domingo, 28 de noviembre de 2010

Angelus Silecius - Brindis

Brindis
-"La rosa no tiene por qué, florece porque florece", ha dicho Ángelus Silecius



Hastiado de la versátil inconstancia del mundo,

hallé la paz dentro de mi copa;

en ella encierro vida, esperanzas y deseos;

dadme de beber.





Báquico.

C.P. Cavafis









Mi casa era tu copa,

desbordante de cava en la bodega.

Tu sitio, una tiranía

donde mis venas azules se escaldaban.



Los datos aportados eran fidedignos,

cotejarlos fue un trabajo inevitable.

Desestabilizábame en la premura

de hallar el desnudo oleaje de la síntesis.



La negra estofa empezó a arder

y el ávido designio de la lente

tuvo por fin un corazón blando,

en su rústico latir bajo la estrella.



El insignificante tábano molesta a las caballerías,

y a mí me excita que tu voz sea ese tábano.



Una voz sembrada en la locura,

que en resumidas cuentas

a nadie le importaba.



Y la bebo

en un altar de consumaciones,

como ese buen vino que me alegra

en la cofradía del goce de hombre conjurado

al nombre de mujer resignada y silente:

la rosa del fin del mundo,

la elegida del poeta.

Esa mujer no me quiere

ESA MUJER NO ME QUIERE.


Esa mujer no me quiere.

Lo he intentado todo.
He cambiado de perfume,
de peinado, los hábitos;
me he vestido
como su dandy favorito.

Esa mujer no me quiere.

Ella espera a un príncipe azul.
Me olvidé de la rana
que fui en los charcos del pasado.
Le envié flores rojas,
postales amarillas,
bombones de licor
rellenos de granadina.

Esa mujer no me quiere.

Entremezclé mis caricaturas
en sus paquetes de caramelos.
Le regalé la luna
con cuentagotas.
Le escribí cartas de amor,
de odio,
de informaciones varias,
en cursiva, en gótica, en imprenta,
colgué anónimos mensajes
en sus ventanas y silencios
porque le recordaran mi nombre,
y se dibujara en sus labios
la sonrisa.

Esa mujer no me quiere.

Fueron inútiles los versos pasionales
y la acústica intrumental.
Le fui fiel por naturaleza,
infiel por darle celos,
arañé a golpes el portal de su cuarto,
dejando diabólicas cicatrices
en la madera.

Esa mujer no me quiere.

Caminé por las cornisas.
Malvendí mis caprichos
al viento de agosto
por seguirla.
Le enseñé groserías
a su loro americano.
Leí los libros de su biblioteca.

Esa mujer no me quiere.

Soy alto, joven, guapo y elegante,
según dicen.
Hago deportes. Tengo un gran empleo.
Meneo las caderas al bailar.
Un buen partido.

Esa mujer no me quiere.

Me lo ha dicho mil veces.

-No te quiero.
-No te quiero.
-No eres para mí.
-Véte.

Le compré un anillo de brillantes,
que rechazó sin sorpresa
ni compromiso.
Perdí mis ahorros por ir tras su pastura.
Me arrastré a sus pies, por los países,
me subí a su cima
y naufragué en sus huracanes.

Esa mujer no me quiere.

Muchas bellas mujeres
me adoran,
me asedian expectantes,
me acarician el cuello
con ternura o lujuria.

Muchas bellas,
no tan bellas,
muchas maravillosas mujeres
rubias o morenas,
bajan mis pantalones
con los dientes,
con sensual desparpajo,
me susurran palabras
que guardaré solamente para ella,
la que no me quiere,
para su estéril corazón de arpía...

porque esa mujer,
damas y caballeros aquí presentes,
no me quiere ni me querrá jamás;
pero yo la quiero
y no puedo olvidarla
ni por un minuto.

domingo, 21 de noviembre de 2010

La soledad de vos / de nosotros / de usted

La soledad de vos
me llena el alma de sudor y aliento,
cuando los bares están secos
de madrugada fría
y amenaza lluvia en los rincones estériles
del fracaso ante
el noveno mandamiento de Dios.

Van construyendo el nido los chingolos
como jornaleros
sin trabajo en el estío,
a destajo del afrecho que consuman,
perdidos en cavilaciones
sobre el sexo de los ángeles,
si
el dedo es la medida del anillo
o
el anillo precede al dedo
que lo bautiza e interpela;
añorando a su amada congolita,
trinando sus canciones melodiosas.

Y la soledad de nosotros
crece
clara y fiel y fiel y clara,
transparente, devota, permanente
crece:
me tiembla en el recuerdo de tu nombre
que rememora,
a hurtadillas, su protocolo,
igual que un búfalo salvaje
haciendo señas;
y la almohada se mece perfumada
de girasoles en el
paisaje recortado de tu ausencia ilusoria.

En el calor del verano, en cambio,
la soledad de usted,
ataviada en mar,
me arrasa el cuerpo,
desvanece mi rostro entre las aguas
de rías contra lagos de montaña,
en el planeta insomne,
sin compases ni fuegos de kermés,
y me siento lejana e improbable,
extraditada al borde de equinoccios,
con la mitad de un brazo paralítico,
un ojo amoratado y otro preso
del tedio de vivir en el rellano,
lidiando por salir de la pendiente.

Bufandas

Esa bufanda era la muerte misma,
las vocaciones,
las equivocaciones,
las provocaciones,del pasado tirado en una mesa,
la ve de la victoria destruida,
que ni uve ni hube desterrado
del calipso,
los verdes insensatos,
que pueblan este mundo de ironías
que espantan como espantan
los domingos.




(De una imagen de Alexito Parra que daba para un poema repentista)

domingo, 14 de noviembre de 2010

Las poetas del montón.

I





Las poetas del montón;
las malas poetas poetisas,
pizarra y tiza en mano,
las Nada que decir;
sus obsesiones:
heptasilábicas, decimonónicas;
como una red que al humo no renuncia;
asediadas por el oscuro recoveco
de una crisis que no sufren;
se rejuntan juntitas a aplaudir
sus diablos azules, vetustos o amarillos,
como indica el zodíaco
del diario de anteayer.

Entre copas de vino
y labiales baratos
se besuquean las mejillas
a diestra y siniestra.
La anchura de sus fugacidades
me descorazona.
Con temblores de gallinácea clueca
me amedrentan.
Sus cuchillos cargados de jardines
y florcitas anticlericales
para un casamiento de punta en blanco,
asfixian los pechos de
los ángeles que invocan.

La constelación de la pausa
festeja su afonía.
El píloro manda resignación
ante la adoctrinada terquedad
del vómito que expelen.

Las de Barranco, siembran
una estética
de enfermedades que no existen
para ofrecer soluciones
que tampoco aportan.

Ohhh primer amor.
Cuanto insensato te denigra
con canciones que se arrugan
alrededor de tu mirada.
Quien ya no te quiere
nunca te ha querido.



II -


He forjado esta carta
desde la celda de mi aburrimiento.
Sin nostalgia del no ser
fui la chica del coro,
la empleada doméstica,
la manicura inerme,
la depiladora ciega,
la auxiliar contable
que calcula los milagros,
el porqué de los oyentes de poemas y cantares.

La he escrito porque sí,
para curar el tedio del domingo,
14 de noviembre del 2010,
la prisa de los lunes,
la maldición de Marte,
el cielo nebuloso de la actual primavera
que escasea/ que escarcea/


En el viaje de regreso,
mi tren no encontró el pueblo,
el pueblo se marchó
abatido, detrás de un viento seco.
Delirando
su enfado contra la barbarie,
se asentó en las orillas de la civilización.
Por su tronchada mente torpedearon
sueños de avenidas
en expedientes importados
por suntuosas pantallas panorámicas.


Ohhh primer amor.
Cuanto insensato te denigra
con canciones que se arrugan
alrededor de tu mirada.
Quien ya no te quiere
nunca te ha querido.



Lo peor de la inocencia es su belleza.
Lo mejor de la inocencia son los destripamientos.

Como dijo Juan Gelman

en su Mundar libro

“Los pájaros cambian de vida

y preguntan lo mismo de siempre.”




III-



¿Me nombra todavía su alma en pena?
No se trata de una simple pregunta retórica.
Quisiera saberlo.
Miénteme urgentemente
con muchas oraciones de respuesta.
Por mensaje privado o correo manuscrito,
por carta sin timbrar, o como gustes.

Dime que Jeff Buckley
no se ha ahogado en el Río Wolf,
que es el río deyectado de la estepa,
del famoso erial, que me deshoja
en su camino fatal…


Dime, por tierna analogía,
que Jeff Beck,
guitarrista de Yardbirds,
-esos pájaros del patio delantero-
no ha roto su guitarra en el Blow-up
de Antonioni
y que en esa cueva de Julio
nadie desesperó
por tener un pedazo de madera
para arrojar su rabia al fuego de las calles.


Menudos lobos esteparios
bien atados
en todos los corrales,
para que yo los recoja.

¿Los has visto en Perú?
Me escribió steppenwolf,
el de la página porno
que gozaba tener sexo
como el bíblico Onán
del coitus interruptus,
mirando las fotografias
de Carmen de Las Delicias,
la famosa prostituta de la calle madrileña,
la Carmen de Bizet del triple equis.

Me ha escrito, te decía,
del otro lado del mostrador,
sin decir esta boca es mía,
con recelo,
por la fuerza de su costumbre
callando para otorgar
su impotencia de toro en las corridas.

¡Qué Don Juan de la Cruz crucificado!
¡Qué ventisquero de hielo!

¿Me nombra todavía su alma en pena?
No se trata de una angustia casual.
Quisiera saberlo.
Miénteme con demagogia,
con muchas evasiones por respuesta.

Lo mejor de la inocencia es su belleza.
Lo peor de la inocencia son los destripamientos.

Versa y reversa.


Como dijo Juan Gelman

en su Mundar libro

“Los pájaros cambian de vida

y preguntan lo mismo de siempre.”




El silencio enmudece la pasión
y la prolonga.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Márgenes

MÁRGENES.



Vaga por las calles de la inexperiencia,
y de la incomprensión
sembrando los bordes de ríos de cinabrio
con flores de jacarandá,
burucuyá y salvaje;
siempre yuyo verde y caótico
en la cuenca destronada
de un cuarto de hotel
ocre o bermellón;
nunca arco iris
ni montaña a cielo abierto.
Descompuesto el esqueleto,
en cien guerras de los Cien años,
Cien años de soledad,
hedores en los escaños de
lores, toras y aforos.
La marginación,
causa del mugriento desasosiego,
los márgenes y las márgenes:
ora los, las, les, luz
y sombra y siembra
hambre que viaja por los tiempos,
aquellos turnos
en que el sexo era comida,
en que era caverna mercenaria
de las noches toledanas,
era contrapunto,
sequía y celaje,
una pulsera recibida cual ofrenda,
un cerco alderredor de la esperanza.

martes, 9 de noviembre de 2010

Nuevos poemas: Nimiedades ( 9/11/10 )

NUEVOS POEMAS ( 9 de noviembre 2010)

I-
Que si he fundado un ámbito de amor
en el encuentro, es porque somos tantos
los hastiados por la denegación
perpetua y corrompida de los hechos
que llevan al buen puerto de la muerte,
que como toda muerte torna en centro
el ultimísimo adiós de la partida.

II-

Salvación por la sangre y por las letras,
que han ungido milenios de esperanza,
acordando rezar que por milagro,
aparezca algún Ser a redimirlos
ignorando la esencia del Creado,
la pura Libertad, que nos regala
el Dios incomprendido que nos une.

III-

Yo que he despilfarrado la Palabra,
me consumo en el fuego del silencio.
Pasión, tormenta y luz de mis escombros.
Tragedia viva con final feliz
de statu quo, por pulir el ripio
y buscar el socorro en un mundo mensurable,
asible a los sentidos, mercantil, evasivo.

IV

La realidad nonada es proclive
a inmolar el relámpago
en lábil estrategia de rayo baladí,
crepitando en efectos especiales,
de intrascendentes ruidos de responso.
Operación de tacto y residencia
con sueño de anarquía desgarrada.

V-

Irreductibilidad de pérdida absoluta
que solo siente nostalgia de algún nombre
y sigue de este lado del espejo,
designando al azogue y los diluvios,
aquí donde se estrellan cuatro pájaros
de vivo argento en cítaras sagradas,
contra un albor de vidrio*

(amaestrado).

sábado, 6 de noviembre de 2010

La Medusa

LA MEDUSA.


Obra El amor según Parmigiano.






Como el caballo alado que una madre gestara,

aparece en escena su cuerpo mitológico,

el Amor que deslumbra cuando muestra su cara

ambigua y elocuente del sesgo cosmológico.





Y así, oblicuamente, endulza la armonía,

nos redime del mundo oscuro del fracaso.

nos devuelve la luna que se va y no se fía

de la flecha iracunda que se oculta en su abrazo.





Montado está en los libros de fiel Literatura,

aparece en la siesta de los cantos profanos

el más cruel de los meses, con su genio y figura

cría cuervos y escuece detrás de los arcanos.




La peña se impacienta, se enloquece, se abruma,

no entiende de razones, llamándolo Medusa.

¿Acaso existe cosa más bella que la espuma

de sus sierpes nevadas, de su piel sin excusas?





En su paso arrebola la hoguera con su flama

y al mirar petrifica los pechos virulentos.

Prensil de su sombrilla, con el beso proclama

que el rico es menos rico, si no vive en sus cuentos.















Versión revisada y corregida.