jueves, 21 de agosto de 2014

¿Quien soy?

¿Quién soy?


El contragolpe de las intrigantes
manipulaciones de perversos y sátrapas;
la miga de pan embrutecida
por el melancólico presagio
del cajón de sastre de Lewis Carroll;
tiro de gracia
a lo que me altera o me define
por aquello que nunca fui
ni volveré a ser jamás;
el bisbiseo de lo monstruoso y lo sublime,
el acmé y lo baladí;
la carne y la imprudencia;
el papel de una moderadora móvil
que pinta frescos en la memoria colectiva;
la risa fácil e imitadora
de Cátulo y Homero
en el crepúsculo seductor
de mis agónicos días
(solsticio de mi vida);
los muros del Mausoleo
adentrándose en las estepas del lobo;
la ostentosa limosna de los danzantes
alrededor de un pensamiento único;
la esfera hueca que contiene al fuego eterno
en la abstrusa obra de un Creador embriagado
y extraordinariamente silencioso;
la aventurera trivial
de los ritos del no cumpleaños;
el cóndor y la cima visitada a lomo de mula;
la imagen más lúcida del ruido;
la estatua de mármol redentora del suicidio,
el caballo del carro del lechero,
la que suelta las riendas,
arrea la montura,
diseña aparejos y gualdrapas:
la habitante de una aldea vecina
que no conoce de actos inaugurales;
la cortesana y vengadora luminosa
como una abuela secreta del sendero
de Caperucita Roja;
la traducción de un enano confundido
a aquella puerta abierta del Templo de Jano,
una inscripción en Delfos con miles de años,
la odiosa erudición de una Venus Sapiente
y la ridícula debilidad de Diana Cazadora
del vino espumante;
el perico parlante;
el perfume de los aires buenos,
los celos y la indulgencia
acicateando la mirada huérfana,
la coartada de una pompa de jabón
en primaveras romanas
y
poco más o menos que eso.

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