lunes, 11 de junio de 2012

Llévare una cala al cementerio

Llevaré una cala al cementerio y
será ave migratoria su aleteo,
repujaré una estatua en el camino
del hueso encabritado que te ocupe.

La única retórica que impongo
es desterrar los escudos de muerte
e inundar de perfume el espejismo
con el claro decurso del incienso.

Luciérnagas propician el ruidoso
insondable vapor del  nacimiento,
convulso, de la vida renovada
sobre el ramal del árbol que te llora.

Elevaré una queja a tu garganta
por desolar la tierra prometida:
"va con la eternidad el que va solo"
y una rabia marchita.

Imágenes umbrosas del dolor
ceden y retroceden,
fusiladas por golpes atizados
por la flor del amor que  no se olvida
de quien nunca durmió sin mi presencia.

Y sé que ahora que somos  haz de luna,
disimulado por espesas rutas,
desterrado del tálamo nupcial
de solteronas mudas,
miro los rostros y te sigo viendo
(a mi lado (acostado (a mi costado)))
ancho potro feliz

                                   y enamorado.
                                                                                                             ...  y enamorado.

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