martes, 23 de diciembre de 2014

Para salir al mundo

Para salir al mundo


Tuve que darme un poco de coraje
para salir al mundo y complacerlo.
A veces, la fatiga nos funda un horizonte
y dejamos caer en la mortaja
los sueños que hemos visto escabullirse
como avances nocturnos de películas
que solo han de pasar
en el canal antiguo del olvido.

Tuve que darme un poco de resuello
para salir al mundo y comprenderlo.
La anciana sombra del ayer moroso
se ha descarnado en velos y congojas
de inminencia futura e indispuesta
que admite estar ausente con aviso.
Aflicción del deseo
donde nada habrá sino nostalgia prescriptiva.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Se nos fue de las manos


Se nos fue de las manos

Se nos fue de las manos;
déjame que te explique
regando los geranios
con los ojos vendados;
déjame que te enseñe
por si sirve de algo.
Se nos fue de las manos
tratando de intentarlo
con los ojos cerrados
del jardín del verano
que es igual que en visiones
opacas por los años.
Se nos fue de las manos
como turbia calima
de vapores del agua;
cada línea fue escrita
cada turbia calima
me abstendré de citarlas.
Déjame que te explique
con los ojos hinchados
de ausentes maquinarias,
ceremonias sombrías,
cargadas de tormentas,
contra el sexo inflamado,
miradas atenuadas,
corazón hecho trizas,
opaco por vapores
del huerto de geranios.
Se nos fue de las manos
sin poder remediarlo.
Menudos promontorios
y nidos reaccionarios
huyendo de las nubes
cargadas de tormentas
en el triste escenario.
Me abstendré de citarlos
cada línea fue escrita:
pordioseros de estado
peregrinando leves,
subiendo hacia las nubes
quisimos intentarlo,
masticando raíces
de contexto obligado.
Se nos fue de las manos
y todo lo perdimos:
el sexo, las raíces,
el lodo, las tormentas,
las nubes, los geranios.
Se nos fue de las manos.

Se nos fue de las manos.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Retrato del pasado

Inspirado en los poemas de José Ignacio Restrepo y de Marcos Matacana Martín Retrato del pasado Entre nudos de manos y rodillas se duermen como dos enamorados, un hombre, una mujer, la maravilla del viento que los lleva a todas partes, como el polen que habita en la semilla. Despiertan con el beso intercambiable que se ha vuelto su sed y su alimento dorado por un fuego empedernido. Envueltos bajo el cielo de las sábanas, ¿dónde pueden hallarse sino en cuartos laterales, el pelo despeinado, las pieles sudorosas, y los tiernos bostezos matinales? Mañana es otro día, ¿qué remedio? La cálida cubierta que los une, las mullidas almohadas sobre el sexo, las cortinas del blanco paraíso, irán a nueva instancia investigadas. Lunares entregados a las fotos de tinta y de papel con letra imprenta, serán versos, serán cuentos, quizá novela desenmascarada. Y sientes que malgastas vida efímera cada vez que detestas tu pasado.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Second fiddle

Second fiddle

Tus corazones me llegaron al beso
hurtado de la humana visión y providencia.
O tal vez, fuera a la inversa.
El beso esperando notas musicales
del casto corazón
acuciado por el puño ceniciento,
inmóvil contra las cuerdas.
Son tantos los corazones,
son tan pocos los besos.
Los años de vos sin mí,
los sueños de mí sin vos,
evidencias al canto del portento,
apremiadas
como
un segundo violín,
que está a la sombra
del árbol del que nacen arrebatos
luminares,
memorables por su fiel pentagrama.
Pierdo el tiempo,
el espacio,
la figura.
Y el beso agazapado,
quebrado en convocatoria de acreedores,
inmune a los prejuicios,
desdoblado y partido en cien mitades,
echa sidra en las fiestas navideñas,
good bye, my love, good bye,
desde que se despidió en un aeropuerto
de corazones juramentados
sobre una partitura de nostalgia inocente
en archivos de cartón y pedregullo.

Más pequeña y más grande que un átomo

Más pequeña y más grande que un átomo




Más pequeña y más grande que un átomo
es la tristeza intangible.
No cabe tanta desolada pena
en un frágil corazón herido
de mortal soledad indefinida.
Atravesar la puerta de la casa
y verse solo,
rodeado de espectros fantasmales,
contraría la gracia de la noche
que promete tropiezos seductores
con caravelas que el mar ha naufragado
en islas de reputación dudosa
entre mareas de alcohol y pestilencia.
Mirar a cada rato
la pantalla del teléfono móvil,
que hemos convenido en llamar celular,
porque cada mensaje a recibir
formará parte de la epidermis afectiva,
sutil canción de cuna que arrulle nuestros sueños,
y decepcionarnos,
como si no supiéramos de entrada
del abuso de spam publicitario
que va a  burlarse de nosotros.
Encender el televisor como un ritual inútil
y apagarlo,
buscando cualquier cosa
que espere en el refrigerador el momento adecuado
de ser servida en la mesa.
Ir cocinando
la comida menos aconsejable del día
en tanto que extendemos la cama que dejamos desecha
antes de salir apurados al trabajo.
Cenar, por fin, a solas con la ausencia,
que crece cual una sombra bien alimentada.
Y después de leer algunas páginas
del libro más tedioso de la historia
de la literatura contemporánea,
otra vez a irse a dormir con la seguridad
de que este no ha sido el peor día de nuestra vida,
que nos queda mañana por delante,
si logramos sobrevivir la aturdida pérdida
del abandonado
a la deriva de Dios y su ironía.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Estás loca, Pastorina

Flor de seibo de Argentina:     * + (1 y 3)
llorando por un suicida           **  (2 y 4)
que no te ve ni te cuida,         **
y te arroja en un convento     * +
en la mesa de descuentos.     * +

(Estás loca Pastorina         * +
te sueñan mis pesadillas    **
de canciones con ladillas.   * +
Torera de punta fina)         **

Como Eloísa, la novia      1 y 4
de Abelardo, que en la gloria   * +
dejó su voz oprimida.              **

Sigue llagando la herida       1 y 4
que dejaras en mi pecho,        * +
mulata  a quien por despecho   **
eché de mis aposentos.           **
Se terminaron los cuentos,      1 y 4
las noches con sed y en cueros.  **
Te mando este desafuero,      * +

porque no soy avariento       1 y 4
ni miento cuando no miento   **
los celos por mi letrista,        **
la mejor musa activista         * +
de burbujas contra el viento.  * +

(Estás loca Pastorina    * +
te sueñan mis pesadillas  **
de canciones con ladillas.  *+
Torera de punta fina)       **























Te lo diré de una vez y para siempre:


Estás loca, Pastorina

Luisita de cantautores
comedor de comedores,
torera de punta fina.
No te creas que Sabina
te dará muy buena vida,
"Antes de"... la escarlatina.

Sigue llagando la herida
que me dejara en el pecho
la rima a quien por despecho
eché de mis aposentos.
Se terminaron los cuentos,
las noches con sed y en cuero.

Te mando este desafuero,
porque si soy avariento
será porque así reviento
de celos por mi letrista
la mejor musa arribista
que hace sonetos del Ciento

Volando, por un suicida
que no la ve ni la cuida,
y la arroja en un convento,
como a Eloísa, la novia
de Abelardo que en la gloria
dejó su voz en la misa.

Papagayos y puteros,
curitas que mal no quiero,
mis ratones epidérmicos
descansan en vasos térmicos
al ver su garbo torero.

Clamores de los teatros.
Maquillan su dos por cuatro
los comparsas esperpénticos.
Que aunque parecen auténticos
su cara delata trampa.
Vamos yendo pal Tenampa,

que las bodas están cerca
de mi jermu de argentina,
alias "novia de Sabina",
quien te ha visto de tan terca
por el amor de una mina.
Estás loca, Macorina.


J.


Piloto automático:

La Leti pone medallas
para tapar su vergüenza.
Es que no tiene defensa
su conducta de oligarca.
Mira que viene la Parca
a comérsenos los huesos.

Pongo piloto automático
y me río de tus dudas.
Es cierto, soy un pragmático,
ningún poeta emblemático
podría llamarme Judas,
sino apenas, un lunático.

Porque Luna es mi afonía,
la mejor pichona mía,
Paloma de Rafael,
Paloma de Calamaro,
La Paloma de la Paz
de Picasso, el montaraz.

Yo soy solo su "ay, gorrión",
andaluz hasta los huesos,
que no regala los besos
porque canta su canción.
Viva la revolución.
Sopórtame los excesos.

Soy un genio y no hay tutía
mi ángel caído es Lucía,
Maravilla de Martínez
cuando pagan los botines
Venga un abrazo, campeón.

O mejor, llámame eminencia.
Total... que eres mi inconsciencia.



No lo reviso, perdón.
---


¿No te cansas, pellejona?
Esto parece Pamplona
tú el toro y yo al caer.

Me tienes a mal traer.
Yo suspiro por volver
a ver a mi musa un día
y tú tienes la osadía
de decirme que no existe?
Amiga, alpiste y perdiste.
Porque mi Lupe es de ley.
Para ella soy el Rey
y ella es Chavela, la Vargas,
Vargas Llosa y mi guitarra
que ni los dioses embargan,
que saben no me desdigo.
Por mi muerte la bendigo,
por mi vida la deploro.
Estoy tan forrado en oro,
que soy carne de su carne.
No encuentro rima con carne
y sin embargo... la digo.
---


Hostalita y más

Hostal de Loli, la peña,
que lee este chat con ganas,
no duda que con marranas
se baila mal. Tú te empeñas
aunque nacen bataclanas,
cuando el alma se despeña
de la noche a la mañana.

Guarda silencio, hostelera,
que nadie se sube al tren,
que arrimado con cualquiera
se baja de la escalera
exceptuando a Juan Montera
porque se corre al andén.

¿Cuántos versos me pediste?
Mil y una noches te invento.
Lo nuestro parece chiste
y aquí estoy sin documentos
pasando de la que insiste
con coplas y con jumentos.


Venga el tiempo de descuento
pide el árbitro al jurado.
El cantante ceniciento
está malacostumbrado
anhelando que el cimiento
se derrumbe pal costado.


Menesteres cenicientos
coincidencias oportunas.
Aprende a contar tus cuentos
porque no pegas ninguna.

Mi musa, sabe escribir
en verso y prosa la hambruna
que le provocan mis besos
lejanos de su fortuna.

Cuida a tus críos, madraza,
que te van a castigar
los cañones de Pedraza
cuando vuelvas al hogar.

No quiero tus ojos verdes,
de aceitunas estoy hecho,
para que vos me recuerdes,
no te cambio un berberecho.

Me cagué, a lo hecho: pecho.
Dijo el juglar una vez.
Sin rencores ni despecho,
Lucía brilla otra vez.

No necesita conciencias
que le marquen su destino.
A ella le sobra estridencia
para ser Lucy Folino.

Chúpate - ese - pepino.
---


Para Carmela


Aquí mi niña bonita,
con su mirada de alpaca,
mirando el mar, mi chiquita,
para mí que está muy flaca.


Su novio es amigo mío,
de corridas y putones.
Fernando Tejero dice
que se le caen los calzones.


Y yo, padre que babea,
buen pirata del asfalto
me preocupo por la gira
pues de minas ando falto.


Mi sol es la Luz Folino,
pero la oculto en top manta.
La prensa corre a Jimena
una peruana elefanta.

Mis amigos nos conocen,
cruzamos la cordillera
no nos gustan los camiones
nuestro avión viaja en primera.



Joaco.
---

sábado, 22 de noviembre de 2014

desertores del sistema

Desertores del sistema

Estudiaré los libros sapienciales
como un desertora del sistema.

Los versos sibilinos
adivinen,
el presagio de muerte y de desastre
del lenguaje de Apolo y de las musas,
con la tenue hermosura
castigada
por la inflexión celosa
que desentrañe tu brutal dominio
sobre el mío,
que gradualmente acusa
el miedo a no morir entre tus brazos.
Con el pretexto de calmar la angustia
hoy fruncieron el ceño las vírgenes caídas.
Reclamaron un límite modesto
ante tanta locura almidonada.

La pasión desarraiga divisorias de aguas.
La letra desafuera;
el verbo es soda cáustica.

Conmociona la parvedad del beso,
que no alcanza a durar
los tres minutos,
la demora del sol en el poniente
con su tibia rutina igualitaria,
y sirve su elocuencia a la apoteosis
contra nuestra implacable
influencia sucesoria
de ejércitos perdidos en vínculos fatales.

Un fugaz beso es suficiente
para cifrar
todas las religiones del cosmos indecible.





miércoles, 19 de noviembre de 2014

Reconstrucción






El poema apuesta a que Dios, 
lejos de estar en la Palabra, es Palabra.
Sea Palabra y Resurrección.
                                 En nuestras vidas terrenales la noción divina resulta una espiga de humo.

                                    La gente pelea para imponer a su  propio "dios" como el verdadero. 
Del otro lado, sin embargo, habrá  el mismo para todos.
 En el absoluto DIOS.
Ni nubes ni torrentes.
                                      ni politeísmos que insuflan religiosidad a la Luna o al Sol, 
                      ni monoteísmos  ni Zeus, ni Yavhe, ni Cristo, ni Buda, 
ni alcurnia, ni personificados con alas.
Son estas las imágenes que necesitamos como seres humanos 
para consagrar algo que escapa a toda lógica 
y por las que inventamos adjetivos que apresen la idea, sin éxito alguno. 

                                                   Dios existe en el no comprender su existencia.
                                                                      Su más allá cercano.
 Definirlo es imposible.
Afirmar su negación como verdad absoluta, intolerable.

                                                                           ¡Qué vergüenza! 
Los poemas no deben explicarse. 
                                            Tu lectura siempre será la justa, porque es tuya. 
                                                      Subvertir para la reconstrucción. 
Al menos, lo intentamos.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Perplejidades esclarecidas para un aprendiz de poeta:



Perplejidades esclarecidas para un aprendiz de poeta



Mas no habrá reverencias //
ante su morena cara erizada
de puercoespín huraño /
vibra una longitud de onda
en la corriente alterna de mandíbula rota //
luego la deja caer
contra su orgullo impetuoso/
se arrebuja en su capa emputecida //
surgirán con soldados en la frente
los muebles de una higuera de mármol
para la comprensión plena del viaje hacia el infierno /
listo para salir del capuchón de su lapicero
de joven emponchado /
que alberga ocasiones indiscretas //
“Por favor, dejadlo solo,
déjenlo solo, che.”

No lo llames microrrelatos //
no mientas que es  ficción breve //
las cosas tienen cuerpo y oraciones //
nada nuevo que contarnos este mundo:
sujeto y predicado/ tal vez unimembre,
casi siempre bipolar/
párrafos /
que la cobija revuelta arranca en los mechones
/guedejas de plata del poeta informe/
desde la opresión puño de hierro
intactamente /
resistiendo el golpe /
a escasos metros del íntimo domingo/
que asombrado observa/
la misa sentenciada
desde el  pálido balcón/ de su incredulidad incipiente.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Elogio de la integración

Elogio de la integración.


El mundo es uno solo.
Lo dividen fronteras perversas, desquiciadas.
Quiero integrar al mundo con vetustos poemas,
como un génesis nuevo,
como un cantar sin alas.
El mundo es uno solo.
Lo separan altas montañas,
más bajas que los vuelos de aviones comerciales,
ríos que se navegan y océanos domados.
Las lenguas traducibles ya no guardan secretos.
El color de la piel es apenas un dato
subsidiario de fines petulantes.
Y dos orillas caben.
Solo el hombre no entiende
(no hará falta que aclare,
decir hombre me incluye, y a todas las mujeres,
en el sentido lato)
que no hay más casa que esta,
glaciar de jaula al sol y cielo abierto.
A ver si así espabilan y azuzan la templanza:
no han de quedar resguardos si declaran la guerra
a los propios vecinos del camino enfrentado.
---

Mis tímpanos

Mis tímpanos




Mis tímpanos cubiertos de petróleo
necesitan ocultarse del sol;
desteñir este cielo rasgado de hormigas.

Está lloviendo la hierba sus lágrimas de agua oscura.
Podrida.

Mis anteojos de ácida hojalata
llevan excremento en los fragmentos asesinos.

Extorsiona la respiración de las tortugas
a los árboles incendiados con pies de barro.

sábado, 15 de noviembre de 2014

La espera valió la pena

La espera valió la pena

La espera valió la pena.
He intentado abandonarte.
No he podido.
He suplicado que me dejes.
No lo hiciste.
¿Valió la pena la espera?
Espera significa incertidumbre.
¿Fue un acto irreverente de mi parte
echarle un anzuelo al pez imposible?
No hubo planes estratégicos ni tantas corolas como espinas.
Me dejé llevar por el primer impulso y acerté.
El instinto es más sabio que la razón.
He recogido mucho más de lo que hubiera sospechado
bajo el puente que tendía tu prisión a mi jardín.
Estuvo bien, a veces, vivir el paso a paso.
Nunca fue fácil convencerme de abandonar utópicos amores.
Ya conoces a esta mujer que habita en una nube.
¿Podemos vernos mañana?
Todo el amor cabe en una carta
que vuela por los cielos, en Aerolíneas Argentinas.





Mis tímpanos

Mis tímpanos cubiertos de petróleo
necesitan ocultarse del sol;
desteñir este cielo rasgado de hormigas.

Está lloviendo la hierba sus lágrimas de agua oscura.
Podrida.

Mis anteojos de ácida hojalata
llevan excremento en los fragmentos agrietados.

Extorsiona la respiración de las tortugas
a los árboles incendiados con pies de barro.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Críticos y poetas

En esta era en la que abundan los cadáveres,
un deprimente calambre nos pinza
el brazo con que hemos de advertir
patéticas verdades
y somos un muerto más en el proscenio
dispuesto a convertirnos en pasado soplo.
Un crítico se queja del sobrante de poetas,
los llama fracasados,
y apela a un vergonzante seudónimo,
para herirlos.

El hombre, que no ha de ser trigo limpio,
pues escribe en “Etiqueta negra”,
esa revista que pagan los narcos del Perú,
edita en puro plagio,
con un núcleo agravante selectivo,
porque se queda a medias del problema
y banaliza el objeto de su envidia.

Demás está decir que reproduce
algunas duras frases que he tenido
contra tribus de jóvenes y viejos
que ostentan el oficio de poeta
como un noble atributo de linaje
y a la hora de actuar como prohombres
deudores de Melpómene y Erato,
-que los dioses se apiaden del engendro
que espera ser reconocido en su arquetipo-
no hacen sino tocarse los cachetes,
una a uno, otra a otra, uno a otro, otro a todos,
tratando de despertar de la gris nebulosa,
que solo muestra níquel,
donde ellos antes  vieron oro y plata.
Esos confunden al mejor pintado.

“Siempre habrá alguna editorial
emergente
interesada en rescatarlos del olvido.”
dice el maltratador,
amigo de las mafias.
El pulpo comercial usa y abusa
de sus galerías monótonas
que mezclan el estiércol con los mitos,
la virtud y el deseo,
Afrodita sin amor,
Marte sin guerra.

Hace unos minutos sonó el teléfono fijo
en mi casa.
¿Aquiles mató a Héctor,
por vengar a Patroclo, su divino amante?
No.
Era otra publicidad de empresas "emergentes"
que salvarán al mundo.
La épica de estos tiempos modernos
nos enseña
que una rueda de carro es menos rueda
que el sórdido esclavista,
bruto hereje que corta las rosas del rosal
de la cultura y las momifica como un ocultista del medioevo.

Ni que hablar que merecen aprecio y reconocimiento
siete mil millones de homínidos que circulan por la Tierra,
pero… el poeta, ay… decadente o inspirado,
buen o mal narrador de retardado trueno,
ilustre desconocido de la calle,
sopesa cada verso y embelesa
de imágenes luctuosas e inocentes,
eróticas, mordaces y esmeradas,
la tísica mañana del oficinista,
la negra caverna del minero,
el cenagoso roquedal de los obreros,
y esquiva la pelota ante el abismo involuntario
subordinado a un edicto previsible:
el de ser acusado de soberbia
por su hueca vanidad de salvavidas.

Como espuma en el mar presiente su destino:
no abdicar ante el moho
que cuelga de tejidos inalámbricos
y enmaraña el pavor y los sentidos
empecinado en que sus frutos se cosechen,
se consuman y siembren las semillas,
no descartando aún, que se pudran las cáscaras
tan rápidamente como desaparecen las olas, a lo lejos.

A estos impetuosos tontarrones aplaudimos:
¿Qué tal va, inventor del tropo
y la metáfora?

domingo, 9 de noviembre de 2014

¿Quién reclina hoy en día la cabeza?

¿Quién reclina hoy en día la cabeza?
¿Quién bautiza neutrones y atalayas?
¿Quién debe gobernar para los pueblos?
¿Quién permite el vestigio desasido,
amedrentado el adjetivo triple,
la esfera lóbrega, el sicomoro rutilante?

¿Quién escribe poemas al vacío
de una agreste corriente indubitada?
¿Quién retuerce sus venas bajo el gris microscopio?
¿Quién recuerda proverbios acuciantes
en el mundo asequible que nos traga?
¿Quién graba palimpsestos con las uñas?

¿Quién es un cursi irremisible?
¿Quién escarcha la breve singladura?
¿Quién puede perdonar alguna ofensa?
¿Quién vibra en longitud de onda ulcerada?
¿Quién diseña anaqueles carmesíes?
¿Quién cuida la lombriz del desamparo?

¿Quién construyó el Tigris, el Leteo,
la seda de liturgias, el lirio y la amapola,
los voraces caballos de Diomedes?
¿Quién sufre cuando ama? ¿Quién suspira?
¿Quién miente, sapientísimo, en tertulias?
¿Quién taladra el instante, a cada paso?

El poeta, nomás,
altruista profeta de galpones plebeyos
y sermón vulnerable,
que confunde tardanza y porvenir.

El poeta que persigue un imposible,
en cada desembocadura,
en cada basural de la Lutecia
como un acróbata airado ante las leyes
del tiempo y el espacio,
cul de sac, de viejas carreteras sin salida.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Yo te cielo

YO TE CIELO

¿Se pueden inventar verbos? Quiero decirte uno: Yo te cielo. (Frida Khalo)


Si mi voz fiera símbolo del Verbo,  yo te cielo, amor,
en parte diario,
porque vos cuentagotas de la noche con piso a ras del suelo,
acequiante las aguas,  me enlagás la soberbia del destino.
Yo te harapo raído,
comentarios fugaces de vampiro exigente,
Te arcoiriso la cárcel de los acribillados.
A veces, elogio de la culpa sublunar
proceso intelectual de resistencia,
agotadora instancia que pone a uno en guardia
me enciudado con cautela,
y sustantivo a tientas.
Vos te suelta de palomas, 
tan fiebre de los niños, a menudo
jaleantes de grosellas,
me adiosás en cuartos separados,
te derecho de admisión del protocolo.
No hay dinero en el mundo,
que pague esta deuda insoportable.
Me horizonto apasionada.
Te recurso de amparo, te visión del exilio.
Te cola de ratón que no le gusta a nadie.
Vos familia muy tensa que pide la renuncia,
paracaideás, vivaracho, indiferente.
También me sucede, que cuando esculturás el viento,
liminar de las formas de la anatomía de fondo
nos diciembran gaviotas,
chubasquean milagros con los ojos cerrados.
Sacapuntas del lápiz que reamo
tu distancia empeñada en haber nacido antes,
me avalleja y montaña
porque instructivás  diccionarios, a pares y nones.
Nos tratamienta la vida,
nos madrea en Buenos Aires.
nos ahija puntual en un barrio latino,
nos apalabra en un acto sexual exorbitante.
Somos la invención, el capricho, la aventura.
Somos lo que hemos leído, reflexionado, soñado e imaginado.
Desvergüenza y paisaje.
Itinerario.







jueves, 6 de noviembre de 2014

Ya me odiaron...

Ya me odiaron, demasiado, por quererte,
y no tengo espalda para seguir soportando
agresiones e injusticias.
Estoy débil.
Perdí mi sonrisa habitual
en un páramo desencantado.
No sé morderme los labios
y hacer un modesto duelo a solas,
a cajón cerrado. In péctore.
Siento que no me queda mucho.
Por eso, preparo una retirada digna
y pido perdón a los infortunados
en quienes confié que eran el amor verdadero,
cada vez que me equivocaba de persona.
No hay derecho a ser diabólica,
sentimental, horrorosa.
Contra todo pronóstico,
fue mi forma de amar, desprejuiciada, 
Me arrepiento y desaparezco como vine,
sin aviso ni prolegómeno.
Ayer pensé en vos.
Pienso en vos todos los días
cuando cierro los ojos,
e intuyo al trasluz de la ventana
el azul del cielo, la luna usurpadora,
la lluvia asustadiza  e interminable,
la nieve que vive en tu frío corazón
en países lejanos.
He leído algo tan vulgar
como  que el amor es
la más importante de las emociones humanas.
Algunos quedan pipones definiéndolo,
como quien se apodera del carozo de una fruta
y sueña con el árbol, que es apenas semilla.
¿Qué es el amor? ¿Alguien lo sabe?
Que me lo diga y me convenza.
Entre paréntesis,
estoy llorando sobre tu hombro,
aunque no lo notes, siquiera.
No me dejes sola. Llévame a tu cama
esta cruda noche estival.
Dame una palabra que pueda dormir conmigo,
en un pliego  guardada.
Te pertenecen mi cuerpo y mi alma,
mi presente sin futuro,
mi pasado pisado por la irreverencia,
la falta de respeto de la lujuria convertida en injuria.
El show debe continuar para los demás.
Cuando el nuestro se acabe,
y queden espectros luminosos
convertidos en sombras alargadas
por luces descompuestas bajo un prisma,
tomaremos la tierra
como nómades gitanos,
marcaremos la huella del desierto
e iremos juntos a contar mentiras
a jóvenes ansiosos de gozar de este mundo.
Que más allá está la felicidad
sostenida en los alientos de estos vanos versos.





miércoles, 5 de noviembre de 2014

Secuelas de una decepción amorosa

Secuelas de una decepción amorosa.

Aliso mi encrespado pelo
para ir a una cita a ciegas.
Mi representante me augura el éxito,
guardo silencio y miento una mueca de aceptación.
Me pongo medias de lycra de fina trama,
un collar de perlas semi-legítimas,
un vestido ajustado,
un talle menos del que me correspondería
por peso y edad.
Mi atuendo
negro como un carbón ya calcinado,
igual que me siento cada vez que experimento
desquitar el pasaje, que se esfumó entre volutas de humo
y reproches sin sentido.
Negro como la cólera que se disimula
y se aloja en el páncreas,
siete días a la semana, por la  madrugada.
Negro noche, noche rebelde lejos de vos,
con el recuerdo candente de tu cuerpo
en otro sitio.
Transparente, ceñido, corto, negro.
No puede usarse otro color
en estos asuntos.
Apuro el maquillaje imperceptible
que cubre mis pecas
y endulza mis arrugas
mientras tomo una copa de ron
para detonar el coraje.
Derrocho perfume francés,
comprado en cuotas, con tarjeta,
y conmino mi exceso de imprudencia
con una suave reprimenda.
Iremos al restaurante más caro de la city porteña.
No cabe la menor duda, al respecto.
Cambiaremos pocas palabras
y casi ningún beso.
¿Qué otra opción podría tener?
“Me gustaría estar en Dubai,
dicen que es fabuloso”,
comentaré como al descuido.
“Pórtate bien y te llevaré algún día”,
responderás con afección.
 “Mis viajes de negocios pasan por ahí,
a menudo”.
“Además, si dominas el inglés
me resultarás útil para atraer
a mis potenciales clientes”.
¿Habría una segunda oportunidad
para nosotros,
de historias trilladas hasta el hartazgo,
después de sentir el frío que hiela el esqueleto
cuando los negocios van bien,
y el caballero español que nos corteja
ganó su lícita fortuna
asociándose a  un casino clandestino,
rifando su decencia política
y traficando influencias con malandras?





martes, 4 de noviembre de 2014

Carta rimada

Aunque no tuve respuesta
de la carta que te he escrito,
redacto este manuscrito
a la hora de la siesta,
y si no respondes esta,
como te imaginarás
volvería para atrás,
para darle su castigo
al poeta que persigo
con actitud tan molesta.


Mas, si tú me lo permites
te cantaré cuatro frescas,
atropelladas, simiescas,
con afán de que me imites
y que algún día me invites
a tomar sidra contigo
y comer pastel de higo,
- es horrible pero rima-,
para que engorde tu prima,
porque eres juez y testigo.


Dejemos bien claro algo,
-perdona la sinalefa
pero aquí seré la jefa-
como novia del hidalgo
Mio Cid, pues yo lo valgo,
te intimo a decir verdad.
Recuerda que mi ciudad
Avellaneda y porteña,
sabe más de lo que sueña.
y es bostera, en realidad.


Basta ya de vanidad,
que mi broma te acaricie,
siempre y cuando no te envicie
la poca solemnidad,
que parece una crueldad
de ataque a la poesía
que te inventa cada día
y en mi muro encontrarás,
aunque digas que jamás
has visto una foto mía.


¿Qué te cuento que te asombre?
Si todo cuento fue dicho,
si no queda ni un mal bicho
que se precie de ser hombre
que no asimile mi nombre
cuando le hablan de Sabina.
Aquí, la musa argentina.
En Perú, Jime de oro,
tu salsa de pomodoro,
tu gazpacho, tu rutina.


En fin, que ser novia tuya,
no es fácil para una donna
que ni es tu fan, ni es Varona,
y se precie de muy suya
cuando cada verso incluya
velada su identidad.
Ten un poco de piedad.
No me ocultes con manía.
Nadie ignora que “Lucía”
es tu gran felicidad.


Me has prometido y cumpliste
subirte al palco del Nano,
ese viejo zorro enano,
a quien siempre le pediste
guardar silencio. Despiste
que pagaron con honores
los corruptos y señores
por la mano que les diste,
en top manta que persiste
en cortar mis pobres flores.


El poder atrabiliario
ha gozado tu osadía:
Si “Fito hace de Lucía”,
“Pimpinela” al escenario.
No me deja el calendario
hacer lista de personas
que cuando la bolsa sona,
sirvieron para humillar
con la excusa de corear
el mote de Maradona.

Fui tu Messi, tu juglar,
el torero de Las Ventas
y el toro, (sí, me di cuenta),
que había que destripar.
Fui la vaca que ordeñar,
“resumiendo”, fui tu boca,
el trayecto que me invoca,
cada vez que habla Joaquín
en la Iglesia o el mitín
o mitin que te convoca.


A fuer de sintetizar,
para no aburrirte mucho,
porque sé que eres muy ducho
en el arte de rimar,
quisiera profetizar
si tanto apaño has tenido
que hasta te flechó Cupido,
y has sufrido una erección.
¿Aprendiste la lección?
No se juega al escondido.


Te vi en Tigre, mal “comido”
y con ganas de “foliar”,
el “Acuario” y de gozar
lo leído y lo vivido.
Todos saben quién ha sido
el dueño de la pantalla,
vencedor de la batalla,
el factor de la incumbencia,
que sin pudor e inocencia
se ríe, emociona y calla.


No se fíen pervertidos
ni suban a los estrados
de vicios muy instalados
al inconsciente rendidos,
los cómplices aludidos.
Hay fuego por todos lados,
y los Sabinas y Prados
si es que son dos y no uno,
calientan como ninguno
corazones agitados.


Podría seguir diciendo
mil cosas para tocarte.
Pero si es que falta el arte,
que regalo mas no vendo,
es mejor que vaya yendo
con la música a otra parte.
Mi amor nunca te comparte
ni te espera en Relatores.
Ah… en el libro De colores
te dejé un presente aparte.


Pregúntale al Abelardo
Martínez, que es ubetense
poeta, primo circense,
que se ha cargado ese fardo.
Los motivos me los guardo.
Es funcionario en Valencia
y te ha honrado en mi insolencia,
como hice cuando Mujica,
el buen Pepe, clavó en pica
desde un diario, su advertencia.


Voy cerrando, voy cerrando.
Tú dirás si has consentido
con algún verso aludido
en canciones. Paso el mando
a distancia y para cuando
tú aceptes abrir la puerta
de tu alma que deserta
del ruido de los salones,
déjate de maricones
que en eso soy una experta.


Te mando besos con lengua,
motivos para un atraco,
aunque me han llamado el Paco
por lo flamenco, no amengua
mi cariño y nunca mengua
el placer por el idioma,
y con su pan se lo coma,
quien mienta, ensucie o prescriba,
que aquí no habrá quien te escriba,
Coronel, si el sol no asoma.


Estos ripios los leerás
cuando vuelvas de Las Vegas,
aunque no sé si tú llegas
a enterarte del compás
que suena de ti detrás:
las décimas de la Parra
no le han puesto tanta garra
al novio de su no novia,
la verdad resalta obvia,
y la etiqueta desgarra.


Martínez del corazón,
querido amante que espanto.
Has sido y serás un santo:
Disculpa mi sinrazón.
Dejo para otra ocasión
anécdotas e inventario
al calor de otro rosario,
que está cerca y está lejos,
exhibiendo catalejos
de tu fuego extraordinario.

Poemario

Poemario 

Cada vez que me atrevo a un poemario 
con la vana ilusión de conmoverte, 
vuelve el cielo a pintar lluvia de otoño 
y dan la bienvenida los cardenales mudos, 
cuyos nombres han vuelto de las sombras 
para calmar la sed de los ahogados, 
pidiéndome silencio con asidua terquedad 
de sobrevivientes que purgan el horizonte, 
al filo de otro césped, y no escribo.

Cada vez que me pierdo en los instintos
y bajo guardia y entro en pánico,
por no saber qué pueda yo agregar a la poesía,
con versos que padecen su sangría,
de estar antes redichos, sospechados,
mirándome a un espejo disponible,
aparece Sansón y me demanda,
como a una Dalilah acostumbrada
a cortarle el cabello a los guerreros.

Ha sido este mi modo de adorarte,
pequeña y grave luz que me enceguece
con brillos de noctámbulos insomnios.
No hay abusos mayores que tus cruces
que instigan al herido de combate,
y gravan con su vaporoso roce
a juntar una letra con la otra,
rezando en el rosario de oraciones
con sus lenguas filosas y sus cisnes de seda.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Conjeturas en una tarde de copiosa lluvia

Conjeturas en una tarde de copiosa lluvia


Suponiendo
que Van Gogh hubiera muerto
sin tener un hermano leguleyo
y una ambiciosa cuñada con contactos;
que los girasoles nos recordaran el campo
y no una tela bien pintada en otro siglo;
que Arlés y  Montmajour
estuvieran a la vuelta de mi calle
y fuera verano y puesta de sol
en  nuestro corazón de vacaciones.

Sospechando
que el recostado señor
entre valles de paja y azulinos,
a la hora de la siesta,
es mi vecino, el vago de la esquina
que no suele ducharse por las noches,
ni darse algún buen baño de sales
cada tanto,
y la mujer, su humilde servidora,
con un pañuelo blanco,
resignada a los vómitos y ausencias
vela por él,
apoyando en su pecho la cabeza.

Presintiendo
que la nostalgia no viste su apellido
y ha esquilado los nombres por completo
mientras vuelve a girar la rueca de un molino
y una vaca a lo lejos,
salpica sangre en crueles mataderos.

Conjeturemos
que la tierra y el cielo del dorado
pincel con que decoran los museos
es una brocha gorda y desgastada
que pinta las paredes de un hospicio
de un cuarto con goteras
en el Sur de Francia en el que me abismo.

Es cierto que
que no fumo, no tomo,
no consumo
sustancias permitidas ni prohibidas,
y subo a taxis y autobuses,
con la tibia rutina de escribiente
y estas tercas imágenes persiguen
mi día de planicies ordinarias.

Ser sobrio es un problema verdadero,
tonto emblema,
que aparenta negar la poesía,
el sexo sin motivo, las venganzas,
la pasión del amor desenfrenado,
las milicias de guerra,
los flamantes exilios interiores
que estila todo vate que se digne.

Cavilemos
por temor al silencio de la muerte,
que solo se mastica con palabras,
que tumbados ante el espejo
conocemos a Vincent y su obra.
El pobre anda quejoso de un oído,
le supuran las rabias,
los idilios truncados,
el violín que le zumba en la sordera
lleva años de húmedas estancias,
y nos sentamos ante sus pinturas,
atónitos y boquiabiertos,
como si fuera el séptimo día de la Creación
y no existieran críticos que bendijeron la tela
para subir el precio en el mercado de arte
que carece de mitos y los funda.

Admitamos
que podemos decirle “Me gusta”
desde adentro, como conocidos antiguos,
a través de una nube inalámbrica
y Van Gogh  nos sonriera con su vieja juventud que
no alcanza los cuarenta.
¿Sería nuestro cuerpo el instrumento
que haría tolerable la inquietud del deceso del artista?

No lo sé, pero pienso mucho en esto
porque desde que comencé a escribir este poema
no cesa de llover entre Sarandí y Crucecita,
por cada relámpago truena
y es un golpe mortal para las chapas
de casillas de barrios de emergencia,
asentamientos indisimulados
que son las cuerdas rotas de esta época
de frívolos orgullos
y promiscuas miserias detonadas.

El agua que ha caído, espesa y dolorosa,
me recuerda otros cuadros, otros tiempos,
en los que veíamos llover por los cristales,
abrazados en tibias contorsiones,
riéndonos del plan de los maestros,
fundiendo la saliva enamorada
y nada era importante
excepto el rozamiento de las pieles.

Olvidemos
que hoy nuestras señales
patinan en el piso endemoniado
y una lumbre de niebla lastimera
dilata  la distancia.
Suponer, olvidar, vivir, conjeturar,
cavilar, presentir,
resbalarse, perder, amar, morir:
los juegos que propone el alfabeto.




Otra versión



Supongamos


Supongamos
que Van Gogh hubiera muerto
sin tener un hermano leguleyo
y una ambiciosa cuñada con contactos.
Que los girasoles nos recordaran el campo
y no una tela bien pintada en otro siglo;
que Arlés y Montmajour
estuvieran a la vuelta de mi calle
y fuera verano y puesta de sol
en nuestro corazón de vacaciones.

Supongamos
que el recostado señor
entre valles de paja y azulinos,
a la hora de la siesta,
es mi vecino, el vago de la esquina
que no suele ducharse por las noches,
ni darse algún buen baño de sales
cada tanto,
y la mujer, su humilde servidora,
con un pañuelo blanco,
resignada a los vómitos y ausencias
vela por él,
apoyando en su pecho la cabeza.

Supongamos
que la nostalgia no viste su apellido
y ha olvidado los nombres por completo
mientras vuelve a girar la rueca de un molino
y una vaca a lo lejos,
salpica sangre en crueles mataderos.

Supongamos
que la tierra y el cielo del dorado
pincel con que decoran los museos
es una brocha gorda y desgastada
que pinta las paredes de un hospicio
de un cuarto con goteras
en el Sur de Francia en el que me abismo.

Es cierto que
que no fumo, no tomo,
no consumo
sustancias permitidas ni prohibidas,
y subo a taxis y autobuses,
con la tibia rutina de escribiente
y estas tercas imágenes persiguen
mi día de planicies ordinarias.

Ser sobrio es un problema verdadero,
tonto emblema,
que aparenta negar la poesía,
el sexo sin motivo, las venganzas,
la pasión del amor desenfrenado,
las milicias de guerra,
los flamantes exilios interiores
que estila todo vate que se digne.

Supongamos,
por temor al silencio de la muerte,
que solo se mastica con palabras,
que tumbados ante el espejo
conocemos a Vincent y su obra.
El pobre anda quejoso de un oído,
le supuran las rabias,
los idilios truncados,
el violín que le zumba en la sordera
lleva años de húmedas estancias,
y nos sentamos ante sus pinturas,
atónitos y boquiabiertos,
como si fuera el séptimo día de la Creación
y no existieran críticos que bendijeron la tela
para subir el precio en el mercado de arte
que carece de mitos y los funda.
Supongamos
que podemos decirle “Me gusta”
desde adentro, como conocidos antiguos,
a través de una nube inalámbrica
y Van Gogh nos sonriera con su vieja juventud que
no alcanza los cuarenta.
¿Sería nuestro cuerpo el instrumento
que haría tolerable la inquietud del deceso del artista?
No lo sé, pero pienso mucho en esto
porque desde que comencé a escribir este poema
no cesa de llover entre Sarandí y Crucecita,
por cada relámpago truena
y es un golpe mortal para las chapas
de casillas de barrios de emergencia,
asentamientos indisimulados
que son las cuerdas rotas de esta época
de frívolos orgullos
y promiscuas miserias detonadas.
El agua que ha caído, espesa y dolorosa,
me recuerda otros cuadros, otros tiempos,
en los que veíamos llover por los cristales,
abrazados en tibias contorsiones,
riéndonos del plan de los maestros,
fundiendo la saliva enamorada
y nada era importante
excepto el rozamiento de las pieles.
Olvidemos
que hoy nuestras señales
patinan en el piso carcomido
y una lumbre de niebla lastimera
dilata la distancia.
Suponer, olvidar, vivir, sentir,
resbalarse, perder, amar, morir:
los juegos que propone el alfabeto.





Supongamos 


Supongamos 
que Van Gogh hubiera muerto 
sin tener un hermano leguleyo 
y una ambiciosa cuñada con contactos. 
Que los girasoles nos recordaran el campo 
y no una tela bien pintada en otro siglo; 
que Arlés y Montmajour 
estuvieran a la vuelta de mi calle 
y fuera verano y puesta de sol 
en nuestro corazón de vacaciones. 

Supongamos 
que el recostado señor 
entre valles de paja y azulinos, 
a la hora de la siesta, 
es mi vecino, el vago de la esquina 
que no suele ducharse por las noches, 
ni darse algún buen baño de sales 
cada tanto, 
y la mujer, su humilde servidora, 
con un pañuelo blanco, 
resignada a los vómitos y ausencias 
vela por él, 
apoyando en su pecho la cabeza. 

Supongamos 
que la nostalgia no viste su apellido 
y ha olvidado los nombres por completo 
mientras vuelve a girar la rueca de un molino 
y una vaca a lo lejos, 
salpica sangre en crueles mataderos. 

Supongamos 
que la tierra y el cielo del dorado 
pincel con que decoran los museos 
es una brocha gorda y desgastada 
que pinta las paredes de un hospicio 
de un cuarto con goteras 
en el Sur de Francia en el que me abismo. 

Es cierto que 
que no fumo, no tomo, 
no consumo 
sustancias permitidas ni prohibidas, 
y subo a taxis y autobuses, 
con la tibia rutina de escribiente 
y estas tercas imágenes persiguen 
mi día de planicies ordinarias. 

Ser sobrio es un problema verdadero, 
tonto emblema, 
que aparenta negar la poesía, 
el sexo sin motivo, las venganzas, 
la pasión del amor desenfrenado, 
las milicias de guerra, 
los flamantes exilios interiores 
que estila todo vate que se digne. 

Supongamos, 
por temor al silencio de la muerte, 
que solo se mastica con palabras, 
que tumbados ante el espejo 
conocemos a Vincent y su obra. 
El pobre anda quejoso de un oído, 
le supuran las rabias, 
los idilios truncados, 
el violín que le zumba en la sordera 
lleva años de húmedas estancias, 
y nos sentamos ante sus pinturas, 
atónitos y boquiabiertos, 
como si fuera el séptimo día de la Creación 
y no existieran críticos que bendijeron la tela 
para subir el precio en el mercado de arte 
que carece de mitos y los funda. 

Supongamos 
que podemos decirle “Me gusta” 
desde adentro, como conocidos antiguos, 
a través de una nube inalámbrica 
y Van Gogh nos sonriera con su vieja juventud que 
no alcanza los cuarenta. 
¿Sería nuestro cuerpo el instrumento 
que haría tolerable la inquietud del deceso del artista? 
No lo sé, pero pienso mucho en esto 
porque desde que comencé a escribir este poema 
no cesa de llover entre Sarandí y Crucecita, 
por cada relámpago truena 
y es un golpe mortal para las chapas 
de casillas de barrios de emergencia, 
asentamientos indisimulados 
que son las cuerdas rotas de esta época 
de frívolos orgullos 
y promiscuas miserias detonadas. 
El agua que ha caído, espesa y dolorosa, 
me recuerda otros cuadros, otros tiempos, 
en los que veíamos llover por los cristales, 
abrazados en tibias contorsiones, 
riéndonos del plan de los maestros, 
fundiendo la saliva enamorada 
y nada era importante 
excepto el rozamiento de las pieles. 
Olvidemos 
que hoy nuestras señales 
patinan en el piso carcomido
y una lumbre de niebla lastimera 
dilata la distancia. 
Suponer, olvidar, vivir, sentir, 
resbalarse, perder, amar, morir: 
los juegos que propone el alfabeto.





viernes, 31 de octubre de 2014

"El incendio soy yo"

“El incendio soy yo”
gritaste al ver pasar un coche de bomberos.
Camareras y parroquianos
festejaron tu gracia
por el piropo a una mujer guapísima,
que bien podría ser tu nieta descarriada,
a quien rodeabas, delicado el talle,
derramando dulzura en sus oídos.

La risa es una válvula de escape
que recita los versos de la tarde
en bares y tahonas de Los Ángeles,
Nazaret, Guayaquil, Londres, Pamplona,
La Habana, Barcelona, Buenos Aires,
Madrid, Roma, Gijón, Praga, Venecia,
Lisboa, Río, Boston, Tierra Santa
y un millón de ciudades semejantes.

Si dejas las propinas generosas
tendrás correctos fieles,
testigos y amanuenses
que “nunca han visto nada”.
y no llegará al río la sangrita
del tequila mezclado con los frutos
del cordón de la calle y su fermento.

La poesía ocupa su propio territorio,
enfatiza refranes, sutilezas,
apaños de guitarras con sentina
y frases contundentes como bombas.
No pagues el impuesto.

Porque duelen los tristes y los necios,
porque causan fastidio los llorones
y el precio que se esconde es contingente,
vivimos, con el día a día a cuestas,
y elevamos vicariamente un brindis
al ardid que eclipsó a los pesimistas
con golpes de pelota
al arco de infatuados perdedores.










miércoles, 29 de octubre de 2014

Sonidos de animales y poetas


Sonidos de poetas y animales.

¿Qué es lo que te sorprende todavía?
Hay más poetas que tiempo para leerlos a todos.

Las vacas mugen.
Los perros ladran.
Pían las aves y los patos parpan.
Yo escribo mis poemas por docenas.
Apenas los reviso.
No pienso publicarlos
ni aspiro a ganar premios.
Los concursos enturbian el aire obnubilado.

¿A quién vas a decir que el tiempo es oro,
en tanto te desmiente la orbicular Naturaleza?
Los gansos sisean.
Las abejas zumban.
Relinchan los caballos y balan las ovejas.
Arrullan las palomas,
que según dicen los expertos, también zurean.

Yo escribo mis poemas a montones
negando lo solemne y lo divino
de un acto que semeja el croar de las ranas,
el rebuzno del burro,
el habla de los loros
y el silbido del mirlo.

Yo escribo mis poemas para nadie.
Para que los discutan  los llanos y locuaces,
los herméticos,
los pobres y los ricos,
o desangren colgados de una horca
sin testigos del duelo.
La perdiz cuchichea.

Me emocionan las sílabas que mido,
blablablá, miau, miau, miau,
el maullido de gato acostumbrado
a entrar por las ventanas de mi casa.

Los elefantes barritan.  Los lobos aúllan.
El cóndor grita.
Las cigüeñas crotoran.
Los bebés nacen llorando
aunque haya excepciones a esta regla.

Yo escribo mis poemas imposibles
que van derecho al cesto de basura
con la ceguera de soltar alguno
que encienda un corazón enamorado.

Tarea de titanes o de tontos.
Tristeza de poetas torturados.
El tablero del cielo tiene escaques
y canta cada quien como más puede.
¿Qué es lo que te sorprende todavía?



















(ver poema El niño desnudo)