domingo, 18 de enero de 2015

Simónides

Simónides:
La pintura es una poesía muda y la poesía es una pintura que habla.




Hacia el siglo diecinueve, un pintor olvidado,
con vívidos colores, de estirpe florentina,
pintó La Adoración de los Santos Reyes Magos,
entre mitológicas Venus, carne divina.

¡Galo desfalleciente!, tesoro de Pergamo,
réplica de arte griego esculpe la victoria
de Roma renaciente, sobre el imperio Galo.
¡Cómo engaña el artista! Improvisa la Historia.


Enfrentando al tirano, hace creer que es en vano
desgranar viejas letras de imprudentes aristas,
La íntima belleza que emana de los trazos,
esconde la simpleza de verdades sofistas.


El arte es poesía. Van juntos de la mano,
los galos tan franceses y un gallito italiano
desnudo y confidente, apoya en muslo izquierdo
la derrota del alma. El fin del ser humano.

martes, 13 de enero de 2015

El último poema

El último poema.

Este será mi último poema.
El último.
No el más reciente, 
el que acabo de escribir esta mañana.
El último y definitivo poema de despedida.

Chau letras alineadas en renglones.
Chau, vida paralela,
secreto bálsamo poético soñado entre paredes
y hoscos ruidos urbanos de la calle.
Arrivederci, teclas de remate.
C´est fini. 
Good bye. 

Cuando los sabios te dan la espalda,
los necios te desprecian,
y los poetas consagrados
te admiten en sus círculos
porque necesitan lectores entusiastas
pero piensan que tu obra es inservible;
la ignoran, 
la rechazan,
la pasan por encima, 
evitando un paisaje de fotograma ajado,
es hora de despertar del sueño
lírico y tenaz. 

Dejar el verso para quien lo reclame
como una pertenencia ineludible.
Lo riegue y lo cultive. 
Lo lama y lo venere.

Hora de irse a vivir en nuevos subterfugios
que oculten nuestro odioso pesimismo.
Olvidar las palabras necesarias 
del mérito que exige ser poeta.
Olvidar que la sombra es atisbo de la noche
y el cuenco de la mano es una copa.
Los dedos se han cansado de ser dedos.
La vista pide a gritos, oculista.
Empezar a mirar 
a través del cristal de la ventana
cómo lava la lluvia mi balcón.

lunes, 12 de enero de 2015

Las cosas por su nombre

Las cosas por su nombre


Aunque nadie aún lo ha descubierto todavía,
existe un acto férreo en la retórica
que se atreve a sortear crestas y escollos,
flotando al ras de aguas monocordes.

Cada cual con su símil y sus trucos,
con jirones de viejas poesías,
avanza igual que un pobre pensionista
del Bed and Breakfast de los capitolios,
creyendo que su obra es francamente
la nueva plataforma del futuro.


Con ideas tan falsas como abstractas
propone un horizonte
y esconde en un bolsón la carabina
dispuesta a fusilar al enemigo.


No te incluye, por suerte, no te incluye.
El foco subversivo frivoliza.
Haya paz, compañeros.


Secuelas de la diáspora del genio.
Perdiciones del santo calendario.
Sonrojos de la orquídea. Mnemotecnias.
¿Quién puede sospechar el contrabando
de contrastes biformes?
Los muertos en combate son pretérito.

Escuadrones mentados.

Las batallas se libran en presente.
Arengas, polvorines.
Nos quedan derrisiones obsoletas,
resortes conjugables,
ascetismos menguantes de cartel
y un tibio aroma zigzagueando
con que tejer elipsis hiperbólicas,
y ovillar las madejas fugitivas
para poder llamar, nunca o apenas,
las cosas por su nombre.

Ritornello

Ritornello

Este subterfugio
incompleto de guiño a las estrellas,
empujados por un asno veloz
ronda la ronda.

Esta articulación
de amores en suspenso,
mordiendo el anzuelo de la armonía,
repica la pica.

Este tiempo inalcanzable
con su epitafio paladeando las canciones
de un azul oscuro y tembloroso
holgando la huelga.


¿Hay algo más en el designio de la vida?

Casi un fotón partido // fondo del túnel

En el fondo del túnel, una luz transparente
abre paso a otra vida, por mí desconocida.
Disociada y abstracta, casi un fotón partido
que ocupa dos lugares del plano y del instante,
al mismo tiempo herido,
apoyada en tu espalda, entera y condensada,
montando en caballito, las piernas enlazadas,
se ciega tu conciencia bebida y confundida
en verdes madrugadas de vómito caliente.
Sintiendo que no pesa mi cuerpo
y no te aplasta el sólido elemento,
fugué hacia las montañas
de neblinas heladas, serpeando el Himalaya
entre motas de polvo,
con secas triquiñuelas de indígena en apuros.
Y es tarde para besos
y es pronto para lágrimas.
Desde afuera vislumbro tu rostro en nuestra almohada,
temblando tus caderas
estalló  la guitarra, ciempiés de dormitorio,
componiendo canciones  que acarician el alma,
y me nombran,
me buscan,
como si te faltara.
Y estoy en todas partes,  
calmándote la fiebre que silba un desafío,
cerquita de tu apremio de visión extenuada,
Y estoy en todos lados
en tu huella anterior, en el simple futuro,
aquí, allá y ahora, tal vez, después, mañana.


lunes, 5 de enero de 2015

Vana gloria soez

Vana gloria soez


Hay un clisé obvio y trillado,
pedante, soporífero y 
carente de sentido,
que establece las pautas de conducta
de escritores, poetas y académicos,
que siempre deberán
escudarse bajo ornadas bibliotecas
en manidas fotos de prensa acostumbrada
a seguir el segmento, y entregarse
al aparente desorden de libros entre los malditos,
con suficiente gracejo, acomodados ante
los preciados tótems de la iglesia universal del alter ego.
Latosa marcha sobre los aceitados rieles
del oficio.
Armas vacías de municiones.
Vana gloria soez.
He leído, tal vez en entrevistas,
porque el autor que hablaba no es mi amigo,
que si algo funciona bien así, hay que dejarlo.
¿Para qué ir pretendiendo cambiar los paradigmas?
El editor pide comida, la obra no interesa.
El mentado escritor es novelista,
reniega de la patria del poema
porque como es archiconocido en el mundillo
del arte con que pagan bebidas y servicios,
la poesía no afloja y no se vende.
Entonces, a lo suyo lo llamaron.
Relucientes, pulidas, vemos tumbas
en el cementerio de ideas
en palabras.
Sin símbolo y sin significado,
delicadas letras en palabras
que solo tienen de palabras
que se llamen palabras en el diccionario de las acepciones.
Sordo estiércol enlatado en tapas esmeradas,
con páginas que huelen a shopping mall,
con buena propaganda y muchos ecos,
alucinógenos, 

narcóticos sedantes,
con ruidos que despejan sus dilemas,
los convierte en Palabra Autorizada
y al fin, los lanza al cielo de lectores amainados,
ovejas sin pancarta de futuro,
ávidos por seguir leyendo
que el asesino será el mayordomo,
el crimen está patas para arriba,
la viuda negra tiene nuevo amante francés,
el perro que movió la cola
hacía de campana 

y se llamaba Black Mask o Ray Chandler,
o simplemente,
que el único incuestionable sospechoso
fuera aquel ignoto estudiante
que supo ponerle el cascabel al gato.