viernes, 22 de abril de 2011

Soneto en demasía

Soneto en demasía.


Mis primeros poemas fueron danzas
bailadas desde un antro submarino.
(No canto y cuando canto desafino.)
Mis viernes del dolor son alabanzas.

Los sueños que esgrimí fueron la lanza
que lanza el campesino, la semilla
que fuera a germinar en la otra orilla
donde el Rey es remero de la holganza.

La técnica, el orgullo y la soltura
llegaron por error, Fata Morgana.
Me pierdo el corazón en su cintura
y vuelo con mi cruz a su ventana.

La lija de mi voz es lima añeja
que roe por detrás de mis orejas
y sigue hasta la nuca el recorrido

de rimas sobre el yermo que los sabios
ocultan de la luz, bajo mis labios,
y dejan en el arte lo perdido:

venenosas serpientes, espolones
que pican con su lengua los rincones
en carcazas que penden del olvido.

Mi suelo es la ecuación del desagravio.

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