descarriados,
dispuestos a codearse con los reyes,
en turbios escenarios donde suenen trompetas.

Nadie puede responder qué es el arte:
si el hedor de las mieses o la vida
cumplida,
si un escudo del miedo,
si epíteto del hombre
que desgarra imprudente mansedumbre o leyendas.

Nadie puede decir qué es,
y sin embargo,
se disfraza con máscaras añejas
adosadas al carro triunfal de los creyentes,
convulso como
una novia virginal en tinieblas.

¿De qué cielos vendrá, de qué planeta,
la palabra radiante,
el plasma demudado sobre tela desierta?

La potencia del viento
ululante confunde
y en cenizas expande
la secreta ironía
de notas musicales.

Nos embeben los tiempos
en larga cortesía
y el aspirante vuelve
cada vez con fe nueva;
se acomoda el zapato;
se persigna ante el monstruo;
aborta su talento y, con vergüenza,
agacha la tristeza.















( poema publicado en Letralia y levemente modificado a sugerencia del poeta leonés de cuyo nombre no quiero acordarme)

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