martes, 12 de agosto de 2014

Madre





Madre - soneto modernista



Ciertas mujeres, cierto, no tienen sus cabellos

teñidos por la plata de un penoso pasado.

Sin embargo, ella luce su porte consagrado

e ilumina la sala con sus ricos destellos.







Porque nunca fue objeto ni se entregaba a aquellos

que buscaban sus labios ardiendo de pecado,

su cuerpo era lujuria del preso y del ahorcado

y rendíanle culto los fieros y los bellos.


Pienso que esa señora de hermosura tardía

mantiene su elegancia, ritmo, aroma, esplendor,

sumando a cuentagotas los besos que escondía




entre sábanas blancas de precioso candor.

Ella, otrora donaire de la noche y el día,

es ahora mi madre y me brinda su amor.

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