domingo, 31 de mayo de 2015

Lamentaciones por Charly

Lamentaciones por Charly García


“El dolor deletéreo del cadáver” Fiódor Dostoievski en Los hermanos Karamazov.



Ay, colega,
poseído de murrias y extravío,
aún dudamos que seas verdadero.
Tus auténticos dobleces
reconozco
como un azar de leones,
en forma de sentencia combinada,
desde un orfelinato sin materia.
Con un vago contacto en el rocío,
furiente y destronado
por el Sumo Pontífice en la Pascua,
te exonero.

Carezco de opinión por tu persona,
cambio rima y final de las carencias,
pasando un mal momento.
Coronado epiléptico en pasiones,
como autor del delito intelectual
de rebeldía,
luciendo contra chivos expiatorios,
la sombra lútea,
profusa, irresponsable,
de una banda de ladrones malparidos:
Mirá que la tenemos peliaguda.

¿Perder nuestra fortuna?
¿Desdecirnos?
¿Abogar por chantajes y dineros,
que solo pueden convertir en piedra
la estatua del futuro asegurado?
¿Sentirse ese vicioso despreciable,
corrompido en trivial desasosiego?
Mejor será
mirarse en el espejo y escupir
el olor deletéreo del cadáver,
en torsión de eufonía catastrófica
con triste futilidad de occiso en el periódico,
cargando los zapatos de la inepcia
en un otoño antagónico y pluvioso.
Me quedaré sin un amigo
si viajo por mal tema susceptible,
aunque no pueda decirse
que mis viejos amigos sean amigos
pues la farsa da igual quien la gobierne
o reine desde el cielo en su liturgia.

Adulteramos tu prosa como novios
que repiten ceremonias refractarias,
con sus zares y monarcas,
sus mafias y adulterios,
y el doble que nos juzga en otra orilla,
alimentando con dejadez
pretéritas revoluciones eremitas
que reportan a cuatro gatos locos,
que deberían estar diciéndome
que soy un cobardón,
un infeliz con prisa,
que hace versos catárticos por tedio,
en lugar de afinar cancioneros del olvido;
pese a la defección que nos arrastre,
lejanos de la culpa
de no ser el ombligo de este mundo;
liberando a las viudas de su suerte
abyecta y miserable,
con jangadas de verbos y silencio,
fantasmas clandestinos,
arriesgados a morir en áridos desiertos,
aunque crean que soy quien los demanda
con mis empresas hueras de talento,
incapaz de ser héroe o antihéroe.
y sin tener salida alguna.
Maldiciendo.

Porque soy una cáscara sin jugo,
una holografía trucada por expertos.
¿Cuánto hace que estás muerto
sin pensar en el suicidio?
No me interesa que nos laven el cerebro.
No estoy de humor para embozos ni santuarios.
Las personas como nosotros,
que escamoteamos las normas morales,
arrastramos serpientes,
involuntarios homicidios,
desgravando millones, a cuestas del subsuelo,
que se reducen a un testamento de papel
y crímenes impunes,
conspirando en la inconsciencia,
vasallaje del piojoso.
Ni mi boca diserta la verdad
ni miente este turbión de repentino exabrupto
de indígena, que come con las manos,
que no sabe de higienes europeas,
encadenado en una vida que encogió
y no puede quitarse ya de encima,
aunque digan que nunca es tarde
para arrepentirse y llorar.

Soy polizonte.
Me he inventado seudónimos y máscaras,
manjares de artillería de bandidos,
relojes sin minutos ni segundos,
simulando un avaro inquisidor,
un idiota infernal,
un mezquino patológico del tiempo
que pasamos soñando en librerías,
portadores de un látigo escondido
en pliegues de cordeles y neuronas,
medicados,
sin saber lo que está fuera de la piel
que nos recubre con tuberculosis,
pendencias, vitíligos o demandas.
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