martes, 23 de diciembre de 2014

Para salir al mundo

Para salir al mundo


Tuve que darme un poco de coraje
para salir al mundo y complacerlo.
A veces, la fatiga nos funda un horizonte
y dejamos caer en la mortaja
los sueños que hemos visto escabullirse
como avances nocturnos de películas
que solo han de pasar
en el canal antiguo del olvido.

Tuve que darme un poco de resuello
para salir al mundo y comprenderlo.
La anciana sombra del ayer moroso
se ha descarnado en velos y congojas
de inminencia futura e indispuesta
que admite estar ausente con aviso.
Aflicción del deseo
donde nada habrá sino nostalgia prescriptiva.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Se nos fue de las manos


Se nos fue de las manos

Se nos fue de las manos;
déjame que te explique
regando los geranios
con los ojos vendados;
déjame que te enseñe
por si sirve de algo.
Se nos fue de las manos
tratando de intentarlo
con los ojos cerrados
del jardín del verano
que es igual que en visiones
opacas por los años.
Se nos fue de las manos
como turbia calima
de vapores del agua;
cada línea fue escrita
cada turbia calima
me abstendré de citarlas.
Déjame que te explique
con los ojos hinchados
de ausentes maquinarias,
ceremonias sombrías,
cargadas de tormentas,
contra el sexo inflamado,
miradas atenuadas,
corazón hecho trizas,
opaco por vapores
del huerto de geranios.
Se nos fue de las manos
sin poder remediarlo.
Menudos promontorios
y nidos reaccionarios
huyendo de las nubes
cargadas de tormentas
en el triste escenario.
Me abstendré de citarlos
cada línea fue escrita:
pordioseros de estado
peregrinando leves,
subiendo hacia las nubes
quisimos intentarlo,
masticando raíces
de contexto obligado.
Se nos fue de las manos
y todo lo perdimos:
el sexo, las raíces,
el lodo, las tormentas,
las nubes, los geranios.
Se nos fue de las manos.

Se nos fue de las manos.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Retrato del pasado

Inspirado en los poemas de José Ignacio Restrepo y de Marcos Matacana Martín Retrato del pasado Entre nudos de manos y rodillas se duermen como dos enamorados, un hombre, una mujer, la maravilla del viento que los lleva a todas partes, como el polen que habita en la semilla. Despiertan con el beso intercambiable que se ha vuelto su sed y su alimento dorado por un fuego empedernido. Envueltos bajo el cielo de las sábanas, ¿dónde pueden hallarse sino en cuartos laterales, el pelo despeinado, las pieles sudorosas, y los tiernos bostezos matinales? Mañana es otro día, ¿qué remedio? La cálida cubierta que los une, las mullidas almohadas sobre el sexo, las cortinas del blanco paraíso, irán a nueva instancia investigadas. Lunares entregados a las fotos de tinta y de papel con letra imprenta, serán versos, serán cuentos, quizá novela desenmascarada. Y sientes que malgastas vida efímera cada vez que detestas tu pasado.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Second fiddle

Second fiddle

Tus corazones me llegaron al beso
hurtado de la humana visión y providencia.
O tal vez, fuera a la inversa.
El beso esperando notas musicales
del casto corazón
acuciado por el puño ceniciento,
inmóvil contra las cuerdas.
Son tantos los corazones,
son tan pocos los besos.
Los años de vos sin mí,
los sueños de mí sin vos,
evidencias al canto del portento,
apremiadas
como
un segundo violín,
que está a la sombra
del árbol del que nacen arrebatos
luminares,
memorables por su fiel pentagrama.
Pierdo el tiempo,
el espacio,
la figura.
Y el beso agazapado,
quebrado en convocatoria de acreedores,
inmune a los prejuicios,
desdoblado y partido en cien mitades,
echa sidra en las fiestas navideñas,
good bye, my love, good bye,
desde que se despidió en un aeropuerto
de corazones juramentados
sobre una partitura de nostalgia inocente
en archivos de cartón y pedregullo.

Más pequeña y más grande que un átomo

Más pequeña y más grande que un átomo




Más pequeña y más grande que un átomo
es la tristeza intangible.
No cabe tanta desolada pena
en un frágil corazón herido
de mortal soledad indefinida.
Atravesar la puerta de la casa
y verse solo,
rodeado de espectros fantasmales,
contraría la gracia de la noche
que promete tropiezos seductores
con caravelas que el mar ha naufragado
en islas de reputación dudosa
entre mareas de alcohol y pestilencia.
Mirar a cada rato
la pantalla del teléfono móvil,
que hemos convenido en llamar celular,
porque cada mensaje a recibir
formará parte de la epidermis afectiva,
sutil canción de cuna que arrulle nuestros sueños,
y decepcionarnos,
como si no supiéramos de entrada
del abuso de spam publicitario
que va a  burlarse de nosotros.
Encender el televisor como un ritual inútil
y apagarlo,
buscando cualquier cosa
que espere en el refrigerador el momento adecuado
de ser servida en la mesa.
Ir cocinando
la comida menos aconsejable del día
en tanto que extendemos la cama que dejamos desecha
antes de salir apurados al trabajo.
Cenar, por fin, a solas con la ausencia,
que crece cual una sombra bien alimentada.
Y después de leer algunas páginas
del libro más tedioso de la historia
de la literatura contemporánea,
otra vez a irse a dormir con la seguridad
de que este no ha sido el peor día de nuestra vida,
que nos queda mañana por delante,
si logramos sobrevivir la aturdida pérdida
del abandonado
a la deriva de Dios y su ironía.