viernes, 31 de octubre de 2014

"El incendio soy yo"

“El incendio soy yo”
gritaste al ver pasar un coche de bomberos.
Camareras y parroquianos
festejaron tu gracia
por el piropo a una mujer guapísima,
que bien podría ser tu nieta descarriada,
a quien rodeabas, delicado el talle,
derramando dulzura en sus oídos.

La risa es una válvula de escape
que recita los versos de la tarde
en bares y tahonas de Los Ángeles,
Nazaret, Guayaquil, Londres, Pamplona,
La Habana, Barcelona, Buenos Aires,
Madrid, Roma, Gijón, Praga, Venecia,
Lisboa, Río, Boston, Tierra Santa
y un millón de ciudades semejantes.

Si dejas las propinas generosas
tendrás correctos fieles,
testigos y amanuenses
que “nunca han visto nada”.
y no llegará al río la sangrita
del tequila mezclado con los frutos
del cordón de la calle y su fermento.

La poesía ocupa su propio territorio,
enfatiza refranes, sutilezas,
apaños de guitarras con sentina
y frases contundentes como bombas.
No pagues el impuesto.

Porque duelen los tristes y los necios,
porque causan fastidio los llorones
y el precio que se esconde es contingente,
vivimos, con el día a día a cuestas,
y elevamos vicariamente un brindis
al ardid que eclipsó a los pesimistas
con golpes de pelota
al arco de infatuados perdedores.










miércoles, 29 de octubre de 2014

Sonidos de animales y poetas


Sonidos de poetas y animales.

¿Qué es lo que te sorprende todavía?
Hay más poetas que tiempo para leerlos a todos.

Las vacas mugen.
Los perros ladran.
Pían las aves y los patos parpan.
Yo escribo mis poemas por docenas.
Apenas los reviso.
No pienso publicarlos
ni aspiro a ganar premios.
Los concursos enturbian el aire obnubilado.

¿A quién vas a decir que el tiempo es oro,
en tanto te desmiente la orbicular Naturaleza?
Los gansos sisean.
Las abejas zumban.
Relinchan los caballos y balan las ovejas.
Arrullan las palomas,
que según dicen los expertos, también zurean.

Yo escribo mis poemas a montones
negando lo solemne y lo divino
de un acto que semeja el croar de las ranas,
el rebuzno del burro,
el habla de los loros
y el silbido del mirlo.

Yo escribo mis poemas para nadie.
Para que los discutan  los llanos y locuaces,
los herméticos,
los pobres y los ricos,
o desangren colgados de una horca
sin testigos del duelo.
La perdiz cuchichea.

Me emocionan las sílabas que mido,
blablablá, miau, miau, miau,
el maullido de gato acostumbrado
a entrar por las ventanas de mi casa.

Los elefantes barritan.  Los lobos aúllan.
El cóndor grita.
Las cigüeñas crotoran.
Los bebés nacen llorando
aunque haya excepciones a esta regla.

Yo escribo mis poemas imposibles
que van derecho al cesto de basura
con la ceguera de soltar alguno
que encienda un corazón enamorado.

Tarea de titanes o de tontos.
Tristeza de poetas torturados.
El tablero del cielo tiene escaques
y canta cada quien como más puede.
¿Qué es lo que te sorprende todavía?



















(ver poema El niño desnudo)


Antifaces y fotografías

Antifaces y fotografías 


Un antifaz que se embadurna,
obsesivo gesto de amor
que atraviesa fronteras y desmontes,
habla solo de fe por los responsos
y absurdas paparruchas similares.

Esconder soledades es su oficio.
¿Es prematuro afirmar  que una buen rimmel,
un lápiz labial de calidad y
unos zapatos nuevos con tacones altísimos
no te harán conocer al hombre de tus sueños?

¿Importa acaso la mirada
de quien te refleja en un espejo trepidante
y cuenta las anchas canoas que navegan por tu rostro
de ásperas escarpas y acantilados desiguales?

Nuestros ancestros coincidieron
en que envejecer es la más difícil de las empresas humanas.

No canses a la Vida y quítate de en medio.
Las fotografías mentales
son peores que las digitales de un aficionado
que improvisa posturas para chicas
quinceañeras, del álbum cuyas páginas
no volverán a repetirse.








martes, 28 de octubre de 2014

La noche después

La noche después


a LGM

De cómo armonizaban amor y desencuentro
lo supiste  la noche
                            después
                                          de haber llorado.

Yo solo te observaba  como viendo a un cadáver
de una serie aburrida
en la tele del sábado.

No pude soportar tu inapetencia
de máscara romántica,
con coraza de acero.

Guarda de mí el recuerdo
que es todo lo que tengo para darte.
Los juegos de artificio te han robado los ojos.

Me miras como a un búho
de bosques conquistados.
No quiero hacerte trampas de comedia amorosa.

Yo solo te observaba quebrar mi biografía,
sabiendo que exigías
                                        regodeos tiránicos.

Aunque debo admitir: Yo solo te observaba
vacilante y austera
                                        aguardando mi  turno con un as en la manga.

domingo, 26 de octubre de 2014

Canción sin rimas

Canción sin rimas.

Al final, tantos ires y venires,
el corazón quedó resquebrajado.
Olvidé que te había conocido.
Olvidé hasta tu aspecto y tu perfume.

Nos unen solamente, algún poeta,
una flor que se tumba en el florero,
el calor de las tardes de diciembre,
la pasión por Arcadia, la insolencia.

Un náufrago a distancia, no es lo mismo
que los besos que vibran en la lengua.
Tu casa es una isla solitaria,
la mía está en las huellas colectivas.

¿Las locuras de amor son perdonables?
¿Se restañan precuelas dolorosas?
El tonto director está de acuerdo:
Los necios se conforman con sospechas.

Guardarás el secreto hasta la tumba,
que es bien de caballeros ser discreto.
Hay que haberlo vivido sin contarlo,
como quien sube a un tren equivocado.

Por lo menos, yo sé que amaste mucho
los pedazos del libro que rompiste,
fingiendo una estudiada indiferencia
en plena calle y a la luz del día.

Paradita en tu umbral, fantasma vivo,
fui más verdad que vos, sin guardaespaldas.
En cambio, las hilachas de tus pasos
dejan a la intemperie las costuras.

Disfrutar nada más. Eso nos queda
en el recuerdo apenas de una historia,
que perdió los estribos y los frenos.
Disfrutar nada más del veredicto.

Suceden raros hechos, y no obstante,
mordiéndonos los labios se disipan.
El tiempo en su caótica venganza
dirá que la razón es cosa seria.

sábado, 25 de octubre de 2014

Misceláneas

Miscelánea

Estoy fuera de lugar. Me doy cuenta.
Aprovecho la indiferencia anómala
para abrirme al susurro de una fuente
y regar los jardines de mi casa;
para dar largos sorbos al anhelo,
cambiar el paso troceado
en tácita angustia,
y sonreír sin ganas.
Presumo de
menospreciar los embates del viento
que cambia dirección, música y viaje,
y aguanto  el dolor que no se calma en oraciones.
Pellizco
un montón de miradas  inservibles,
archivadas en algún sitio voluble.
Las atrapa el colmillo de la bestia.
La muñeca de la mano, rota,
no puede escribir versos olvidables
y crecen cicatrices como hongos.
La torre del ajedrez
envuelta en llamas de misericordia
danza con sus siete velos
y se enroca
en sábanas de colores arruinados,
torcidos,
desgarbados.
Desde mi plataforma otoñal
un toro rojo
no sale de su asombro
e invoca su plegaria.
No hay salvamento para esta mitad
desarmada,
desamada,
que se inclina sobre el rocío
y, sin discernimiento, administra el llanto.
Es mi holograma de sombras el que disloca
cascadas de aguas tan profundas
que contrastan con la Garganta del Diablo,
cataratas en la que caben mis huesos
y mis despiadadas misceláneas fiduciarias
que esperan tu regreso
con fiebre de presidiario inocente
en vísperas de rigor mortis.









viernes, 24 de octubre de 2014

La última literatura

La última literatura

“…y las cartas de amor que habrás guardado
serán tu última literatura.”

Joan Margarit

En el desmoronado mediodía
se escucha del amor, punzante el ruido
de las cuerdas de una guitarra.
Rozo tu intransitable anatomía,
fauna de ausentes besos al descuido,
con piel de anfibio que te sabe amarra.

Soy tan poco fiable en el estrado
que arrastro nuestra sed y podredumbre
por querer descifrar todas las cosas.
Son mis cartas de amor desesperado
causales de imperfecta incertidumbre,
mortal estorbo,  lanzas caprichosas.

Guárdalas como escudo de otros soles
e intenta perdonar, si no te importa,
los ritmos que tejieron mi bandera;
que la copa evapora los alcoholes
se astilla, nos recalca y se comporta
como si nada bueno sucediera.

Las voces de la magia se desquitan,
una vez y otra vez, como queriendo
imponer el olvido a la cigarra.
A pesar de nacer, se fagocitan,
sobresalen del cubo y siguen siendo
la fastuosa pasión que nos desgarra.










jueves, 23 de octubre de 2014

El hombre del cabello invisible

El hombre del cabello invisible 
(del libro VENAS AL MENUDEO)



El hombre del cabello invisible se parece a mí.
Y me gustan los pelados. 
Los bien pelados. 
Los peladitos. 
Los pelados incipientes. 
Los pelados de peluquín. 
Los calvos 
y los burucuyás pelados y repelados.
También me gustan los hombres
con todo el pelo sobre la cabeza
(preferentemente los prefiero con cabeza)
y de no ser posible:
los que tienen un pelo de donde colgarse.

Quien no entendió que hay personajes
que patrullan mitos urbanos
tiene ruina pronosticada por falta de empatía,
incendia un sistema revisitado.
Algunos delegados
moderan el sitio
porque disfrutan al hacerlo.
Los malalengua,
chorlitos a destiempo, afeminados,
confunden Libertad con Cualquier Cosa.
La libertad no debe estar amordazada.
Nadie quiere enzarzarse en un pleito de incierto resultado.
Enredados en mil batallas
no tenemos tiempo ni energía para otra más.

Eres una persona culta.
El poder tiene muchos tentáculos y redes
traídos de los pelos.
Imposible tirarse en solitario contra ellos.
Dime qué se podría hacer
ante una decisión tomada e irrevocable,
con orfandad como destino,
y te enviaré un fichero de disculpas,
como si fuera un saxofón ardiendo
en noches filarmónicas de jazz sessions.
Al pelotón de cómplices no les tiembla el pulso
y se encasquetan.
“Relación entre negros y cáscaras de mandarina”
dice un amigo,
sin duda-desnuda.
Soy la novia invisible del hombre invisible.
Sin quererlo, le huele el pelo a caña quemada
y cordilleras de cemento.
Una mente separada de su cuerpo
sugiere un exilio triste.
Y sin embargo,
Noi siamo così felice.

martes, 21 de octubre de 2014

Sexualidad tardía

Sexualidad tardía


La poesía, esa pariente pobre de la Literatura,
que en realidad no se lee porque es el género más difícil de leer,
tiene algo que reclamar a los huéspedes del insulso menosprecio.
¿Son los poemas entes esquizoides?, ¿material putrefacto?,
¿afectarán sus mensajes la quejumbrosa rueca de la tarde?
¿Cabe un cielo en la semilla de una fruta?
¿Se evaporará el prado de las alcantarillas,
el día después?
El punto débil que enrolla los tapices de la locura crítica
está apestando de falacias el planeta.
¿Mil años de educación no pudieron contra esto?
Me sorprendo tanto que, a veces, no me lo creo.
¿Con qué lenguaje fatídico quienes juzgan,
aman,
odian,
se escandalizan del exterminio,
copulan en mangas de camisa,
toman su café con leche imprudente
o se esfuerzan por aceptar urdimbre y trama?
Siento pena por ellos.
Antes era curiosidad, fascinación y duda.
Ahora, solo pena.
No respondo al cuerpo de secta.
Nadie es más que nadie, ni tampoco menos.
Cuando estés en condiciones de ser libre,
-si se piensa, no se entiende-
podrás hacer tu propio sistema de ideas;
ese sistema ha de ser coherente e integral.
Único.
¿Quién podría torcerte la palabra?
No repitan los discípulos a sus maestros.
Enséñenles su propuesta humildemente,
como un vasallo,
sin desterrar la sabiduría cuajada en las estrellas.
Así nace un poeta.
Te puedo asegurar, amigo mío,
lector entre lectores,
que la mayoría se contenta con el papel
que los habilita como catedráticos
y no tienen idea cabal de lo que significa
la cohesión inaugural de pensamiento lírico,
aún sumido en arrabales oscuros
o ahogado en las costas de islas inhabitadas.
Convengamos sobre su alto grado de ignorancia en el vuelo imaginativo
y  no frivolicemos la abstracción de sus opacidades,
porque ellas resisten su desarrollo o deterioro,
a solas o en cálido concubinato.
La poesía, al igual que el sexo, se aprende a edades tardías.
Cualquiera puede hacer un cuadro
en blanco
y alegar que es arte del vacío.
Raramente, si alguna vez ocurre,
mean fuera del tarro,  quienes tienen algo que decir.
Volar no es solo para los pájaros.
Anímate a ser caballo alado.




domingo, 19 de octubre de 2014

Las cosas pasan...

Las cosas pasan…



Las cosas pasan porque tienen que pasar.
Al fin he comprendido que lo que no se puede no se debe.
Lo que solía preguntarme era por qué tantos cómplices.
No podía creer que el avaro dinero fuera el motor de fuerza
de rémoras de gente maleducada
que dice estar cerca de los artistas,
moviendo los hilos
de una cultura feroz y presumida.
Traté de entender el porqué de mi linchamiento obsesivo.
Propicié  la verdad en su lugar
como forma de belleza infinita.
Qué loco.
¿Dónde está el talento artístico del  detractor?
Cuando el sicoanálisis es solo una bella literatura
bregar por su fundamentalismo
es un síntoma de penetración abstracta,
por oscura inmodestia de fantasmas congénitos.
Disparate del egoísmo que  reina
y tiene como brazos ejecutores a los miserables,
malhadados, mezquinos de siempre:
Los instigadores de bombacha sucia,
continuadores del programa,
oficiando como satélites de la gran farsa universal.
La reflexión filosófica, su aprendizaje
inacabable,
inabarcable,
no cabe en sus escuetos planes de progreso.
Siguen buscando la mágica respuesta
a sus problemas de comportamientos  sociales,
en el vino embriagador del borracho
y en la desnudez de alquiler de secuaces de turno,
por ausencia de reglas éticas coherentes.
Cuando el móvil es un lucro perverso,
solo impregna malestar
esa voracidad de acumular valores
que no podrán usar en cien vidas corridas.
Aún en perjuicio de los Otros,
barren la cresta de la ola
con su monótono culto evocativo:
“enfermedad es pecado”,
“terapia es confesión”,
y no sienten vergüenza,
porque el pueblo adormecido los erige
en monumentos,
por temor de sus bocas de lobos acuciantes.
¿Y a santo de qué tanto pilar de inútiles encorvados
exhibiendo lenguas de trapo
y muñecos de nieve como trofeos antiguos?
El tiempo decantará material de primera línea del trabajo de creadores
y conservará estereotipos que ahora parecen míticos.
El tiempo humano, no el tiempo de los dioses
de la eternidad serena,
que como bien intuimos
se mofan de la gloria que puede extenderse
algunos pocos cientos de años,
para estos zafios vulgares del malvivir,
que exprimen su pastura beligerante
cavando su propia tumba en el desierto.