lunes, 29 de febrero de 2016

Sonetos alejandrinos con verso de Machado Estos días azules y este sol de infancia

Canción de primavera

1 -



Estos días azules y este sol de la infancia
que vieron nuestros ojos con ínfulas hambrientas,
trajeron el perfume de las noches violentas
en las que el hombre pierde su fe y su petulancia.

Embriagados de sueños, cercanos a distancia
en la tierra andaluza, crecieron cenicientas
las ganas de comerse al mundo en las quinientas
noches que se quemaban con fuegos y ambulancia.

La luz del día vino a cerrarnos las puertas
con una caprichosa nostalgia del futuro.
Seguimos negociando con las venas abiertas

en nombre de los pactos, los restos de pan duro.
La infancia es una excusa de mentiras desiertas
que juran los poetas del alma sin seguro.




2 -

Estos días azules y este sol de la infancia
deniego que se esfumen. Cuando sea mayor
guardaré en mi retina pigmento, luz, color
del tinte que recuerde mi paso por la estancia

de amigos de mi padre, que con fina elegancia
brindaron su agasajo a expensas de un amor,
que solamente niños entendimos mejor:
dolor por compañeros exiliados en Francia

que nunca denostaron la conducta intachable
debida al caballero y a su corte impecable,
pese a los sobresaltos de un exilio perdido.

Rescato primaveras del pozo del olvido.
La grisura del tiempo depende de la lente
con que juzgues la historia del morir de tu gente.




 3.-

Los seres miserables que encubren el sonido
de los gruesos calibres de fusiles que a Lorca
le quitaron la sangre, el poema y la ajorca
perseveran su búsqueda, allí por donde han ido.


Delatan la amargura de epílogo reñido:
Et verbum caro factum est feto que se ahorca,
el parto de una muerte precedió a la de Lorca,
cuando en la cruz clavaron al profeta elegido.

Estos días azules y este sol de la infancia
son la pruebas ruinosas debajo de la exedra
que alentó a nuestro equipo en contra de otro equipo.

¿De qué valdrá la pena, la triste intolerancia
de seres narcisistas? Mañana serán piedra,
modesta pervivencia, menudo estereotipo.

jueves, 25 de febrero de 2016

C y A (revisados para ampliación)

LATITUDES 



Quise abrazar
al viento con los dedos
y por tu boca
caer al precipicio,
deslizándome con la garganta
dolorida;
tocar tu carne por dentro,
rojo pijama de sangre
que sostiene una presencia
amorosa y grotesca.
Quise sentir furtivas latitudes
en un barco de vela
cauteloso y bizarro
movido por tu aliento de bohemia.

Andando a ciegas
intentaba verte de cerca,
como un pájaro encendido
en las llamas de un cuarto
en matrimonio,
con modestia fatal y escandalosa
discrepando en un foro
a mar abierto
las leyes que el destino nos depara:


¿Para qué queremos los ojos
la lengua, las hundidas voces,
si hay un oscuro océano en las cuevas
cerradas antes de haber sido escritas,
debajo del despeñadero viejo,
y un arregosto de los campanarios
sabe bien que no mienten las palabras?

C y A (5) Ver correcciones in pdrive



La paja en el ojo ajeno

Cada vez que alguien diga “centeno”
en el futuro,
pensaremos en Salinger.
Cada vez que se escriba “almiar” en unos versos,
evocaremos nuestros campos
estériles.
Cada vez que el subterfugio te nombre
iremos a disparar caracoles de río
como inútiles pedradas.

Los bastiones quedan lejos
¿qué se siente ser tan bueno en las palabras
si nada con ellas podremos construir,
excepto un anillo de descarte?

El camino de los recitadores
de autores respetables
se conforma con listas bien nutridas
de memoria,
cazadores de personajes
fictos y elegantes,
dejan tras la puerta un tendal
de sujetos inconclusos.
Herméticos.
Inescrutables bocetos.

Los dueños de la vanidad
están cerca del Poder y del Abismo.
Nos persiguen con su causa y su locura;
dejan mortecinas consecuencias
con su cloqueo de gallitos de riña.



Salacidades

Se acabó lo que se daba.
Se agotó la caja chica del banco de la procacidad.
Los nuevos miembros saben de antemano,
en su insolencia,
que el caudal de fondos es irrisorio;
y sin embargo,  aspiran a morder los escarpines
de los machotes poderosos.
Todavía, estériles, serviles, agachados.
Los moderadores se atajan y renuncian.
Los directivos atan cabos, piensan y chamuscan
las viejas ideas de la supervivencia.
Al fin, el trabajo no se presume gratuito.
Chapeau, compañeros.
Los cachafaces están en el horno.
Las reinas que engordaban con elegancia
se arrepienten, y tergiversan sus pecados
en peinetón blancuzco y rodetes tumefactos por el spray.
Dios nos libre de los parientes de la conspiración.
Los cómplices (bichos y dinosaurios)
tendrán que dar la cara con vergüenza
y devolver lo robado, porque el pueblo así lo exige.
Siempre el mismo excremento público,
quiere entretener a la fauna
bajo el cataclismo de sus salacidades.
Son las estirpe de inclinados a la lascivia,
al escorbuto, la lepra, la miseria.
Hay que salir a matar mujerzuelas
que engendran hijos desorillados
con el dogal al cuello, jadeando como perras,
para no morirnos de pena.
La ponzoña trepadora dejará de estar de moda,
como el maní con cáscara,
el casco medieval,
la guitarra en el ropero
y los zapatos de gamuza azul
amenazados y congruentes con su época
de despertares de vitrola cerril y faroles cabrilleantes.
Se terminó la fiesta de los eruditos en convicción
y de  payasos sin nariz de plástico.
Somos muchos, somos más, somos tantos
acodados, que  casi
los estamos bordeando a todos.





El gorrión entumecido


Apenas un gorrión entumecido
que gime cuando canta,
hace tiempo hube echado en el olvido.
Mas luego su figura se agiganta
volcán en erupción, violín lucido.
El pájaro resiste la tormenta
en el destierro.
El modus operandi:
la boca saciada por polvorienta
tristeza, recupera audaz el porte neto
en un velo de tul,
que encubre a las estrellas como un reto
de volver a forjar nido, y alienta,
dolido cuerpo gris del  esqueleto,
la esperanza que inventa
de andar de rama en rama espeluznante,
en llamas de colores,
paleta en cielo azul,
movido en mi oración de artista errante.
¿Sabe el gorrión que sufre por su amante
que no hay felicidad sin resplandores?












De tal palo, tal astilla
                                                A Roger Gilbert-Lecomte
            




Avanzando, sin rodeos,
contra gajes del oficio,
como si fuera el río un insulto enmascarado,
vivo vaciando carteras
en el umbral renegado y maloliente
del diccionario porteño.
Tanta lluvia y sin paraguas.
Un cerveza sin espuma,
amicísima como todas,
espera a su mecenas en el bar de la noche.
Merodean espasmos de la “Garza” Sosa,
aparecidos y testigos falsos, a sueldo del sistema.
Compromiso frugal.
Hablaré de lo obvio:
Del esqueleto fosforescente de las Catedrales
de Luján y de La Plata, que contrastan su belleza
con la de Avellaneda,
castillo de vitral adolescente.
Mi ciudad: suburbio impune
que un bólido disparatado
quiso rebautizar Barracas al Sur.
Escarceos de un pejerrey
sepultado en una tumba de la Santa Cruz.
Atizaré las fogatas de los túneles redondos.
Compartiré leña podrida del calafate
y aceitunas a precio módico.
Octubre torrencial. Febrero sarraceno.
Habitantes del desierto:
Podemos seguir santificando beatas
Cheers, dear.
Evasores de la trama de los diablos rojos:
La atmósfera es clara.
Fin de la cita.
Holocausto de apertura inaccesible.
Poesía a pesar del Holocausto
para abrir los labios pegados del silencio.
Canillitas de "Zapatito blanco" con que la vecindad tropieza,
una vez y otra vez,
enredan y revuelven
con cucharas de plástico y servilletas de papel
el café de la mañana.
Topos y pincharratas en los periódicos matutinos.
Meandros del continente austral.
Ya ves tú, espectador de columnas vertebrales en decadencia:
Constelaciones prohibidas anuncian tu desdicha.
Si mientes no busques gramilla en pajareras vacías.
Tampoco surgen sinónimos para emular
la milonga del obrero olvidado en una jaula.
No quedan plumas del ruiseñor muerto in extremis.
No fabrican pararrayos que funcionen a pura energía eólica
ni resucitan viejos cuentos que contarnos
en tiempos del gran apagón universal.
Siquiera haya retórica que valga la pena.
Ortopedias para cubrir las fachadas no engendran al hijo pródigo.
¿Qué será un escaramujo? ¿Irá al galope?
¿Cuántos serán los caballos rondeños
que Machado se cargaba a las espaldas?
El rugoso caparazón de las tortugas
es la clave de los sueños linfáticos
que prueba la existencia del planeta divino.
El último mandamiento se cumple en el aeropuerto terrenal,
que cierra sus puertas definitivamente,
como una hojuela herida de bala
que cae del árbol de una biblia incompleta.
Hay perfección en la magia de torvas precipitaciones.
La honestidad brutal es abuso de confianza en la tahona.
Un sobre blanco que llega por correo se ha convertido
en una titubeante invitación para la estafa final.
Help: De tal palo, tal astilla.
Solo las madres perdonan.
Difícil que un chancho vuele.









C y A (4)


    
Fría madrugada

Yo no sé qué escribí.
Lo habré olvidado.
Acaso nunca he escrito ni una sola línea
que no hubiera sido preconcebida
en la transmigración,
sobre el pasto y la tierra bajo el cielo escaldado,
en las tibias arenas de las playas,
con hedores velados por el heroico enjambre
de los antecesores de la especie.
Habré olvidado, también,
que previo al malestar de este presente,
la mente
se ocupó de entender por qué hay misterios
inapresables, fatuos y caóticos,
que viven en el fondo submarino,
al que no llega sol ni luz alguna.

No intento la catarsis de un poema,
ni busco un despertar de la inocencia. 
Modestamente, apelo a ciertos cánones,
para que sepas
que
me desvelo en la fría madrugada,
de mi barrio cetrino en las afueras,
salvado de las aguas que desbordan cloacas
en una inundación de pesadilla,
pensando en vos y en la canción ridícula,
que aunque nos parezca superficial o fácil,
deletrea tu nombre
que engasta en el recuerdo de tu ausencia,
como piedra preciosa en una joya,
oráculo de brujos sin señales.




Lujo

Dio clases para aprender a pensar.
Cobró carísimo.
Pensar fue siempre un lujo para pocos.






Los broncos nubarrones

Admito haber vivido equivocada,
cruzando las fronteras del destierro
con una camiseta imaginaria.

Procuro crear cauce en anaqueles
colmados de estaciones y de Biblias,
tensando morbidez y desaliento.

Admito presidir tu dormitorio
vestida con piyama de sedas naturales
y andar por la escalera con pantuflas.

Procuro ser la párvula inocente
que construye epigramas,
que en su próxima vida serán gestos.

Admito que procuro no soñar
los instantes del flash
en que piden perdón, tus ojos sin respuesta.

Procuro no perderte pero admito
que la lluvia sonámbula de hoy
es como un torbellino inexpugnable.

No puedo persuadir al aguacero
que nuestra avellaneda está asolada,
enferma de humedad,

adolecida de ángeles y estrellas,
de tanto andar hurgando por tu sombra,
a la intemperie,
bajo oscuros y broncos nubarrones.


La noche de los tiempos
(año 2008)

Llegó la noche de los tiempos.
Comenzó la cuenta regresiva.
Es hora de rezar y hacerse cruces.
El vientre acribillado lo desea,
el ojo alerta esquiva la mirada,
... pero en la calle cae
como un rocío,
una lluvia monótona y pequeña
y, en las veredas astrosas,
los búhos
rondan la sobremesa postergada,
sin haber recibido su plato de comida.

No me abandones, amante.
Cual si fueras el idiota parroquiano del bar
que se inventa el relato dionisiaco
de una vida cicatera,
roñosa, espeluznante,
socorreme del tedio de los lunes.
La copa se ha atestado de borrascas.

Abate un rayo la acera que blasfema.
Un orquestado ejército de sombras
invade la cama virgen con horror
cuando duerme la ebriedad de los tapires.
Baile de la caracola y el gusano,
en el mes de diciembre del 2001.

El agua de las nubes es el llanto
del mono que no aprende ni escarmienta.
Pesebres, truenos, lamparillas,
negocios vanamente decorados,
muñecos gordinflones
con vagas inquietudes futboleras,
pinos enanos y cacerolas de aluminio
que nunca volverán a percibir
el peso de la ceniza en su espalda.

Se compra con monedas fariseas,
una ardua devoción con rodillas maltratadas.
Se acomodan las pálidas estrofas,
sin ganas de gozar,
como asexuados presidiarios,
en la implacable falta de poesía
de otra Navidad que se acerca
y nos encuentra solos y mudos,
siete años después de la esperanza.




A todos aquellos:

A todos aquellos
que no marcan distinciones
entre bálsamo y hedor;
a todos aquellos
que tengan obsesión
por la salida mística,
a pesar de la noche del año
en que se admita;
a todos aquellos
que detestan las anáforas
y la melodía satánica,
tanto como sus caras
ajadas frente
a los espejos en liquidación
del olvido.
A los pájaros perfectos,
a las mujeres y hombres imperfectos,
a las parejas abnegadas,
a los que extinguen la llama de la libertad
y crecieron comiendo caramelos Media hora,
con la boca hambrienta de aceitunas o aventuras;
a los camaristas del crimen
con verdades ayunas de causalidad y justicia.
A los vecinos de las ceremonias
que cantan villancicos deslucidos;
a los autores de la razón de mi vida,
a los chiquillos aficionados
a escribir cartas de amor;
a los laicos feligreses del descontento popular;
a los que juegan
apostando morir en sus camas;
a los panaderos
que no arreglan televisores
y a los fabulosos electricistas
de linterna a pilas
y taladro mecánico.
A todos aquellos,
en condiciones de vivir
un día más,
bajo el sol estereotipado de primavera,
con niebla o lluvias torrenciales;
a los violadores de la Ley seca,
a reglamento;
a los comisarios de a bordo
de aviones desaparecidos
en el Triángulo de las Bermudas,
a todos los etcéteras,
sobreentendidos e implicados,
que pueblan este mundo in fine:
les encargo mi alma,
para que la salven.
De momento,
no me toca sino recordarles
que las puertas cerradas del infierno
arden en llamaradas acuciantes
y se oyen, desde lejos,
abucheos a los torturadores.
Y que sepan,
de una buena vez,
que una existencia honesta
o desquiciada
se consume
al precio promocional de un paraguas
de alquiler,
subastado en Disneylandia.





Lo duro y lo blando

Lo duro y lo blando //
¿duro o blando?
¿blando o duro? //
duro / duro /
de durar /
blando / blando…
como el agua blanda
de naranjo en flor /
naranjo en fruto /
naranjo en el color
de la naranjada /
naranja /
hada /
gracias / de nada /
blando //
entonces, como hablando /
y duro de oro /
oro de orar:
rezar / abogar / exhortar /
me ablando /
blando como blanco /
duro como piel dura /
nada dura /
mejor blando /
blandura /
la blandura dura /
dura y dura como una pila
de duracell /
cell: célula / celda /
cell: ser una célula en prisión /
¿dura o blanda? /
ser o no ser / ésa es la cuestión /
cuestión que perdura //
y ablanda a-blonda /
como rubia blonidinense /
tengo un blondo hondo /
que es naranja /
color y complementario /
del azul del cielo /
del azul del mar /
mar de martes /
de miércoles de gris ceniza /
mas sin ceniza /
ni Cenicienta /
ni Rey / ni mar / ni duro /
ni opaco /
ni suplementario /
del ángulo complementario /
con blanda ceniza del tiento /
del tiempo y del horario /
del oscuro escenario/
del diario vivir //
¿blando o duro?
duro ablando /
los tiempos son duros /
los tientos son blancos //
hay que elegir el color de la tiza
del tiempo / que atiza
su textura / su tersura /
su arco iris de bravura /
a ultranza /
con cuerpo y mente /
duramente /
mentalmente hablando
sin detener el reloj /
entrando en su grieta blanda
e infinita-mente blonda /
de un blando blanco a su lado /
iluminado por grises naranjos /
y con negros matices azulinos /
para que todos sean felices
y coman perdices /
echando raíces /
sin perder la vida
en las opciones de la vida /
para acceder sin prisa y sin tardanza /
al misterio blando de Dios.











C y A (3)









Lamentaciones por Charly García

“El dolor deletéreo del cadáver”
Los hermanos Karamazov. Fiódor Dostoievski 

Ay, colega,
poseído de murrias y extravío,
aún dudamos que seas verdadero.
Tus auténticos dobleces
reconozco
como un azar de leones,
en forma de sentencia combinada,
desde un orfelinato sin materia.
Con un vago contacto en el rocío,
furiente y destronado
por el Sumo Pontífice en la Pascua,
te exonero.

Carezco de opinión por tu persona,
cambio rima y final de ambivalencias,
pasando un mal momento.
Coronado epiléptico en pasiones,
como autor del delito intelectual
de rebeldía,
luciendo contra chivos expiatorios,
la sombra lútea,
profusa, irresponsable,
de una banda de ladrones malparidos:
Mirá que la tenemos peliaguda.

¿Perder nuestra fortuna?
¿Desdecirnos?
¿Abogar por chantajes y dineros,
que solo pueden convertir en piedra
la estatua del futuro asegurado?
¿Sentirse ese vicioso despreciable,
corrompido en trivial desasosiego?
Mejor será
mirarse en el espejo y escupir
el olor deletéreo del cadáver,
en torsión de eufonía catastrófica
con triste futilidad de occiso en el periódico,
cargando los zapatos de la inepcia
en un otoño antagónico y pluvioso.
Me quedaré sin un amigo
si viajo por mal tema susceptible,
aunque no pueda decirse
que mis viejos amigos sean amigos
pues la farsa da igual quien la gobierne
o reine desde el cielo en su liturgia.
Adulteramos tu prosa como novios
que repiten ceremonias refractarias,
con zares y monarcas,
sus mafias y adulterios,
y el doble que nos juzga en otra orilla,
alimentando con dejadez
pretéritas revoluciones eremitas
que reportan a cuatro gatos locos,
que deberían estar diciéndome
que soy un cobardón,
un infeliz con prisa,
que hace versos catárticos por tedio,
en lugar de afinar cancioneros del olvido;
pese a la defección que nos arrastre,
lejanos de la culpa
de no ser el ombligo de este mundo;
liberando a las viudas de su suerte
abyecta y miserable,
con jangadas de verbos y molienda,
sustancias clandestinas,
arriesgados a morir en áridos desiertos,
aunque crean que soy quien los demanda
con mis empresas hueras de talento,
incapaz de ser héroe o antihéroe
y sin tener salida alguna.
Maldiciendo.

Porque soy una cáscara sin jugo,
una holografía trucada por expertos.
¿Cuánto hace que estoy muerto
sin pensar en el suicidio?
No me interesa que me laven el cerebro.
No estoy de humor para embozos ni santuarios.
Las personas como nosotros,
que escamoteamos las normas morales,
arrastramos serpientes,
involuntarios homicidios,
desgravando millones, a cuestas del subsuelo,
que se reducen a un testamento de papel
y crímenes impunes,
conspirando en la inconsciencia,
vasallaje del piojoso.
Ni mi boca diserta la verdad
ni miente este turbión de repentino exabrupto
de indígena, que come con las manos,
que no sabe de higienes europeas,
encadenado en una vida que encogió
y no puede quitarse ya de encima,
aunque digan que nunca es tarde
para arrepentirse y llorar.

Soy polizonte.
Me he inventado seudónimos y máscaras,
manjares de artillería de bandidos,
relojes sin minutos ni segundos,
simulando un avaro inquisidor,
un idiota infernal,
un mezquino patológico del tiempo
que pasamos soñando en librerías;
portadores de un látigo escondido,
en pliegues de cordeles y neuronas.
Medicados.
Sin saber lo que está fuera de la piel
que nos recubre con tuberculosis,
vitíligo, pendencias o demandas.










Confidencia

“Somos nuestros propios demonios,
nos expulsamos de nuestro paraíso”
Las cuitas del joven Werther. J. W. von Goethe.

La noche, con sombrío velo,
mascarada,
acicatea nuestros emblemas legionarios.
Deambula.
Desespera.
No tengo alma que me pertenezca
ni estoy contenta.
No me seducen las tropicales brisas
de la alborada.
Bailo la milonga de los entresuelos
frente a bibliotecas afligidas.
No tengo amigos insepultos.
Ni aliados ni adversarios tengo.
No tengo discípulos que me esclavicen
ni calcetines ni tiburones,
ni amargas noches ni noches negras.
No tengo sed.
No tengo deudas.
No tengo plasma.
No sueño pesadillas de lavabo.
Llegar a ver a Dios
es mi pesimismo
y mi mortaja.
No tengo afanes de meretrices,
ni lectores inocentes,
lo digo sin sentir vergüenza.
No estoy demasiado lejos
de los muertos opulentos,
de los pobres muertos encadenados.
Sin embargo: Alerta Rojo.
No puedo dormirme todavía
Ignoro el porqué.
El demonio es plural, dice San Lucas.
La oscuridad nimba y me estalla.













Hijuela
Quien participa en el caudal del polvo,
que heredamos los nietos del dialecto,
bajado de los barcos,
en tercera,
con los bolsillos llenos de promesas
que atestiguan carencias y pudores,
exhorta al escozor;
igual que los turbios rescoldos
de brasa refractaria a las pasiones,
que queman con su fuego el vaciadero
del anticuerpo inmune,
que debe restañar la sangre
vacilante
del amor circunscripto a postulado y
prestidigitación.
Somos simples tablones de los aserraderos,
con diferentes tintes y tamaños.
Para construir muebles, hemos matado al árbol.
Para sembrar el árbol, mordimos la semilla.
La semilla del fruto,
despojado de su carne mollar,
nos dará sombra,
mientras nosotros aprendemos
a enunciar oraciones
gramaticalmente incorrectas;
invirtiendo en lunfardos de lenguas populares;
pagando en efectivo las minutas;
la venda que nos cubre
la flema y la paloma.

Hemorragia insensata por doquiera:
Adquirimos vocablos que nos sirven
para denominar al gran (Ob) Servador,
adjetivo poético de Júpiter.

La fuga de cerebros ceñida a los estrados,
donde una hijuela rompe un inventario
de bienes y de ruinas,
es una fórmula cargada de triquiñuelas,
de evasiones que desplomaron
a contraluz
su correlato: Zona franca.

Agrura esclavizada en estridencias
de “los descamisados de alpargatas”
y blondos “nenes de mamá”
que recitan discursos rutilantes,
importados de Cuba,
fabricados en las mismas tienditas
del macarrónico mercado
que exporta bancos, tiempos de hamburguesa,
malestar, bufos, mimos, cocaína,
resonancia de Hollywood,
guerra virtual, ciclones, hecatombes,
sexo, trompeta, saxo y clarinete.

Un mundo amarillento,
adoctrinado
por propaganda y lluvia a goterones,
con gemidos de turba
que rastrea al bisonte de Altamira,
y enjuga testamentos como ofrenda.

Juntos hemos creado los abismos
más horrendos,
que separan al ángulo y su espejo.

Juntos van a pastar nuestros futuros,
que marchan juntos,
con una mano atrás y otra delante.

Libertinaje

En el umbral de las palabras,
del lenguaje gestual
o la experiencia
hay una zona gris del pensamiento
en la que mora asustada
la libertad
con su manía de definición,
su despertar instintos,
sus derechos.

No hay nadie que presuma que ella existe,
ni nadie que descrea que esclavice
con su voz seductora de anfitriona
del palacio sutil de la conciencia,
la vitrina hecha añicos
de la especie animal.
Su excusa y desenfreno manifiestan
que incluye un requisito inexpugnable
en todo amoldamiento;
preconcebir la inicua contracara
de la hermética fe
que la ha prologado,
un vicio del que pocos hoy se acuerdan
que avanza lento como la hormiguita
atestada de lemas y zalemas,
y se instala en el nauseoso altar de la inminencia
que prefija amenaza
insistiendo en vulgares parecidos:

Libertinaje.
Ronquido escandaloso,
la grieta irresponsable,
el brindis de un Satán desvencijado
con frondoso historial de malas artes,
chauvinismo de una patria que excede
la audaz frontera del conflicto.

La palabra –se ha dicho- no es la cosa.
Pero, ¿cabe dudar que no lo fuera?
¿Es solo el ofertorio de un estado
de plena convicción y raciocinio?
¿Está en el núcleo de la espiga el trigo
o apenas su entrevero imaginado?
Ser libre es ser feliz.
Su pantomima
es el sable que empuña, en la emergencia,
su despropósito;
Libertinaje es visión;
el frenético barro en la cuneta,
en que mete su pies el disoluto;
el estado de angustia ante el deseo
de ser el Inmortal superviviente;
el poderoso monstruo
del reglamento aún desconocido.

La libertad está colmada de absoluto.
Es obra de los rangos superiores,
la secreta censura de los labios,
la savia de los árboles;
señal de acercamiento
del yerro y la magistratura.

El libertinaje, en cambio,
sin venda, por la ley totalitaria,
ofrece tentaciones infinitas,
en la huella perdida de lo ilícito.

Salgamos en rescate heroico,
del sustantivo oculto de sus fines.
cumpliendo una misión de humilde ética,
evitando negar sus corolarios,
que no por innombrables,
se tornan ilusorios.















C y A (3)

Metonimias raras


Calosfrío por el terror de la sangre.
Escalofrío por la emoción del túnel fantasma.
Velamen por los barcos a motor.
El vil metal por el vil dinero.
Tierra por un planeta con más agua que islas y continentes.
La pluma del cisne por la escritura mecánica.
Inconsciente por estúpido y estúpido por inconsciente.
Cociente por coeficiente (sin intelecciones intelectuales).
Coeficiente por Inteligencia, aunque nadie sepa qué es y todos la invoquen como propia.
Ausente con aviso por le exigiré una buena excusa.
Tal vez por Jamás sucederá.
Casi siempre por de vez en cuando.
De vez en cuando por casi nunca.

Y ni siquiera, por viceversa. 



Coyuntura

La muerte como una coyuntura necesaria.
Pócima que alivia el regateo
de una vida estéril, quejumbrosa,
tiene una elocuencia perentoria,
doméstica y fatal.
No hay fines sin principios,
No hay cunas sin sepulcros.
No hay dar sin desquitar.

Solo existe
la concupiscencia del hombre con su abismo.
El nítido guiño es un portento
flameando
más allá de la premura.


Cine o La Rosa Blanca  (Die weiße Rose)

El taller de Rosas blancas
trama una película en la que el protagonista
se llama Homero,
(significa: rehén de los directores del estudio,
o sea, los dioses de la pantalla,
pautada en Occidente).

Quizás, en el Monte Olimpo
morada de los artistas,
no se aprueben sus hazañas.

La luz de luciérnagas encendidas
seguirá rondando por la escenografía,
chistando secretos que destrocen su periplo,
en el territorio tortuoso
de un torbellino de electrones



Azeite pra Garotos Podres



Azeite pra Garotos Podres

Oi, tudo bem com você?

La chomba tenía el perfume
del hombre cascado en la boda.
Barato rematan los sueños
que hieden en rancias botellas.
Portaba en su lengua una espada,
de esas que cortan el viento.
Su danza ni bella ni tosca
tornaba cansada del duelo.
Crepitan aún sus estigmas
impuestos sobre una partida.
Sus manos agitan untuosas
colectas de misa de gallo.
Prosperan las fuerzas del hombre
si alcanza una voz femenina
y queda morando en la bruma
una sola pregunta en su día:

Oi, tudo bem com você? 




La humilde condición

Ser humilde no es callar
lo que uno vale o cree que vale.
Ser humilde es saber que no pertenecemos a la élite
que decide quien ha de valer
más que uno,
hasta que el mismo uno se convenza
de su impotente idoneidad creadora.

Abomino de derechas monárquicas
Y de  dictaduras tiránicas,
con ficción de campeones de la democracia.
Todos seremos El oro de los Tigres,
la rebelión de los Nosotros de Latino-américa
está a la vuelta de la esquina.

Escupiremos las bocas
de los violadores de sirenas
que relegan nuestros laureles,
a la cocina doméstica
con pollos muertos
sobre la asadera de metal
y cuelgan espejitos de colores
en los baños del subdesarrollo.

Ahora tenemos nombre y apellido,
edad, domicilio, huellas digitales,
exigimos nuestra parte en el botín.
No somos inmigrantes de este mundo.
Era hora de que algo nos pasase
a los desclasados de la historia oficial.




Aniversario
2001/ 2005

Ha pasado ya un año,
o dos, o cinco o nueve.
¿Qué importará ahora el tiempo?
La mañana estallaba con bombas y con muerte.
Los trenes despistaron vomitando su fuego.
Cielo chamuscado y sangre en nombre de Al Qaeda.
Un albañil escupe
mientras mira al infierno esperar primaveras.
No hay en el cielo pájaros ni rayitos de sol.
Heridos en combate,
víctimas en silencio y sensibles reporteros
explican la tragedia.

Las voces de los locos
que dicen la verdad,
pululan en el viento
-tampoco verás hongos putrefactos
que vengan a buscarnos-
Nostálgicos de guerra
han regado mi casa
con velos, con heridas,
pensamientos arteros
y un tango en la garganta de la musa confusa.

La infamia cede igual que la vida,
como la fiebre de los infantes.
El dolor sigue,
encuentra el eco de una mirada
amenazante y triste
ante el desaliento que dilapida la especie.






Ascesis

Si el tiempo fuera un exilio apolillado,
una hecatombe hueca,
una evidencia que exuda humores y sangre
por los poros;
si hubiera zafiedad en el genio
y un propósito sacudido
debajo de las crines de una ascesis
poco o sumamente conveniente,          
argumentaría desprecio por la virtud,
me calzaría en una piel de lagarto
en llamas,
y trocearía el níspero amarillento
de ferias y mercados,
con la nocturnidad convicta
del buhonero que despelleja chucherías,
memez y bagatelas,
bajo los tinglados de su tienda.
Y sin decir ni mu,
juraría
que soy más ingenua de lo que soy
o parezco.



La musa de Dalí
De espalda al Universo rescatada,
oculta su expresión de amada inerte,
una musa que estaba acostumbrada
a ser sombra de Onán, hasta la muerte,

con apego ritual se nos subvierte
en arpa salvadora de la Nada.
Desgrana desazón y echa a la suerte
la trama del revés de la mirada.

Dalí la escamotea, por los celos.
Tapa el rostro, con manto presuntuoso
de repudio andaluz, al invasor.

El grito de la viuda está en los cielos,
vengándose del genio de su esposo,
para que nadie alegue que fue amor.




La travesura

Como es el mapamundi una imprudencia,
un simple pied-a-terre de los fantasmas,
minúsculo mojón de una galaxia
que solo Dios sabrá…
me cubro con banderas de insurgentes,
contemplo mi herradura y mi amuleto,
con suave taquicardia,
y en pleno mediodía, hago abluciones,
desasosiego intenso y turbias ganas,
elucubrando
que estoy en otro tiempo de la historia,
viajando entre pasados y futuros,
batiéndome en ataques
con bancos de pirañas de hirsuta cabellera
o ardiendo en archipiélagos
con nombres de individuos
que sorben biberones con porfía de atletas:

Pessoa, Samaniego,
Keats, Coleridge, Tim Jones o Garcilaso.
Y todo es tan extraño,
tan vivo y tan caliente,
que apenas me sostengo ante esta travesura,
relámpago de un sueño intraducible
al dialecto de los cronistas
del berrido de siervos reclutados.
Demás está agregar,
a quemarropa,
que mi ansiedad no calma,
aturdida en cuadernos de bocetos
que nunca llegarán a ser poemas.



El cajón de los Odriozola
A Luis y Miguel.

Otra vez un cajón cerrado
envuelto en una bandera.
Otra vez sopa.
El teatro popular es una feria,
un puñado de gentes con harapos,
llorando su destino venenoso,
rogando por honor y por ventura,
su bruta pertenencia
mojada de sudor y de miserias.
Con lenguaje modesto,
el cutis arrugado,
en lágrimas estallan muchedumbres,
aguardando piadosas,
el boom de economías fracasadas.
Unidad de compuesta arquitectura
que el féretro masacra
con secretos a voces,
con mentiras gentilmente ilustradas.
¿De qué tamaño es el dolor de un pueblo
con las piernas atadas y el ánimo en el piso?

En estos tiempos incautados
por la alergia al trabajo y al esfuerzo,
con prósperas mansiones,
lujosos edificios
y coches de alta gama para ricos,
la tendencia es mirar cómo nos joden
con fraudes por tevé.

La propaganda
se ha vuelto Poderosa Caballera.
Tu amigo necesita una heladera.
Tu padre no ha alcanzado a pensionarse.
Tus hijos no reclaman tu presencia
sino el móvil que adorna una vidriera.
Y si tienes pareja te perturban:
el alquiler, la ropa, la despensa
y el diagrama del plan para los viejos,
los pobres olvidados de esta saga.
Podrás hablar de sexo o practicarlo
con un vecino adúltero,
seas hombre o mujer, les da lo mismo.
Tu libertad de herencia de motines
por talas pornográficas
afloja y se achicharra.
El peso de una cárcel que vigila
con grillos y grilletes
tu optimismo,
podrás soltarlo cuando un gol de Messi,
le permita comprar un pie de oro,
al hijo de mil putas que te engaña.



Mujer


Herida al corazón.
Buena noticia.
Estampa sucedánea.
Providencia. Paraguas.
Escollera del sol.
Oleaje sin remedio.
Ánfora insigne.
Prologuista del cuento.
Antibiótico de almas.
Floración del otoño.
Alegoría. Insania.
Violín de cuerdas rotas.
Lectora de novela inverosímil.
Laguna condensada.
Resaca del borracho.
Aedo. Antifaz. Hielo.
Fruición de la elocuencia.
Molino del Quijote.
Ventosa. Cataplasma.
Tauromaquia del lance.
Chirigota de un dios.
Hebra del viento.
Algarrobo.
Pamplina de canarios.
Comezón. Urticaria.
Carrusel.
Acuarela.
Ditirambo gozoso.
Cresta de la explanada.
Semilla. Pulpa. Fruta.
Oro. Sepia. Turquesa.
Vestal desesperada.
Canción para el domingo.
Doctrina apostrofada.
Rincón. Madera. Nervio.
Zumbona. Paliativo.
Llanto sin lágrimas.
Ladrón de guante blanco.
Cesura huidiza de bohemia canalla.
Andina criatura.
Modélica. Retruécano.
Felina amancebada.
La novia del diablo.
La madre acuchillada.
Fugitiva tormenta.
Dueña del Hades. Cólera.
Matorral. Corderita.
La rosa ensalivada.
Dique. Alondra. Paisaje.
Corpiños con encaje.
Polen de trigo.
Almendra.
Savia. Golem. Belleza.
Antítesis del hambre.
Paloma amordazada.
Paradoja. Proeza.
Algoritmo de nubes.
Mutual.
Copa de vino.
Cristal.
Piel. Redundancia.
Con cierto desconcierto.
Erótica. Selvática.
Riñones del poeta.
Mitológico Grifo.
Telescopio de Marte.
Tregua. Caos. Ovillo.
La Maja desnudada.
Traidora de los presos
expertos en escapes.
Hoz. Martillo. Guadaña.
Suburbio. Mar. Leyenda.
El empeño de amarte.
Centinela. Guardiana.
Morena vehemencia.
Diluvio. Partitura.
Afuera/adentro/ al lado.
Sotana purpurada.
Testigo. Amor. Intríngulis.
Sortija. Centinela.
La tácita nostalgia.
Almohada de los besos.
Resorte. Gubia. Cábala.
Bargueño con herrajes.
San Telmo. Casablanca.
Subrepción del gerundio.
Refutación. Hornalla.
Madrastra. Cenicienta.
Dedal de los enanos.
Incertidumbre. Danza.
Conjetura del cielo.
Desvelo. Benjamina.
Manual de noches largas.
Adiós. Adioses. Yunque.
Mareas. Triquiñuela.











Hombre (26 versos)

Hombre tatuado en la espalda,
el síntoma indefinible
en transverberación mundana.
Báscula por terciopelo,
suplicio de piel arcaica.
Susceptible, susceptible
Máscara en relieve báquico,
rebosamiento y botana.
Exánime cabildeo.
Barniz de perfil acuático:
Mar y ajo, tierra y mimbre,
Catedral de unción de alas
contra tornados de viento.

Te debía estas estrofas,
aguda sal de las pampas,
Equinoccio de compases
al compás de pez y raya,
cifrada en occidentales
equívocos de la infamia.
Licor de gustos exóticos
en el bar de los vocablos.
Salud, verdad, par con cielo,
musical juego entusiasta,
Colibrí al revés, machete,
compañero  compañero,
Alud de los epigramas.







Fabricando un poema

Encontré un montón de buenas palabras,
materia prima imprescindible
para fabricar un poema.
Les quité el polvo.
Las ordené sobre el escritorio, en fila india.
Les planté una escarapela sobre el cuerpo mórbido
y me dispuse a escribir
con la seguridad del oficio
y la inspiración bajo el brazo.

Varios días las prediqué:
Corazón de María. Madre nuestra…
Pero, el poema no aparecía.

El deber llamó a mi ventana:
Pagar la cuentas,
procurarme el sueldito,
barrer los pisos.
Subsumir la dignidad en diario memorándum.
(Sucundum, sucundum).
En fin, ejemplos triviales.
La cotidianidad de la no-muerte
en empeños domésticos.

La imposibilidad de lo imposible
y las filtraciones de la lengua
me dejaron varada
en un célebre primer plano,
con lo inaudito del ritmo,
lo inaudible del tópico,
la tibia disciplina
del principio de la frontera oculta.

Volví a la mesa de trabajo.
con visiones ilusorias
y multiplicidad de ejemplos,
que hirieron de repente
con su simple brizna,
condición e intervalos
de vanas herejías.

Travesía dorada de arbitrario epicentro.
Corpus en remisión.
Argumento, distracto y guía.
Suplirnos vulnerando el tedio.
Trillón de enigmas
tirados al azar en la hoja seca.

Intentar lo intenté.
muriendo en la constancia,
con carta lacrada,
pulsador y timbre.
con traje y en camisa de franela,
con novilunio, sol, tormento lento.
Con vestidos de seda
he tentado a mi musa
encallada en la cumbre de montañas y aludes,
en el aire borroso de ríos esplendentes,
en físicas planicies y cataratas áureas.

Inútil pasatiempo.
El poema no arriba.
Contumaz, vagabundo.
El poema no arriba.
El poema se encharca, se enloda, se abandona.
Se pierde en los tropismos,
araña las orugas,
gatea como un crío,
desciende al sumidero.

Lo poeta se cansa.
Comprende que la vida es mariposa
horizontal y efímera,
embriagada en botas de vino.
La poeta abandona.
Comprende que no escribe la palabra,
escribe la presencia.
Comprende que sin el palmo amado,
sin la boca cercana de su beso
la falla torna en grieta
y el calor lo consume.

La intentona colapsa.
Mañana, seguiremos al acecho.




C y A (2)



El bogavante


Como un crustáceo
apareado en las batientes del mar encrespado,
el dueño de la linterna mágica
juzga sagrado su utensilio similar al boscaje abominable.
Los cascabeles andrajosos
campanillean desde una pianola mestiza.
¿Qué nereida profanará al güelfo
ungido capitán de los denostados océanos personales?






Perdedores
Quien busca, encuentra;
quien olvida, pierde.


Libertad
¡Viva la Libertad!
¡Vive la Libertad!
Baba de Libertad.
Bebe la Libertad boba de Libertad.

Relato certísimo y fortísimo

Un tipo publica, con el aporte de sus lectores, una novela mediocre, y exclama:
"Hoy es un gran día para la Humanidad."
Fin del cuento.

Capítulo: Absurdidades

One.
Vacilar de sombras la tierra,
abrir una puerta
y echar a volar
como un zorzal asustado.

Two.
Pintar con el insomnio
las manos que
dibujen tu retrato.


Three.
Viraje inapropiable
de labios secos
entre luz y pantano.
Four
Propalar
retóricas remotas
y abstenerse.

Five.
Zurrar al papagayo:
ave
pez
planta
víbora
charlatán
o
denunciador

Six.
En el cielo azul
hay un martillo/
en el martillo
una corona/
en la corona
una caída.

Momentito.
Aquí no ha pasado nada.






Trastrueque

Brújula chillona con dedos escandidos.
Torpor, torpeza, torcedura torcida de los tuertos.
Las malas yuntas se retoban
y obsesionan con la intrascendencia del destino.
Adulterio de los hipocampos.
Cambian, mudan, permutan y comercian
relicarios por chorizos colorados.
Confunden devenir con epopeya.
Confunden cóndores con adefesios glaciales.
Confunden la vida con la muerte
porque creen que vivir es una operación mercantil
y lucrativa.




Comentario poetizado sobre las nuevas tecnologías



Tengo blogs/
tengo facebook/
tengo twitter /
tengo instagram/
tuve flog/
tuve foros/
tengo I Pad/
tendré I Phone/
tengo página web-pyme/
tengo cientos de mails
en decenas de servidores,
cuya contraseña olvidé/
yo tuve cuenta en youtube
-adviértase la sutiliza del chiste-
tengo paciencia... /
impaciencia/
(de lo contrario ya habría matado a varios muchos)
y escribo como se me da la gana
porque para eso soy poeta.

No tengo móvil, pero tengo cortada.
No tengo celular, pero tengo muscular.
No tengo verdades,  pero razón  tengo.
No tengo corazón pero tengo auricular.

No tengo plata pero, vamos... así cualquiera.

tengo el vinilo... el vinilo...
el vinilo y el vinillo siempre andan juntos.

ah...y tengo si di

que es el único modo de tener. 




Suma
Suma y resuma,
suma y sigue,
sume, subsume,
consume,
rezuma y racimo,
amaracino en mora,
mejora que ahora
ya es hora,
resina, res ahúma,
Recemos- Aún res hemos,
ser: / semos /
ser: somos.
Somos sumos,
y zumos amáracos,
y humos atávicos
e insumos heráldicos.
Cenemos.
Cercenemos.