domingo, 26 de octubre de 2014

Canción sin rimas

Canción sin rimas.

Al final, tantos ires y venires,
el corazón quedó resquebrajado.
Olvidé que te había conocido.
Olvidé hasta tu aspecto y tu perfume.

Nos unen solamente, algún poeta,
una flor que se tumba en el florero,
el calor de las tardes de diciembre,
la pasión por Arcadia, la insolencia.

Un náufrago a distancia, no es lo mismo
que los besos que vibran en la lengua.
Tu casa es una isla solitaria,
la mía está en las huellas colectivas.

¿Las locuras de amor son perdonables?
¿Se restañan precuelas dolorosas?
El tonto director está de acuerdo:
Los necios se conforman con sospechas.

Guardarás el secreto hasta la tumba,
que es bien de caballeros ser discreto.
Hay que haberlo vivido sin contarlo,
como quien sube a un tren equivocado.

Por lo menos, yo sé que amaste mucho
los pedazos del libro que rompiste,
fingiendo una estudiada indiferencia
en plena calle y a la luz del día.

Paradita en tu umbral, fantasma vivo,
fui más verdad que vos, sin guardaespaldas.
En cambio, las hilachas de tus pasos
dejan a la intemperie las costuras.

Disfrutar nada más. Eso nos queda
en el recuerdo apenas de una historia,
que perdió los estribos y los frenos.
Disfrutar nada más del veredicto.

Suceden raros hechos, y no obstante,
mordiéndonos los labios se disipan.
El tiempo en su caótica venganza
dirá que la razón es cosa seria.

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