jueves, 9 de junio de 2011

Nada

NADA.


“Nada.
He existido.”
Sartre.
La Náusea. (Una de las mejores novelas del siglo XX).





Nada.
He existido para ser papel y pasado;
para albergar en mi juerga escarlata
las pasiones y el deseo;
para haber renunciado al viento peninsular
aquel invierno
y gastar la piel,
hastiada de preguntas y reproches
en un basurero efímero,
único horizonte del paisaje.
Respondí “sí” con la cabeza erguida
cuando fui interrogada por jueces anónimos;
dije “no” al plato de comida caliente
con la efervescencia de los veinte años.
Cien tarjetas de amor
me esperaron a la salida del hipódromo,
cien sombreros ausentes
se colgaron de mi laúd.
Reconozco el pecado
de haber tragado mi propia placenta
y el deshonor de haberlo olvidado,
como si tal cosa fuera posible.
No vale memorar el arrepentimiento.
Dentro de un segundo,
mitad de minuto, a lo sumo,
seré Nada,
como dicen todos los hombres,
desde quien sabe qué siglo,
quien sabe qué ciudad,
quien sabe qué mundo...
Cuando descubrí este cielo laberíntico,
las migas de mi cuerpo,
tendidas en la arena,
se precipitaban a la boca de los pájaros
con callada virulencia,
y al final, la nada,
nadita de nada,
recobraba su trágico sentido.

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