lunes, 30 de junio de 2014

Tejidos

TEJIDOS.

La corrupción está instalada.
Ay. Trágicamente instalada.
No van a dejar constancia
de ostracismo y  destierro
en los sones de la guerra.
No abrirán las compuertas del trabajo
ni destilarán petróleo sus acritudes indignas.
La olita del dinero seguirá
dando curso a matones de otra clase.
 Los malvados
oirán el grito subastado de las madres.
Los artistas atrapados en su red
con una cala en el cerebro
no descansarán hasta alcanzar la infamia.
Candidatos a Diputados
seguirán orinando al mejor postor.
Nuevos súbditos
 tendrán  Reina y Rey  que los corteje.
“Se siembra un pensamiento,
se cosecha un acto”, decía el pastor mormón.
Escuelas de psiquiatría,
verdades bíblicas,
cine adoctrinador,
las falsas biografías de la escuela anglicana,
los plagiadores contemporáneos
y la torsión  nueva perseveran.
Pero la literatura no cambia el mundo
solo lo hace más tolerable,
más asequible,
en este cansino agobio de multitudes.
Si coincides conmigo
en cumplir los mandamientos de Dios
(como quieras llamarlos)
estaremos de acuerdo.
Si no, mejor sigue tu camino hacia la nada.
Lo sostengo y mantengo:
quien quiera conocer el horror
que se inscriba en un curso de tejidos.

La lana pica hasta en la piel del muerto.

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