martes, 27 de diciembre de 2011

Él me daba su tiempo en botellitas

Él me daba su tiempo en botellitas...
para que lo sorbiese poco a poco.


Si llegaba molida del trabajo
abría una ventana
hacia las olas
del mar profundo de sus ojos verdes.


Tequila me ofrecía,
un "te quiero" de acento mexicano.


Su vino fue una fiesta de pateros,
gitanas y flamencos
danzadores.


La champaña, discípula de bodas,
latía y me atronaba.


(Los) disidentes acordes de su viola,
toreros en el ruedo
de cervezas tiradas.


Ginebra,
ginebrita,
ginebromas,
de poetas abstemios
se burlaba.


Y, un día resultó que se había ido
a robar las guirnaldas
del corso de las vírgenes del cielo.


Él me daba su tiempo en botellitas...
Yo no le daba nada.
---

domingo, 18 de diciembre de 2011

Poema admonitorio





Pudiste haber sido vos,
y te negaste.
Podrías haber estado ahí
mas, no quisiste.
No soportaste el olor
de las redacciones.
Podrás alcanzar el cielo
pero no sabes cómo
e irás directo
a los galpones del infierno.
Tu gloria es una terca cobardía:
un empleíto estable
con magro sueldo de hambre,
una casa vacía
de finos mobiliarios,
un bostezo sin ganas,
unas notas
para matar el tiempo.
Te dieron libertad
y elegiste ser esclava.
No supiste venderte.
Nadie pudo comprarte.
Tarde o temprano,
no hay plazo que no venza.
La oferta es limitada.
El mundo te pregunta
lo que intuye de antemano,
para que se lo grites
cargando el fardo del imbécil.
Bendiciones te dan,
no las aceptas.
Te tiran una soga
y te me ahorcas.
Dime Lu:
¿Qué voy a hacer yo contigo
si persistes en tratarme
como a un extraño?

martes, 13 de diciembre de 2011

El último censo internacional

Lucía A. Folino, el jueves, 8 de diciembre de 2011, 22:47

EL ÚLTIMO CENSO INTERNACIONAL.



El último censo  internacional

arrojó al 8 de diciembre del 2011

un resultado de 6.748 poetas vivos.

Si convenimos en que cada uno de ellos

escribió (alrededor de) diez poemas

en un año,

diremos que se han gestado

en dicho lapso:

67.480 nuevas obras.



A razón de catorce versos

cada una…

(promediando en más o menos)

La cuenta necesita procesadora

mas, no es difícil:

Se echaron a rodar

944.720 versos.

Considerando que cada verso,

libre o medido,

tiene una constante

eneasilábica (no digo endecasilábica

porque pongo a cocer

a los alejandrinos

junto con los pentasílabos),

continúo con la abstracción…

Considerando que cada verso,

libre o medido,

tiene una constante

eneasilábica

se han utilizado,

multiplicando el total por nueve,

para que se me entienda,

la friolera de  8.502.480 sílabas

que la lírica gastó

para socorro del amor,

del odio,

de la herida rencorosa,

de la guerra y la paz,

de las tiernas madrecitas,

de la muerte inexorable,

y un puñado de temas

-incluyendo la luna y el rock and roll-

que sobran los dedos de las manos

para enumerar.

O sea,

si tenemos 8.502.480 sílabas

asignando a razón de dos letras

por cada fonema

serán emergentes del cómputo:

17.004.960 letras.

La raíz de esa exorbitante cifra

es 4.123,707 y… período indefinido

por cuanto multiplicando

este valor

por sí mismo

nos sigue faltando 1

-uno que no somos nosotros-

para alcanzar la auténtica perfección

aritmética

en su ritmo, aroma, forma y astucia.

Para el caso es aceptable

el redondeo.

No parece esconder una trampa

la omisión de algún dígito

en cuarto lugar de la escala

después de la coma.

Aunque siempre que hay un retaceo,

se escatima la verdad,

se manosea el verbo mayúsculo,

se ofende a las Musas

que se empeñan,

ardorosamente,

en amamantar ideales

de Amor y Belleza;

Superación,

Justicia y Libertad.

Lo básico para la supervivencia,

podríamos aventurar.



Entonces,

obtuvimos que 4.123,707

al cuadrado

son casi 17.004.960

letras nuevas

que fueron dadas a la luz

en poesía.

Mejor dicho,

supongamos que la estimación

ha sido pertinente

y no hemos errado demasiado,

en cuanto a la febril actividad

de los maestros de la pluma.

Ajam.



¿Qué más tenemos por aquí?:

que 17.004.960

sin adición, sino que divididos

por 28 letras del abecedario

nos indica

que se han repetido los palotes,

-estadísticamente hablando-

607.320 veces

cada letra.



a, b, c, d, e...



Vos sabés como continúa la cuestión.

Lo diremos en criollo:

Qué exageración.

Qué guasada.

Qué suplicio más ofensivo.

¿A ningún poeta se le ocurrió

inventarse un sonido nuevo?

¿Agregarle una letrita aunque más no sea

a este alfabeto enclenque,

que va perdiendo  elles, ce haches y eñes

por todas partes?

Profecía augurada,

dado que el inglés ganó la batalla,

con culpa manifiesta

de los señores poco caballeros

y señoras poco damas

que resignaron escrúpulos

a tasa de cambio en paraísos fiscales

y acabaron

con el sueño

de la Liberación de los pueblos.



Aaaaaaaaaaaaaaaaaaa

Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa



Cuánto dolor.

Qué gran dolor.



Mientras que ellos siguen usurpando,

desplumando,

robando

y matándose de risa

de nosotros:

Yo

(uno, una)

malverso versos

Primero:

para romper con las reglas

de presunciones simétricas

que hice al comienzo.

Segundo:

Para tirar por los suelos

mis cálculos extraños

y atajar mis peores pronósticos

de miedo.

Tercero:

Para calmar la ansiedad

de mandarlos al carajo

arrastrando a esos funcionarios por la vía pública

como presas caídas en combate

y poniéndolos a parir

en una cárcel de alta seguridad.

Cuarto:

-Last but not the least-

Para demostrar a mis futuros jefes

que soy bastante buena en matemáticas,

y que como tarde o temprano

tendré que exiliarme

de este apestoso régimen

de tiranía latinoamericana,

buscando un poco de aire fresco

-a sabiendas de que en todo el planeta

se cuecen habas-

me darán un empleo de contable

para asegurarle a los bancos

que sus mejores clientes:

los dictadores y demagogos,

los capos del crimen organizado,

los estafadores,

los pederastas,

las putas,

los secuestradores

y los ladrones de guante blanco,

van a estar conformes

con el servicio financiero

que se les preste.

Me pagarán un sueldo de hambre.

Es verdad.

Se resentirá mi independencia

pero seré una mileurista feliz

de no estar fregando la mugre

de los ejecutivos y emperadores

de la nobleza oligárquica

en mi país.

Lo haré directamente

en la cuna

de nuestra antiquísima civilización

rodeada de palacios, iglesias y teatros

de tradición y estirpe.



Doce horas diarias,

con derecho a vacaciones pagas,

en el cuarto compartido

del piso rentado,

durante el resto de mi vida,

y hasta con un magro aguinaldo

para gastar en las Navidades,

si los payasos de turno

no ordenan lo contrario,

agradeciendo que me amparen

como inmigrante que seré.

Tendré un empleo de escritorio.

Haré todo tipo de operaciones

comerciales,

en persona,

por teléfono,

por internet

o computadora,

al más alto interés de plaza,

con el rédito añadido, de

no tener que tocar el dinero,

que es sucio, hostil

y mancha las uñas esculpidas

con su negritud.

Total,

una es menos que uno,

solo

un período de una raíz que no entraba

en las pantallas

de la calculadora de bolsillo.

Los gerentes, chochos.

Eras de un día son






ERAS DE UN DÍA SON.
(Megapoema)



CENESTESIA MOHÍNA.
En tiempos de morir,
la espesa trama
gloriosa aceza
en noche vendimiada.
Veo el sol a lo lejos.
Un puro dimitir de buitre viejo
abierto a la negrura de ocasión.
Capaz de prodigarse.
Baratija
de pócimas clavadas
en contenidos
laxos,
aparentes.
Calle de tierra oculta veo
Veo:
Cenestesia mohína.
Un poco asusta el timbre
extorsionando,
el número,
la cábala,
los signos
con memoria infantil.
Dedo de Dios que cruje
y exaspera.
Lo vislumbro al ocaso.
Trayecto del periplo arremetido.
Veo luces
y
sombras en tinieblas.
Veo
brumas,
color,
concupiscencia.
Oro salvaje
y dientes de marfil
en gris y piedra.
Cenizas,
lodo,
encono.
Veo aguas.
Siniestros perfiles.
Crepúsculos caídos.
Esmeraldas sin tiempo ni pastura.
Veo
también
un lobo acicalado.
Trotamundos
del nítido embeleco.
Resopla el viento.
Jadea la guitarra.
Flameando vino
el vino de la selva.
Espera, por favor,
No te apresures.
Anochezco.
Eucaliptos laten,
lato.
La nítida cintura
que da y quita.
Encuentro
el torbellino en pleno pecho
con cenizas volcánicas
y el fraude
de una ausencia insospechada.
Argumento secuencias.
Suplo cercanías.
La vergüenza es mentira.
Percibo atentamente.
Recepción,
deprisa,
enfrente.
Recuentos demenciales.
Secretos olvidados.
El pacto medular
con su onomástico.
La perenne elocuencia del silencio
Aprendo a caminar
por la cornisa,
subiendo
en escaleras vulnerables.
Los vates se nos filtran
como penas
de cuerpos inseguros.
Pedro el Grande
ha venido a buscarme
en veloces cruceros sucesivos.
Rumbea el tragaluz:
las bancas sin impuesto.
Estoy aprendiendo a dudar
en bares rancios.
Tañe copa incompleta.
Mi alfa y sigma
Mi oración de cuento.
¿A qué configurar los intersticios?
¿A quien darle la vela
en el entierro?
Ubérrima crepita mi garganta
de yerta vida.
En cautelosas horas:
sordina,
mugre,
escoria
Lo desdeñoso
afónico de nube.
En este borrador
dejo las glosas,
absortas melodías de la herrumbre.
El diámetro del miedo
se mide
con prodigios.
Pluja seca.
Monorrimo.
Conquista que se avienta
o que se expulsa
por el cauce de venas azuladas.
Constructor de caballos
pasa el turno.
La morada de Ilion
se redecora.
Los dioses emplumados
echan chispas
hirientes, simultáneas.
Famélica recuerdo
algún instante
en que el cuerpo tronó
de centinelas.
Predicadoras vestes
de mujer de olivo
absorta y sempiterna.
La sensibilidad satánica
desbarra
el canto existencial,
la hegemonía,
la masa ordenadora,
lo intrigante,
el recodo de misterios,
la bohemia deportiva,
los cobardes.
Lo propio
que se tilda como ajeno
Las crines de una yegua
enfuriada,
obsolescente.
Contable de balances e inventarios.
Arriero de jinetes en las quiebras.
Conceptos inclusivos,
desertores.
Las manos
sudan la entidad balsámica.
Las miradas queman.
No hay vista que desmienta
lo ilusorio
ni sonido más terco
que una anuencia.
Una ausencia de mí
sin importancia.
Una falta de Aquel
que ocupa el Otro.
Superar
la ignorancia.
Fastidiar
las preguntas
con redes de placebos,
de corva virulencia.
El molino se agranda.
Las lanzas no escatiman
el rastro de la huella.
Tomates
y tomillos.
Albahacas,
azucenas.
El olor de la nada
dormitando al costado
de la clara advertencia.
El índigo recama
de surcos intensivos
la terapia violenta.
Predigo
los augures
del zafiro que encanta,
de la nave que repta.
Aparecen en sueños
12 dioses de Atenas
con Zeus a la cabeza.
Deméter, Poseidón.
Apenas los distingo.
Apolo
está en la siesta.
Rehén de las pasiones
que no tienen certeza
El aire juega o danza.
No hay nombre
para nadie.
No hay salva que no sea
arnés para la guerra,
donde hay yunque impaciente
morando en los afiches.
Fatídica.
Fantástica.
Las olas arreciando
calibran la tristeza,
que no es triste ni alegre.
Es tristura de fondo.
Tristeza de tragedia
Acuerdo involuntario
Impecable labriega.
¿Amor,
por donde andabas
la noche del deceso?
No dejas evidencias
en la cama arrugada
con sábanas de seda.
Demasiadas suturas.
Demasiado coraje.
Tridente,
palo,
estaca.
La batalla se acerca.
Acuérdate –me dijo-
de que todo se paga.
Dios sabe.
¿Dios lo sabe?
Dios sí sabe.
Ni adelantos ni mora
ni castigo ni prenda.
La innumerable forma
de oráculos de moda.
Y en el mar de Sicilia
alzando majestad;
ahechando;
limpiando el trigo,
con cedazo y torno,
cribando las semillas
de mansiones desnudas.
la nítida crudeza
del alma
hecha jirones;
la ponzoña encarnada;
el bostezo acuciante.
Rasgar hasta el absurdo
de ventral existencia.
La moqueta afectada.
La lechuza en el ojo
de búho,
por la fiebre
bloqueada y arqueológica,
descendiendo al infierno
en caravana.
¿Casco de bergantines
o trenes descarriados?
Las callejuelas hieden…
La blandura no es blanda.
Tan próxima a lo lejos,
tan fatua de lo cerca.
Endogamia de siempre.
Fidelidad perversa
refrenando la lágrima
de la flor del boato,
auscultando
los viajes peregrinos.
Calmo.
Peco.
Mitigo.
Coordino los semáforos
de la arteria vacía.
Proyecto.
Disimulo.
Suspendo los delirios.
Duermevela inconsciente
que aprende a ser soñada,
dormida en los rincones.
Mecida entre elefantes
como araña entrampada
respondo por mis deudas.
Rotación de figuras en la mente,
desmembrando
causales
la floritura derretida.
Rapto de las Sabinas.
La gramática atrapada.
Paso de cebras taciturnas.
Rituales.
en romanos coliseos,
arlequín de comedia
del trágico holocausto.
Desaparecida en combate.
Inasequible.
Densa.
Trópico de oraciones
en continua pelea,
huera acritud de mueca.
Gesto inútil
como un damasco de fantasía
conseguido en mercado persa.
No alcanzará una vida,
ni cuatro vidas
ni cincuenta.
Nadie entenderá la cruz;
el jeroglífico origen;
la atadura,
la mísera presencia
de zombis espectrales
que recogen los frutos de la tierra.


ROMANCEADO DE LENGUA Y CARACOLA.

La mañana sorprende
retales de vuecencia
y busca su amuleto:
el divino candor.
La asombrosa mancuerna.
La antorcha luminosa
desafía
el perdón,
con alas nuevas.
Resigna la mortaja
ciñéndose un vestido
alegre.
Tentador.
Las huestes abolidas
proponen nuevos ciclos
Asombran las cornetas
el halo,
el resplandor.
Cantinas de la prensa,
refractarias al miedo,
Pellejo recompuesto.
Héroes de la pasión.
Devuélvele el gallo a Asclepio
porque hoy canta el ruiseñor.
Macbeth y Hamlet reposan.
La salamandra no enciende,
la guadaña se recuesta
contra el sentido del mar;
Caléndula Vargas nada
como un pez en el agua,
Batato Manguera yuga,
machaca los corazones,
se tuestan los horizontes;
las reglas
se recompensan;
el culto se hace motor.
Lenguaje de caracolas.
Mariposas,
tibio olor.
La luz del día erotiza.
Los estudiantes festejan
el fin de clases.
Calor.
Tambores,
peñas,
comparsas.
Cebolla y puerro.
Licor.
El abismo se perturba.
La sal de mundo es la murga
ad litem del idealista;
capricho del trovador.
La letra se pinta a fuego.
El salmo se desfigura.
Paradoja.
Postulado.
Ronda en una traducción.
Maravillas de pureza.
Alambiques del madero,
rechinando en los barriles.
¡Muera el odio!
¡Viva el Rojo!
La sangre resucitó.
Condenado por violencia,
Lacan
en el comedor
queda preso en sus modismos.
Nace ahora el Redentor.
Montan guardia las coristas.
Descongelan el amor.
Ardillitas con mimesis
actuando en el bodegón.
Diagnóstico reservado.
Pronóstico Inmejorable.
Anuncian lluvias con sol.
Afluencias en las rutas
Centauros en taxi,
avión,
autobuses,
colectivos argentinos,
Pampa húmeda,
desierto.
El camino es para vos.
Mochileros harapientos.
El político en bermudas.
Rocío.
Almuerzos.
Peine, peineta y furgón.
Carreteras contra legem.
¿Qué quiere decir querer?
La música no llega lejos
si no viaja en mi camión.
Grita Triana,
Don Rodrigo:
América es mi parador.
Por un Quítame de aquí estas pajas.
vive el mundo en su preludio.
Risas,
verbos,
sinfonías,
preámbulo y comezón.
Canta el cuervo.
Salta el muro. Buena Vista.
La toalla tiene aroma a Termidor.
Las horas duran minutos.
Feliz día te deseo:
Fuerza.
Energía.
Vigor.
Me espera tarde la tarde.
Acá vamos, allá voy.


PERDIENDO LA FE EN LOS HEXÁMETROS.

Trabajo de las noches y los días.
¡¿Que será de mí sin las palabras
que crearon los diablos de macabras
penitencias de oscuras pasantías?!

Las notas que leerás no son las mías,
La música pretérita que labras
oculta las mil y una abracadabras
cuando, a renglón seguido, desconfías

del arte de la pluma diletante
que leva la emoción de fe menguante
con ríspida, inaudita hipocresía;

pues, se ha llevado al mundo por delante,
calzándose al postor como un buen guante,
la vanguardia de ritmo y armonía.


PROPOSICIÓN DE LA NOCHE NUCLEAR.

Abdica el vuelo al ámbito
del entierro del ruin vocabulario.
Certificados,
títulos y abonos.
Si… entonces…
nos ampara el testamento
del hiato
y la antigualla de la ofrenda
que supo rendir cuentas
en suave interdicción,
con teorías inseparables
del árbol de la fuente.
Colofón
Complementario término.
Virtuosa idoneidad desnuda.
Perfumada
delegación
de jerarquías manifiestas.
Organiza el pudor la trama entera,
capaz de aniquilar el barro inerte.
El núcleo de la célula
da un punto
propone su beldad,
su omnipresencia.
¿Reproducen los libros las verdades?
¿Igualan el dolor de la inocencia?
¿Significan el múltiple mensaje
que aleja el fundamento de la tesis?
Poemas
que se esfuman en la nada,
en el futuro del futuro
irán al palio
donde serán juzgados por inútiles.
El verdugo oficiante es un carnero.
como suele suceder cuando
no hay diana floreada,
tridimensional virgen,
luna casada o cazadora
como en las fábulas.

Final
a punto de explotar en los labios.
Final.
Descuento refrenando el lloro.
Final.
Rezando un bisbiseo.
Final.
Cargado de silencio.

*como un buen guante (versión anterior)

sábado, 3 de diciembre de 2011

El dardo

EL DARDO.

Cuando una halla la religiosidad,
lo infinito,
la fe en el amor,
enseguida se anotan las Iglesias
para hacer su agosto,
los fatídicos gurúes,
los profetas de tarifas inescrupulosas.

Después, esa gente
te vende un seguro,
por si quiebra tu compañía de seguros
y te planta sus séquitos dorados.

Como estos viles
tampoco tienen pensado abdicar
por el momento,
tendremos que seguir manteniendo
patronatos, templos, imperios, reinos
de cultores de la miseria.

Entonces, quiero pegarle
a una rica heredera desconocida,
que va por las calles,
mostrando cruces de plata,
ufana de sus limosnas.

Detesto a los poetas profanos
que estiman la belleza
como si fuera un mérito
o un atributo de Dios.

No es que desprecie
su presunta elegancia
de conducta intachable
o su refinada parsimonia.

No es que señoras como esas
sean malas o tontas.
¿Por qué iban a serlo?
Les tocó andar por la vereda del sol.
Hablan idiomas,
lucen brillantes cabelleras
tratadas con buenos productos
desde sus nacimientos en cuna de oro.

Para ellas, el otro, los otros,
son apenas rodamientos útiles,
conejillos de indias de evolución transitoria,
mano de obra barata, confinados clientes,
público manso que las aplaude sin cesar.

Lo que me ocurre
es que nunca se cuestionan
la desigualdad.
Sus cenas de gala
para tristes caridades
alimentarían ejércitos.

No hay extrañamiento
en su rostros estigmatizados
por la prejuiciosa civilización.
Ellas sostienen el sistema.

No se incomodan ni exasperan
porque no hay necesidad.

Son especies diferentes de nosotras.
Se proclaman nobles Venus,
Hetairas superiores.

Escapan espantadas
si se las encara de frente,
aúllan de dolor
si se las denuncia por hipócritas y ladinas.

No entienden
y sollozan injuriadas
llamándonos resentidas,
mientras sus caballeros
las consuelan
con vanagloria de sultán
y tesoros conseguidos
por apropiación viril.

No le es dado comprender
que cada cual
defiende lo suyo;
y nuestra supervivencia
depende de este grito ahogado
que lanzamos como un dardo
por no descuartizarlas.