jueves, 17 de junio de 2010

English Spoken

English Spoken.

Pero, no te preocupes, pichoncita.
Lo que oprime los clavos y los nidos
es el fracaso de la humildad.
La intolerancia.
A la orilla de ciertos límites
es difícil ser implacable.

Can you speak English?
Can’t you?


Los amores imposibles
se amontonan e impacientan,
te enseñan a pelear
por esa carta que nunca envidaste
y encontraste rengueando en tierra hostil.

Al cucurucho del helado
le cambiaron el nombre por barquillo.
Los barcos se inventaron para ir lejos,
como torpes aviones de oír de cerca
el murmullo de las camisetas sudorosas.

Cuesta ver un partido de tenis
Con su golpe seco a la pelota.
Sus redes, sus dobleces,
el saque, los botines,
nos evocan la tala de perpetuos
finales deportivos.

Necesitarás una sierra
para podar
tu árbol moribundo.
La Municipalidad prohíbe la poda voluntaria.

Tu árbol sentenciado:
tiene hojas por doquier,
demasiado ramaje,
pesadas primaveras,
bisbiseos.

A tu árbol mortecino
le sobran las palomas,
las lánguidas palabras.
Las raíces están a punto de escaparse,
rompiendo las veredas de tu calle.

Crucial momento en la historia de las podazones.
Religión de podas.

Tu cuarto se llena de horizontes y montañas,
de ríos cautelosos.

La poesía del hombre intoxicado
hiede
a estiércol de caballo de cartón
y yegua aprisionada
por espíritu de cuerpo.

Crucial momento en la historia de las religiones.
¿Podar o no podar?

That is the question.

Recemos por la Gloria de las hojas
de pétalos, cogollos y de páginas.
Recemos por el Arte de no hundirse
en las manos de Nadie,
mudos testigos que nunca han visto
matar a sus hermanos.

Podéis podar en paz.
En tres sets de ladrillo
o de película.

La alta costura
creará vestiditos con florcitas
del desfile triunfal de sus estufas
y carrozas de hielo y despertares,
se arrojarán al fuego de los humos
de chimeneas lastimadas.

Can you really speak English, sonny?
Can’t you?


Los herederos del reino te emplazan
a látigo violento,
a fiebre de ronquido,
con ladridos de perros y serpientes:

Fuck, fuck, fucking on Heaven’s door.

Y en un corte estarán de nuevo contra ustedes,
O sea, entre nosotros.

No cambies de canal.
My Space será Su Espacio.

Una pausa y volvemos.

lunes, 14 de junio de 2010

¿Qué culpa tiene mi madre ? -

I-

¿Qué culpa tiene mi madre?

Puedo resignar
tres horas en el supermercado por quincena;
fregar los cacharros,
quitar el polvillo
de los muebles del comedor;
limpiar los discos de tu colección,
cada día más nutrida;
acomodar los libros
por orden alfabético;
organizar tu agenda
-qué orgullosa estoy de tu talento,
mi querido-.

Puedo soportar
lavandina, detergentes,
la inmunda grasa de los mosquiteros,
el hollín infinito
de sus escrutadores ojos de alambre;
admitir que nunca encenderás el Spar
cuando te cocinás un paty
a las dos de la madrugada
y olvidar que no lavás los platos
ni apagás las luces
antes de volver al dormitorio.

Puedo permitir
que salgas a correr por Lezama,
lo sábados, a la hora vespertina
en que las cabareteras
se repintan los labios
y encreman las pestañas
con máscara negra
y yo me quedo esperándote
inquieta;
y que me digas al regreso,
tarde, muy tarde,
que encontraste a un amigo
¡cuántos amigos que no te conozco,
todavía!
y que perdiste bastante dinero
en el Bingo
o te tomaste alguna cerveza de más
y eso te haga eructar en la cama.

Me acostumbré, por cierto,
a la pegajosidad de las ciruelas
y a esas frutas de carozo que adorás;
a vaciar tus ceniceros,
a esperarte con el camisón blanco,
ese de gasa transparente con encaje
los días que gana Boca
y te hace delirar de la alegría.
Puedo abrazar a tus hijos
que me llamen “bruja”
y jamás me agradecieran
el costoso regalo
que les hice la Navidad pasada,
aunque hubiera gastado
mi aguinaldo completo.

Ay, puedo sonreír;
tener orgasmos
cuando vos querés;
planchar siete camisas
y media docena de calzones
cada semana,
-seis porque
los domingos no te bañás ni loco-;
puedo perfumar las toallas,
depilarme bozo y piernas
con cera vegetal
como un dolor de parto
que me arrancará piel y juventud;
viajar en colectivo a mi trabajo
porque el auto lo usás vos
aunque es nuestro.

Puedo, sin parpadear,
disculparme por un risotto
fuera de punto,
por no recordar
haber puesto cubiteras en el freezer,
y aceptar, indubitada,
que las papas fritas
no me salen tan ricas como a vos.

Puedo vivir
a lechuguita y agua
todo noviembre y diciembre
para estrenar bikini color fuego,
y ahorrar monedas
para comprar el Hawaian Tropic,
porque sé que te gusta verme
guapa y tostada.

Pero, no estoy dispuesta a tolerar
que tu madre venga a visitarnos
y me diga:

“Luli, te llevaste una joyita.
Cuidámelo bien.”















(última versión corregida para facebook)

miércoles, 9 de junio de 2010

Progne golondrina

Una
mañana te levantas y compruebas
que el techo es un prostíbulo sin fama
con palabras que nunca serán dichas,
con versos que jamás llegan a nada.
Advertirás que el ogro en los pasillos,
inmutable eremita, allí te aguarda,
rebusca en el espejo otras arrugas,
un cráneo deformado, una guitarra
maciza, corpulenta o enjutada.

Descubres el porqué de las masacres
ante el necio silencio de las tribus
que firman sus convenios con miradas.
Descubres y contrastas viceversas,
que el lingote alimenta sus vituallas,
que el pan que le procura el asesino
al torpe espectador estupefacto
está rancio y se huele con adverbios.

Aunque mientras la Progne golondrina,
limpidez, reverbero, dulcedumbre,
(les mentís porque el mundo a vos te miente)
más grazna el abejorro y no da abasto.
Rotación de los signos conque Octavio
sin Paz, porque la paz nos fue violada,
investía en banderas los disturbios
de embelecos que quieren ser poesía:
la realidad que ha sido mascarada.

¿Y por qué un comensal acartonado
me pide que me calle en una cumbre
de hierro, donde solo él y yo estamos
entre fuegos cruzados celestiales;
en luz y sombra de ruinosa nada
me infringe humillación bajo urundeles;
me frena con sus credos miserables
de socios que deciden el Destino,
caudillos ejemplares y furientes?

Más se da perdonando a quien te ofende,
en lugar de atracar su siesta enferma
con bombas y misiles de mazorca.
Erinas, las tres Furias desafiantes,
de cuando en cuando ganan sus medallas
de latón y apostrofan al tirano,
porque sí, porque Dios sabe lo que hace.

Irrecusables muertos nos preceden,
una mañana cuando al levantarte
compruebas con tus pruebas
que la intuición estaba de tu parte.
Te acusarán de vergonzantes rimas
o de híbrido motejo mezcalino;
te dirán que no sirves, que no puedes
(no podrás olvidarte de tu casta aborigen);
el barniz de sus ropas los avala;
tienen un cheque en blanco en el imperio,
su opinión es la doxa inmaculada.

¿Lucidez?
¿Quien necesita estrofas de alimento
si suscriben que el oro es la esperanza?
No hay condición que no profiera el bardo,
digno jornal, salario del recreo,
y una mañana, al fin, como decía
se devela la noche de los tiempos,
a sabiendas, cinérea y escarpada.

Tu júbilo es la lanza que los roe,
la lengua de punzantes mariposas
que gobiernan su ingrata oscuridad
y en lugar de luchar contra tu clase
-que pobre contra pobre es nuestro sino
y el presagio que auguran los que mandan-,
les dedicas un guiño, una sonrisa
y a la guerra que envíen a sus damas.

¿Será que somos indias mal nacidas
o brujas italianas rencorosas?
pues no obstante...
el poder se envenena,
se entumece y recula,
porque a la postre paga?