sábado, 3 de septiembre de 2011

Seis sonetos de siete.


1.-

Demuele la sintaxis tal Quevedo,
escarba entre los senos de la oruga,
asfixia el esternón, viento de fuga,
trasluce la intención en su remedo.

De gestos aparcero, el tinte quedo,
narcótico de bálsamos conjuga,
la suerte despilfarra con su arruga
si aspira a aniquilar el plinto dedo.

Bautismal, adventicio, salvador,
espliego metafísico, resguardo,
neumático, espinal, desolador...

Del fuego la catarsis cuyo fardo
es pasión dolorosa, ciego ardor.
No me esperes amor, cuando me tardo.



2.-



Y tardo si me busco y no te encuentro.
Dime ¿dónde te vas cuando te olvido?
¿Acaso no sabrás si te he advertido
pujando desde el medio hasta mi centro?

Te he visto, de pasada, desde adentro,
sin ver que te esquivaba mi vestido,
con pecho de troyano malherido
cerrando tus ventanas, salgo y entro.

Amor, ¿por qué me ocultas de la gente
si nunca estoy del lado de tu puerta,
buscando con estilo indiferente

la luz de tu calor de vela incierta
en noches de fulgor resplandeciente
en que alma que sueña se despierta?



3.-



Despierta adormecida, temerosa,
enseña que acaricia tu pijama,
rozándote en las sombras de la cama,
tendida en el diluvio como esposa.

No estás porque tu estar es vaga cosa,
limón sin acritud, pájaro en rama,
salud, talud, alud, rey de su dama,
marino, mariscal, nombre de rosa.

Pretérito fugaz, futuro indemne
la esencia de tu aroma desvanece,
el triste corazón en que perece

la llaga de la fe, mustia y solemne.
Me volveré a dormir para gozarte
en los brazos tullidos por desearte.

4.-

El arte de dormir para tenerte
aquietando la ausencia inmensurable
del cuerdo sofocón. Deja que entable
la historia negadora de la muerte.

Pasarán las personas. Quiero verte
descubrir el encanto, pleno afable,
que acaba sentenciado por un cable
a tierra, marital, frágil e inerte.

La vida es un amante peregrino
que guarda entre cristales la presencia.
Nacer, vivir, soñar con brusca urgencia.

Dormir, amar, morir. Mísero sino
prohibido por el genio de Aladino,
sumido en la entidad de la conciencia.

5.-

Escribo del amor en la estructura
de sonetos plebeyos y vulgares.
La tribuna me cuente los lunares
si llama a mi ilusión la paspadura.

¿Puede rimar ternura con holgura?
¿El cielo anda de paso por los bares?
Los cantos de sirenas y juglares
encuentran la tarea pura y dura.

Escribo del amor, genio y figura,
como dije una vez, sin tolerancia.
Escribo porque amar no tiene cura

ni fragua ni fogón en nueva instancia.
Escribo por llorar la desmesura
sin vueltos ni propina ni elegancia.

6.-

Vuelta atrás, adelante, retroceso,
las calles de la infancia, los amigos,
el triciclo prohibido, los testigos,
la sopa de mi madre, el tibio beso.

Las goteras del asma, el rey obeso,
los tangos de hormiguitas y cigarras,
las modas que vendrán con las chicharras,
el susto del examen, el receso.

El helado casero, las muñecas
piel ros, la simetría, el Viernes Trece,
la crema catalana, higos y nueces,

el viaje a los infiernos, las Eurekas,
los zapatos de goma, “a pan y mate”,
tu amor en un papel de chocolate.

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