sábado, 16 de agosto de 2014

Boabdil, Abu Abdalá

BOABDIL, ABU ABDALÁ.
Soberbio alcázar de teñida púrpura.
En su inefable patio laberíntico
sangró el viril canto de despedida
de Abu Abdalá.
Sin embargo, una plañidera estéril
de querencia para un Rey Chico que huye
fue manuscrita
por la vértebra de su ensortijada
amante esposa,
la última sultana, la Moraima.
Se descompuso en cúbicos exhortos,
por la ciudad sin aire, trashumante,
el fiel lamento
derrumbado ante el Dios de los Católicos,
que es su mismísimo e insobornable
Juez arribeño de las rendiciones.

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