martes, 12 de agosto de 2014

La prisionera

1

La prisionera.

Si abrimos una puerta y descubrimos
que somos prisioneros del siguiente
mandato de la Ley y su expediente,
la ciega frustración de nuevos timos


nos hace recordar que fuimos primos,
en este universal y permanente
sentir que la ambición es diferente
del modo de vivir que compartimos.

Se agita como el mar nuestra inocencia.
El afluente del río desemboca
su inquietud en la atmósfera aparente


de entradas y salidas. La conciencia
es deseo del deseo. Tu boca
ocupa cada espacio de mi mente.


2
Confusa y agitada mi desdicha,
aunque admire otro cielo transparente,
en el próximo estadio, de repente,
se niega a abandonar la carga chicha.

En la ruleta humana cae la ficha,
que elige ganador entre la gente
que bulle y que propaga la simiente
del dogma redactor contra la dicha.

¿Qué sabe del amor la cobardía?
¿Qué intuye de pasiones la renuncia?
El miedo es el motor de la pereza.

El tedio, promotor de la homilía.
Si Dios no admite la Verdad que enuncia,
¿quién vendrá a empolvarnos la tristeza?

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