domingo, 31 de mayo de 2015

Hay tardes soporíferas

Ya, como es tuyo,
todo lo que tengo,
sabés amor, te intuyo,
te sostengo,
te muerdo,
te destruyo,
te rehago y rehogo,
te recuerdo,
me abstengo,
me ahogo, ahíta de besos,
en cafés con expresos
manteles morados,
floreros con viola
y violetas,
y sola
en tu bicicleta para dos,
pensando en el dolor
que evoca tu voz,
sintiendo que estará
el mundo, cerca,
girando cuando
esté muerta.

Porque, ay duele
y soy terca
como una mula,
que funambula,
tu funambulancia
sin robarte la elegancia,
de arpista
y de fariseo,
o farsante
de Aristeo,
torero en los rodeos,
en vueltas
de comandantes,
envueltos
en los estantes
del aroma de los celos;
Orfeo y camafeo
de los duelos,
dolorosos
de dólares en aumento,
del cantar de los cantares,
de los bellos manzanares,
de los monjes del convento.

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