lunes, 26 de noviembre de 2012

Cierre del blog POR EL AMOR DE UNA MINA


CARTA DE DESPEDIDA DE SABINA EN SU BLOG POR EL AMOR DE UNA MINA.

Cierre del blog.

A MODO DE DESPEDIDA DEL BLOG:



Hemos llegado al comienzo
de la esfera digital.
Digo adiós, y en el final,
ni doy ni pierdo ni venzo,
 porque ni yo me convenzo,
de que habrá que terminar
con la rima secular
y los besos a distancia.
Perdón pido en esta instancia
por no saber acabar.





Es hora de despedidas
por tanto abuso maltrecho,
nunca quise poner  pecho
a las voces malheridas,
que pasan a peor vida
cuando la manta ennegrece
el color blanco que crece
a la luz de sus lamentos.
Hemos vivido de cuentos,
una vez y tantas veces.


En mi “garganta profunda”
la garganta con arena
era la gata más buena,
que tuve y no se confunda
Nunca pudo ser segunda,
ni Catedral de Almudena,
quien se moría de pena
porque sabía que el mote
mostraba al loro su escote
y sufría una condena.


Martínez: negra etiqueta
que aumentaba su castigo,
ahora que sé y me maldigo
por comprar prensa discreta,
para gozar de la treta
de embaucar al respetable,
me encuentro, cosa notable,
más solo que una lombriz
que se creía feliz
porque tiraba de un cable.

Perdonen que así les hable.

Pero, esta vez, sí me voy
para nunca más volver
de este sitio en que hay que ver
las sospechas de quien soy.
Esto es todo lo que doy.
Mi fortuna ya está en manos
de las hijas de zutanos
que se arrastraron babosas:
Hice pasar por esposa
la mierda de los peruanos.

El negocio de la droga
no tiene dueño ni jefe,
solo un puto mequetrefe:
Joaquín Sabina que boga
con la caña y con la soga
anda pescando y se acopla
al nuevo viento que sopla
y que arredró en esta gira.
Ay, me parecen mentira
estrofas, versos y coplas.
  
A mis años trotamundos
me confieso desdeñable,
un vampiro abominable
que ordenó daños profundos.
Si nos llaman iracundos
a los viejos servidores,
tendrán razón los señores.
Le causamos mal de amores
a la princesa quemada
como bonzo, achicharrada,
por no poderla nombrar.
Nadie pudo conquistar
el premio mayor: su almohada.


Podría seguir por horas

contándoles mis penurias,
las ofensas, las injurias,
las veces que dije “llora”,
a mi dulce soñadora,
la patrona de mis puños
levantados como cuños,
como símbolos y huellas
calmando con cien botellas,
cicatrices y rasguños.

  
Basta, basta, estoy molido
por tanto alarde insensato.
Quien no comió de su plato
nunca supo de Cupido
ni de amor enceguecido.
Fueron quince navidades
sin anuncios ni verdades,
ciento doce cumpleaños,
transitando los peldaños.
Vanidad de vanidades.

Hasta siempre, hereje mía.

No te olvides del cantor,
perseguido payador
que por guitarra tenía
las cuerdas con que Lucía
su destino de venganza,
ultramarina balanza
y precoz en la erección.
Te dedico la canción
de mi cobarde alabanza.
  

Con esto acaba la danza
de los versos de ocasión.

















domingo, 25 de noviembre de 2012

Fin del mundo



El fin del mundo.

(soneto 25-11-2012)







Se acerca el fin del mundo y se presagia

un cambio de actitud ante el latido


que alcance a procurar al malherido

la calma del dolor. Esta es la magia




que esperan los humildes: Han vencido

el Verbo, la Razón que no se plagia,

la sangre del hermano, su hemorragia

como un grito en los cielos del caído.




El amor fue la llave que ha empeñado

el noble corazón abandonado.

La cigarra y la hormiga han convenido




unir su esfuerzo y la canción dorada

y han jurado vivir como al descuido,

soñando con que nunca acabe nada






Otra versión:









No existe un fin del mundo que se sepa

con tanta antelación. Eso es mentira.

En el sueño del maya que nos mira

se oculta un corazón. Viva la Pepa.


Mi musa es la beldad de pura cepa

que aguanta mis diabluras y suspira,

fumados los Ducados de una gira

no hay lobo menos triste si la treta


que aspira a enamorar la rebeldía

de su fuerza de aguante y su sentencia

es juez y parte, arte, lecho y ciencia.


Benditas cacerolas que aquel día

de diciembre, fechado un diecinueve,

lloraron mis abriles como hoy llueve.



lunes, 19 de noviembre de 2012

A todos aquellos





A todos aquellos

que no marcan distinciones

entre bálsamo y hedor;

a todos aquellos

que tengan obsesión

por la salida mística,

a pesar de la noche del año

en que se admita;

a todos aquellos

que detestan las anáforas

y la melodía satánica,

tanto como

sus caretas frente

a los espejos en liquidación

del olvido.

A los pájaros perfectos,

a las mujeres y hombres imperfectos,

a las parejas abnegadas,

a los que extinguen la llama de la libertad

y han crecido comiendo caramelos

Media hora,

con la boca avarienta de aceitunas,

a los camaristas del crimen

con verdades ayunas

de causalidad y justicia.

A los vecinos del averno

que cantan villancicos deslucidos;

a los autores de la razón de mi vida,

a los chiquillos aficionados

a escribir cartas de amor;

a los laicos feligreses del descontento popular;

a los que juegan

apostando a morir en sus camas;

a los panaderos

que no arreglan televisores

y a los fabulosos electricistas

de linterna a pilas

y taladro mecánico.

A todos aquellos

en condiciones de vivir

un día más,

con sol estereotipado en primavera,

con niebla o lluvias torrenciales;

a los violadores de la Ley seca,

a reglamento;

a los comisarios de a bordo

de aviones desaparecidos

en el Triángulo de las Bermudas;

a todos los etcéteras,

sobreentendidos e implicados,

que pueblan este mundo in fine:

les encargo mi alma,

para que la salven.

De momento,

no me toca sino recordarles

que las puertas cerradas del infierno

arden en llamaradas acuciantes

y se oyen, desde lejos,

abucheos a los torturadores.

Y que sepan,

de una buena vez,

que una existencia honesta

o desquiciada

se consume

al precio promocional de un paraguas

de alquiler,

subastado en Disneylandia.

sábado, 3 de noviembre de 2012

ay, del solo


Sin preámbulos ni movidas de prensa estreno poema para mis amigos de la red.

Críticas todos los días de 8 a 12 hs, excepto los domingos.

Ay del solo...

Ay del solo que se cae porque no tiene quien lo levante.
Eclesiastés.


Nos apremia la noche del encuentro
con una libertad desmesurada.
Entre hollejos de uva y vino dulce
las horas se despeñan
como tierra procaz por las laderas.

La fábula del burro queda lejos:
No se oyen resoplidos
ni por casualidad.
Nos albergan La ciudad y los perros
con cierta dramaturgia acostumbrada
al pálido sopor de los llorones
y La esfera y la cruz
por monigotes.

Los tibios pasatiempos del que espera,
porque sin literatura no hay caída
ni tropiezan las musas con sus héroes.

En la tarde que excusa lapidaria
el jadeo nocturno del despacho,
los tímidos aplausos de la cópula
y la embestida entre célula y fluidos
se aprestan los imanes a perderse
en la fina textura de perezas
concebidas con celo,
ajenas al olvido,
hasta verte cruzar la vieja puerta
que conoce de oxímoron y presos.