sábado, 15 de septiembre de 2012

Aves de primavera


AVES DE PRIMAVERA.


Nunca  vi una uralita.
No  distingo un zorzal de una calandria.
Se nos ha metido septiembre por la ventana
ansioso de retoños y  de lírica
como amarga estampilla despreciable.
Dicen que hubo palomas en la plaza
tan gordas y  tan odiosas
que era mejor perderlas que encontrarlas.
Mejor si decimos  torcazas.
Las reconozco por deserción y por lujuria,
por sus dentaduras de oro,
y  ser extrañas formas  de caminos de  dios.
Para palomas,  las de maíz,
husmeando coreadas revoluciones fílmicas.
Para  versos, el  eco sibilino
de su nombre de pila,
su  abrazo manifiesto de perro del hortelano
el retintín en la  garganta,
la  fresca resonancia desde lejos,
las letras que no trazaré
sobre este papelucho  satinado
que configuré  sobre el monitor 
de mi computadora  fiel
como una estaca para el náufrago,
y  arrancaré del pecho,
cuando termine esta elegía
y  oprima  el No guardar
en la memoria. 

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