martes, 12 de agosto de 2014

Anáfora / Hasta la médula

ANÁFORA.

Hasta que seamos sensatos. 
Hasta que la gente lo entienda. 
Hasta que aprendan a respetarse. 
Hasta que las velas no ardan. 
Hasta el día en que caigan rayos de punta. 
Hasta que llegue el Mesías. 
Hasta la noche de los tiempos. 
Hasta que Dios nos avise. 
Hasta el domingo que viene. 
Hasta la vuelta. 
Hasta que digas lo siento.
Hasta que cumplas tu promesa. 
Hasta el año próximo. 
Hasta que haya democracia legítima. 
Hasta que me den el Premio Nobel. 
Hasta que se termine la plata. 
Hasta siempre. 
Sinceramente.
Hasta la médula. 
Hasta nunca. 
Hasta que haya paz.






Hasta la médula


Las paredes se extinguen como nubes de paso,
el aire nos asfixia, la religión se oculta
bajo pieles de tigre,
el terror es un barco del camino distante
y mis manos se esfuman al toque de tus manos.
Solo un pinchazo basta
para herirnos el alma de antiguas militancias,
No hay doctorado que explique nuestra muerte,
no hay versos ni canciones cuando el rojo te oprime
con suspicaces lágrimas
y monta un numerito en rieles extraviados.
-¿Qué hay detrás del infierno? me preguntas.
Yo no sé qué decirte.
Tus ojos son de fuego, me mata tu mirada,
me hundes entre las llamas
hasta iluminarme de oscuridades
en el triste escenario que la marginación provee
y torna a los héroes en faquires y títeres.
Los amores maduran con votos de pobreza.
Cuerpo y carne mi padre
me escolta hacia la sombra.
La imagen me estremece y la noche prosigue
con destino al banquillo

de un litigio perfecto de sentencia fallida.



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