domingo, 31 de mayo de 2015

Buscaba una lagartija

Buscaba una lagartija y encontré un manuscrito fechado el 16 de enero del 2025,
con letra clara de niña sin edad. ¿Verdad o consecuencia?

Transcribo su versión, no sin dubitaciones previas, para los que saben que hallé un tesoro.

A los otros, les ruego paciencia. Todo es cuestión de esperar. Ya vendrán nuevos poemas
que hablen del corazón y la primera pisada del hombre a la luna hace casi un siglo atrás.





Buscaba una lagartija y la encontré.
Esta mañana echó a volar
el espiral de mi almohada,
hada de mi alma espiralada.
Los resortes de consortes,
tensores daban dolores,
Y hacían chirriar el sístole electrónico
que escondía mi gato filatelista
que es, además, arpista y afónico.
Manden el vuelto- díjele a los invasores
soy amiga de uno bien simpático,
aunque mi madre no lo sepa,
no es dramático,
viva la pepa.
-justifiquela: tiene 15 años
y nunca vio un carapintada
de nada.
Demasiados daños,
apuntaba.
Ahhh, ahhhgregué,
y me "dimenticaba" :
envuelto para regalo
en soneto español
y estilizado abba abba.
"Mi sono dimenticata"
de mente de gata.
Demente elemental
de italiana en delantal
de ciudad distante,
de tierra airosa,
que tiñe telas de añil y roza
con champagne y té de rosas,
enceguece bambalinas
contra vientos y mareas,
en un escabeche sin espinas,
para chuparse los dedos
de rechupete y melanina,
que a sus juegos me llamaron
ensortijado señor:
-Vete preparando el simulador
de vuelos,
muuuuuu...
una Mouse el Ina azul,
como el cuaderno de tapas
de abuelos Marechales,
con chales de tul,
que nos iremos de tapas
por el paseo que está
detrás de la Plaza ummmmmm...
oh lalá...
cuyo nombre ... se me escapa,
mañana saldrá mejor.
Voilá.
Y. también, manda quitar,
que para eso has venido
a Betty la fea, del asedio
¿qué se creía esa espía?
¿qué ni cuenta me daría,
de las mil y una aldeas
en que guarda sus conjuros
y vigila mis ideas,
de noches frente al espejo
que refleja a un fantasma,
que cuelga de su perchero?
Pues, que se quite De(L)medio,
y no se oponga al remedio
de una experta montadora
de equinos comendadora,
modista de buena traza,
Victorino de la Plaza,
ahijada de un senador.
(casi siempre di-putado)
pero, ya será el momento,
en que el imperdible cuento,
soap opera día a día,
acabe con la lejía,
y utilice jabones Lux,
y un especulador juegue al mus
con la sobrina de la alegría,
que pierde a cara o cruz
de tránsitorio edecán
el rulemán de sus días
de "Había una vez... truz."

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