viernes, 29 de octubre de 2010

Humildad satánica

HUMILDAD SATÁNICA.





A Flavio Josefo, el fariseo vespaciano.





-Y yo que solo he sido

un discreto observador, un tajante

académico a la moda,

padre de los servicios al sistema

y su arrogancia,

con libros editados y aclamados

en su pueril contenido afirmatorio,

con pose de señor y con derecho

de juzgar principiantes,

no entendía el detrás de su sonrisa

de tonta enamorada de la muerte.



-¡Qué desconcierto, oh Dios, qué desconcierto!



-Hube de acercarme a la gorila, al mostro,

al engendro de E.T. de los suburbios,

subirme al colectivo

que circulaba raudo entre las sombras

del vespaciano secreto,

y pude descubrir que en el reflejo

de su voz interior y sibilina,

hay una hembraje sabio

nel mezzo del camin que ella no ignora:

las turbias componendas de asesinos,

los crímenes impunes de la historia.

Toma, te doy, te presto, te adelanto,

me debes, me conviene, ¿me regalas?,

este que es muy bueno no se crezca,

si vale logrará su cometido:

triunfar y declinar de su talento,

ser parte de la tribu victimaria.


- ...


- ¡Shhh!

No menciones su nombre de Papisa,

dile musa, hechicera, fiel Penélope

la pelota, el peluche, la kioskera.


-¿Mas, por qué no sentarla a nuestra mesa?


-Epa, amigo.

Tú entiendes de estas cosas...


Hay premios y hay fondos de Cultura,

hay viajes en hoteles cinco estrellas,

hay niñas que te soban y se entregan,

artículos en diarios con sus listas

de dueños de S.A. Con su quejido

el Planeta se convierte en un fastidio

si la dejas cruzar por esa puerta.

Hay becas Guggenheim y Nobel, y

dinero y más dinero:

entidades que pactan con leones,

sus llantos afiebrados de mujeres

histéricas de tanto

avinagrar las ensaladas

a escupitajos de ácida saliva.



¿Qué ley redimiría las caídas

de Imperios de aristócratas cleptómanos?

El hijo de un Guardia Civil

de Policía, ha conseguido casarse

con la guapa millonaria

heredera del cuento de las fotos

que congelan la vida que se escapa.

En tierras de California se implantan

la coleta.

Nos debe unos favores ese tipo.

Sin peligro. Es uno de los nuestros.

Es más, es necesario.

Debemos hacer creer al vulgo imbécil

que es la libertad quien rige sus destinos.


-¿Y a quien no nos cree?


-Diles que porque Dios es solo un mito,

palabra religiosa, organigrama.

En la penumbra del ateo está la indulgencia,

la sana afirmación: "No somos nada".


-Pues, no lo sé, inventaremos algo.


-Trátalos como bestias o corderos.

Ya arrastrarán el traste por el piso.

No les daremos un carajo a los geniales.

Ni falta que nos hace "avivar giles".


-"Se te vuelven en contra", ha dicho el dicho.


-Y que Aquel se los pague.


Somos súcubos machos bien sabemos

que Ella existe,

de nosotros se burla y nos reserva

el placer terrenal de ser mortales.

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