martes, 12 de agosto de 2014

Uno que sufría, otra que se lamentaba

Uno que sufría...



Mi corazón dañado, la excrecencia
del cuerpo sometido a la pobreza,
la falta de decoro, la tristeza,
el perfume del asco, la impaciencia.

La vida que se pierde en la inclemencia
del óxido en los goznes, sin nobleza;
el pan del nosocomio, la certeza
de morir en tus brazos. La evidencia

de ser amante mas nunca ser amado;
el castigo del hielo que nos corta
la piel, en desazón; la subsistencia;

la hosca virginidad del desahuciado
me hostigan por sufrir tu indiferencia
ante una abdicación que no te importa.



Otra que se lamentaba...



El alma se trastorna, sin consuelo
al lado de tu imagen cautivante
El terremoto que amo en ese instante
tiene la fuerza que le ha dado el cielo.

Estás solo en mis noches de desvelo,
desnuda tu figura fulminante
como una golondrina en el pescante
de una escena negada para el vuelo.

Mi dolorosa y cruenta dependencia
te envuelve en un recuerdo melancólico
y me convierte en un fantasma alcohólico,

en un espectro seco, empavesado…
Insistes lacerando mi estropeado
cerebro, en el espacio de tu ausencia



Otra versión 


1.-



No se puede escribir cartas de amor
sin caer, de repente, en el pecado
de oraciones trilladas del estrado
que impugna la limpieza del fulgor.

Demás está decir que es un rumor
que la vida nos brinde el delicado
regalo de un presente acompañado.
Mañana será tarde y no mejor.

Has hablado conmigo sin saberlo.
Has visto mis jardines deliciosos
que el tiempo ha envejecido sin quererlo.

Los sordos traductores maliciosos
jamás advertirán lo que hay sin verlo:
un sueño de fantasmas sin esposos.


2.-
Si te pido que vueles, golondrina,
si te encargo que vuelvas y hagas nido,
si te ruego que encuentres un sentido,
si te exijo que vengas a Argentina.

Si te escribo con braille o por rutina,
si te arrullo en el fuego adormecido,
si te dicto mi nombre en el latido
raptándote en el valle de Sabina.

Mis cartas como siempre viajan solas
rimando tu espejismo con la almohada
que remienda los sueños que controlas.

No preguntes por qué ni digas nada.
Las noches se suceden como olas
y el cielo es la llanura desbordada.






















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