miércoles, 25 de julio de 2012

Una aspirina para David

Se incendia España. 
Malditas profecías. 
Huele mal el que narra esas noticias. 
¿Quién no siente dolor, 
quién está exento,
del golpe de la vida 
y del fracaso? 

Este abismo reciente
de final predecible,
brutal, cruento,
su agónica locura.
Es lenta la amargura
y también lento
el dulce despertar
del beso atento
en el ocaso singular,
salvaje
igual que un verso
excluido de un soneto
sujeto al arbitraje
de un experto.

David está despierto en la cocina,
buscando en el cajón una aspirina,
No somos más que amor hecho figura,
en una noche débil y rugosa
que elige a cada hombre
como esposa.

Se nos quita de súbito la cura
del látigo sutil, su singladura,
calmando la febril temperatura
en viejas discotecas
de un pasado anterior
sin hipotecas.

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