viernes, 24 de febrero de 2012

Salvando las distancias (Canción de madrugada)

Salvando las distancias, como querías,
te llevé con mis huesos al portador.
Apagué el cigarrillo con una lupa
que estaba en un cajón del mostrador.

Después, vino la noche, y nos trajo el sueño,
el sueño que descarta la obligación
y supe que contaba los alfileres
del arco y del compás  del corazón.

Sir Arthur “Sherlock Holmes”, estudio escarlata,
entró con su santo y seña en un callejón
y detrás de las curvas de una mulata
el  nombre del testigo se escabulló.


Y nada nos importa, no importa nada,
cuando en la nube mustia hay un corralón
 y los besos que sobran, nos echan falta
gritando envido a nadie, que nos amó.


Al cabo de una hora, en grado alfa
idiomas y colores pusieron luz
al ritmo de novela, que huía en balsa
fugada de la mente, en rendez-vous.


Seguimos abrazados como pareja
que entiende que hacia el alba llega Jesús
a completar la lista de condenados
que olvidan su boleto del autobús.


Sir Arthur “Sherlock Holmes”, estudio escarlata,
entró con santo y seña en un callejón
y detrás de las curvas de una mulata
el  nombre del testigo se escabulló.


Y nada nos importa, no importa nada,
 cuando en la nube ruda hay un corralón
y los besos que sobran, nos echan falta
gritando envido a nadie, que nos amó.

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