sábado, 19 de octubre de 2013

De tal palo, tal astilla




De tal palo, tal astilla.
                                                A Roger Gilbert-Lecomte
             



De tal palo, tal astilla.
A Roger Gilbert-Lecomte


Avanzando, sin rodeos,
contra gajes del oficio,
como si fuera el río un insulto enmascarado,
vivo vaciando carteras
en el umbral renegado y maloliente
del diccionario porteño.
Tanta lluvia y sin paraguas.
Un cerveza, poca espuma,
amicísima como todas,
espera a su mecenas en el bar de la noche.
Merodean espasmos de la “Garza” Sosa,
aparecidos y testigos falsos, a sueldo del sistema.
Compromiso frugal.
Hablaré de lo obvio:
Del esqueleto fosforescente de las Catedrales
de Luján y de La Plata, que contrastan su belleza
con la de Avellaneda,
castillo de vitral adolescente.
Mi ciudad: suburbio impune
que un bólido disparatado
quiso rebautizar Barracas al Sur
Escarceos de un pejerrey
sepultado en una tumba de la Santa Cruz.
Atizaré las fogatas de los túneles redondos.
Compartiré leña podrida del calafate
y aceitunas a precio módico.
Octubre torrencial. Febrero sarraceno.
Habitantes del desierto:
Podemos seguir santificando beatas
Cheers, dear.
Evasores de la trama de los diablos rojos:
La atmósfera es clara.
Fin de la cita.
Holocausto de apertura inaccesible.
Poesía a pesar del Holocausto
para abrir los labios pegados del silencio.
Canillitas de "Zapatito blanco" con que la vecindad tropieza,
una vez y otra vez,
enredan y revuelven
con cucharas de plástico y servilletas de papel
el café de la mañana.
Topos y pincharratas en los periódicos matutinos.
Meandros del continente austral.
Ya ves tú, espectador de columnas vertebrales en decadencia:
Constelaciones prohibidas anuncian tu desdicha.
Si mientes no busques gramilla en pajareras vacías.
Tampoco surgen sinónimos para emular
la milonga del obrero olvidado en una jaula.
No quedan plumas del ruiseñor muerto in extremis.
No fabrican pararrayos que funcionen a pura energía eólica
ni resucitan viejos cuentos que contarnos
en tiempos del gran apagón universal.
Siquiera haya retórica que valga la pena.
Ortopedias para cubrir las fachadas no engendran al hijo pródigo.
¿Qué será un escaramujo? ¿Irá al galope?
¿Cuántos serán los caballos rondeños
que Machado se cargaba a las espaldas?
El rugoso caparazón de las tortugas
es la clave de los sueños linfáticos
que prueba la existencia del planeta divino.
El último mandamiento se cumple en el aeropuerto terrenal,
que cierra sus puertas definitivamente,
como una hojuela herida de bala,
que cae del árbol de una biblia incompleta.
Hay perfección en la magia de torvas precipitaciones.
La honestidad brutal es abuso de confianza en la tahona.
Un sobre blanco que llega por correo se ha convertido
en una titubeante invitación para la estafa final.
Help: De tal palo, tal astilla.
Solo las madres perdonan.
Difícil que un chancho vuele.









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