sábado, 22 de noviembre de 2014

desertores del sistema

Desertores del sistema

Estudiaré los libros sapienciales
como un desertora del sistema.

Los versos sibilinos
adivinen,
el presagio de muerte y de desastre
del lenguaje de Apolo y de las musas,
con la tenue hermosura
castigada
por la inflexión celosa
que desentrañe tu brutal dominio
sobre el mío,
que gradualmente acusa
el miedo a no morir entre tus brazos.
Con el pretexto de calmar la angustia
hoy fruncieron el ceño las vírgenes caídas.
Reclamaron un límite modesto
ante tanta locura almidonada.

La pasión desarraiga divisorias de aguas.
La letra desafuera;
el verbo es soda cáustica.

Conmociona la parvedad del beso,
que no alcanza a durar
los tres minutos,
la demora del sol en el poniente
con su tibia rutina igualitaria,
y sirve su elocuencia a la apoteosis
contra nuestra implacable
influencia sucesoria
de ejércitos perdidos en vínculos fatales.

Un fugaz beso es suficiente
para cifrar
todas las religiones del cosmos indecible.





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