jueves, 25 de febrero de 2016

C y A (3)

Metonimias raras


Calosfrío por el terror de la sangre.
Escalofrío por la emoción del túnel fantasma.
Velamen por los barcos a motor.
El vil metal por el vil dinero.
Tierra por un planeta con más agua que islas y continentes.
La pluma del cisne por la escritura mecánica.
Inconsciente por estúpido y estúpido por inconsciente.
Cociente por coeficiente (sin intelecciones intelectuales).
Coeficiente por Inteligencia, aunque nadie sepa qué es y todos la invoquen como propia.
Ausente con aviso por le exigiré una buena excusa.
Tal vez por Jamás sucederá.
Casi siempre por de vez en cuando.
De vez en cuando por casi nunca.

Y ni siquiera, por viceversa. 



Coyuntura

La muerte como una coyuntura necesaria.
Pócima que alivia el regateo
de una vida estéril, quejumbrosa,
tiene una elocuencia perentoria,
doméstica y fatal.
No hay fines sin principios,
No hay cunas sin sepulcros.
No hay dar sin desquitar.

Solo existe
la concupiscencia del hombre con su abismo.
El nítido guiño es un portento
flameando
más allá de la premura.


Cine o La Rosa Blanca  (Die weiße Rose)

El taller de Rosas blancas
trama una película en la que el protagonista
se llama Homero,
(significa: rehén de los directores del estudio,
o sea, los dioses de la pantalla,
pautada en Occidente).

Quizás, en el Monte Olimpo
morada de los artistas,
no se aprueben sus hazañas.

La luz de luciérnagas encendidas
seguirá rondando por la escenografía,
chistando secretos que destrocen su periplo,
en el territorio tortuoso
de un torbellino de electrones



Azeite pra Garotos Podres



Azeite pra Garotos Podres

Oi, tudo bem com você?

La chomba tenía el perfume
del hombre cascado en la boda.
Barato rematan los sueños
que hieden en rancias botellas.
Portaba en su lengua una espada,
de esas que cortan el viento.
Su danza ni bella ni tosca
tornaba cansada del duelo.
Crepitan aún sus estigmas
impuestos sobre una partida.
Sus manos agitan untuosas
colectas de misa de gallo.
Prosperan las fuerzas del hombre
si alcanza una voz femenina
y queda morando en la bruma
una sola pregunta en su día:

Oi, tudo bem com você? 




La humilde condición

Ser humilde no es callar
lo que uno vale o cree que vale.
Ser humilde es saber que no pertenecemos a la élite
que decide quien ha de valer
más que uno,
hasta que el mismo uno se convenza
de su impotente idoneidad creadora.

Abomino de derechas monárquicas
Y de  dictaduras tiránicas,
con ficción de campeones de la democracia.
Todos seremos El oro de los Tigres,
la rebelión de los Nosotros de Latino-américa
está a la vuelta de la esquina.

Escupiremos las bocas
de los violadores de sirenas
que relegan nuestros laureles,
a la cocina doméstica
con pollos muertos
sobre la asadera de metal
y cuelgan espejitos de colores
en los baños del subdesarrollo.

Ahora tenemos nombre y apellido,
edad, domicilio, huellas digitales,
exigimos nuestra parte en el botín.
No somos inmigrantes de este mundo.
Era hora de que algo nos pasase
a los desclasados de la historia oficial.




Aniversario
2001/ 2005

Ha pasado ya un año,
o dos, o cinco o nueve.
¿Qué importará ahora el tiempo?
La mañana estallaba con bombas y con muerte.
Los trenes despistaron vomitando su fuego.
Cielo chamuscado y sangre en nombre de Al Qaeda.
Un albañil escupe
mientras mira al infierno esperar primaveras.
No hay en el cielo pájaros ni rayitos de sol.
Heridos en combate,
víctimas en silencio y sensibles reporteros
explican la tragedia.

Las voces de los locos
que dicen la verdad,
pululan en el viento
-tampoco verás hongos putrefactos
que vengan a buscarnos-
Nostálgicos de guerra
han regado mi casa
con velos, con heridas,
pensamientos arteros
y un tango en la garganta de la musa confusa.

La infamia cede igual que la vida,
como la fiebre de los infantes.
El dolor sigue,
encuentra el eco de una mirada
amenazante y triste
ante el desaliento que dilapida la especie.






Ascesis

Si el tiempo fuera un exilio apolillado,
una hecatombe hueca,
una evidencia que exuda humores y sangre
por los poros;
si hubiera zafiedad en el genio
y un propósito sacudido
debajo de las crines de una ascesis
poco o sumamente conveniente,          
argumentaría desprecio por la virtud,
me calzaría en una piel de lagarto
en llamas,
y trocearía el níspero amarillento
de ferias y mercados,
con la nocturnidad convicta
del buhonero que despelleja chucherías,
memez y bagatelas,
bajo los tinglados de su tienda.
Y sin decir ni mu,
juraría
que soy más ingenua de lo que soy
o parezco.



La musa de Dalí
De espalda al Universo rescatada,
oculta su expresión de amada inerte,
una musa que estaba acostumbrada
a ser sombra de Onán, hasta la muerte,

con apego ritual se nos subvierte
en arpa salvadora de la Nada.
Desgrana desazón y echa a la suerte
la trama del revés de la mirada.

Dalí la escamotea, por los celos.
Tapa el rostro, con manto presuntuoso
de repudio andaluz, al invasor.

El grito de la viuda está en los cielos,
vengándose del genio de su esposo,
para que nadie alegue que fue amor.




La travesura

Como es el mapamundi una imprudencia,
un simple pied-a-terre de los fantasmas,
minúsculo mojón de una galaxia
que solo Dios sabrá…
me cubro con banderas de insurgentes,
contemplo mi herradura y mi amuleto,
con suave taquicardia,
y en pleno mediodía, hago abluciones,
desasosiego intenso y turbias ganas,
elucubrando
que estoy en otro tiempo de la historia,
viajando entre pasados y futuros,
batiéndome en ataques
con bancos de pirañas de hirsuta cabellera
o ardiendo en archipiélagos
con nombres de individuos
que sorben biberones con porfía de atletas:

Pessoa, Samaniego,
Keats, Coleridge, Tim Jones o Garcilaso.
Y todo es tan extraño,
tan vivo y tan caliente,
que apenas me sostengo ante esta travesura,
relámpago de un sueño intraducible
al dialecto de los cronistas
del berrido de siervos reclutados.
Demás está agregar,
a quemarropa,
que mi ansiedad no calma,
aturdida en cuadernos de bocetos
que nunca llegarán a ser poemas.



El cajón de los Odriozola
A Luis y Miguel.

Otra vez un cajón cerrado
envuelto en una bandera.
Otra vez sopa.
El teatro popular es una feria,
un puñado de gentes con harapos,
llorando su destino venenoso,
rogando por honor y por ventura,
su bruta pertenencia
mojada de sudor y de miserias.
Con lenguaje modesto,
el cutis arrugado,
en lágrimas estallan muchedumbres,
aguardando piadosas,
el boom de economías fracasadas.
Unidad de compuesta arquitectura
que el féretro masacra
con secretos a voces,
con mentiras gentilmente ilustradas.
¿De qué tamaño es el dolor de un pueblo
con las piernas atadas y el ánimo en el piso?

En estos tiempos incautados
por la alergia al trabajo y al esfuerzo,
con prósperas mansiones,
lujosos edificios
y coches de alta gama para ricos,
la tendencia es mirar cómo nos joden
con fraudes por tevé.

La propaganda
se ha vuelto Poderosa Caballera.
Tu amigo necesita una heladera.
Tu padre no ha alcanzado a pensionarse.
Tus hijos no reclaman tu presencia
sino el móvil que adorna una vidriera.
Y si tienes pareja te perturban:
el alquiler, la ropa, la despensa
y el diagrama del plan para los viejos,
los pobres olvidados de esta saga.
Podrás hablar de sexo o practicarlo
con un vecino adúltero,
seas hombre o mujer, les da lo mismo.
Tu libertad de herencia de motines
por talas pornográficas
afloja y se achicharra.
El peso de una cárcel que vigila
con grillos y grilletes
tu optimismo,
podrás soltarlo cuando un gol de Messi,
le permita comprar un pie de oro,
al hijo de mil putas que te engaña.



Mujer


Herida al corazón.
Buena noticia.
Estampa sucedánea.
Providencia. Paraguas.
Escollera del sol.
Oleaje sin remedio.
Ánfora insigne.
Prologuista del cuento.
Antibiótico de almas.
Floración del otoño.
Alegoría. Insania.
Violín de cuerdas rotas.
Lectora de novela inverosímil.
Laguna condensada.
Resaca del borracho.
Aedo. Antifaz. Hielo.
Fruición de la elocuencia.
Molino del Quijote.
Ventosa. Cataplasma.
Tauromaquia del lance.
Chirigota de un dios.
Hebra del viento.
Algarrobo.
Pamplina de canarios.
Comezón. Urticaria.
Carrusel.
Acuarela.
Ditirambo gozoso.
Cresta de la explanada.
Semilla. Pulpa. Fruta.
Oro. Sepia. Turquesa.
Vestal desesperada.
Canción para el domingo.
Doctrina apostrofada.
Rincón. Madera. Nervio.
Zumbona. Paliativo.
Llanto sin lágrimas.
Ladrón de guante blanco.
Cesura huidiza de bohemia canalla.
Andina criatura.
Modélica. Retruécano.
Felina amancebada.
La novia del diablo.
La madre acuchillada.
Fugitiva tormenta.
Dueña del Hades. Cólera.
Matorral. Corderita.
La rosa ensalivada.
Dique. Alondra. Paisaje.
Corpiños con encaje.
Polen de trigo.
Almendra.
Savia. Golem. Belleza.
Antítesis del hambre.
Paloma amordazada.
Paradoja. Proeza.
Algoritmo de nubes.
Mutual.
Copa de vino.
Cristal.
Piel. Redundancia.
Con cierto desconcierto.
Erótica. Selvática.
Riñones del poeta.
Mitológico Grifo.
Telescopio de Marte.
Tregua. Caos. Ovillo.
La Maja desnudada.
Traidora de los presos
expertos en escapes.
Hoz. Martillo. Guadaña.
Suburbio. Mar. Leyenda.
El empeño de amarte.
Centinela. Guardiana.
Morena vehemencia.
Diluvio. Partitura.
Afuera/adentro/ al lado.
Sotana purpurada.
Testigo. Amor. Intríngulis.
Sortija. Centinela.
La tácita nostalgia.
Almohada de los besos.
Resorte. Gubia. Cábala.
Bargueño con herrajes.
San Telmo. Casablanca.
Subrepción del gerundio.
Refutación. Hornalla.
Madrastra. Cenicienta.
Dedal de los enanos.
Incertidumbre. Danza.
Conjetura del cielo.
Desvelo. Benjamina.
Manual de noches largas.
Adiós. Adioses. Yunque.
Mareas. Triquiñuela.











Hombre (26 versos)

Hombre tatuado en la espalda,
el síntoma indefinible
en transverberación mundana.
Báscula por terciopelo,
suplicio de piel arcaica.
Susceptible, susceptible
Máscara en relieve báquico,
rebosamiento y botana.
Exánime cabildeo.
Barniz de perfil acuático:
Mar y ajo, tierra y mimbre,
Catedral de unción de alas
contra tornados de viento.

Te debía estas estrofas,
aguda sal de las pampas,
Equinoccio de compases
al compás de pez y raya,
cifrada en occidentales
equívocos de la infamia.
Licor de gustos exóticos
en el bar de los vocablos.
Salud, verdad, par con cielo,
musical juego entusiasta,
Colibrí al revés, machete,
compañero  compañero,
Alud de los epigramas.







Fabricando un poema

Encontré un montón de buenas palabras,
materia prima imprescindible
para fabricar un poema.
Les quité el polvo.
Las ordené sobre el escritorio, en fila india.
Les planté una escarapela sobre el cuerpo mórbido
y me dispuse a escribir
con la seguridad del oficio
y la inspiración bajo el brazo.

Varios días las prediqué:
Corazón de María. Madre nuestra…
Pero, el poema no aparecía.

El deber llamó a mi ventana:
Pagar la cuentas,
procurarme el sueldito,
barrer los pisos.
Subsumir la dignidad en diario memorándum.
(Sucundum, sucundum).
En fin, ejemplos triviales.
La cotidianidad de la no-muerte
en empeños domésticos.

La imposibilidad de lo imposible
y las filtraciones de la lengua
me dejaron varada
en un célebre primer plano,
con lo inaudito del ritmo,
lo inaudible del tópico,
la tibia disciplina
del principio de la frontera oculta.

Volví a la mesa de trabajo.
con visiones ilusorias
y multiplicidad de ejemplos,
que hirieron de repente
con su simple brizna,
condición e intervalos
de vanas herejías.

Travesía dorada de arbitrario epicentro.
Corpus en remisión.
Argumento, distracto y guía.
Suplirnos vulnerando el tedio.
Trillón de enigmas
tirados al azar en la hoja seca.

Intentar lo intenté.
muriendo en la constancia,
con carta lacrada,
pulsador y timbre.
con traje y en camisa de franela,
con novilunio, sol, tormento lento.
Con vestidos de seda
he tentado a mi musa
encallada en la cumbre de montañas y aludes,
en el aire borroso de ríos esplendentes,
en físicas planicies y cataratas áureas.

Inútil pasatiempo.
El poema no arriba.
Contumaz, vagabundo.
El poema no arriba.
El poema se encharca, se enloda, se abandona.
Se pierde en los tropismos,
araña las orugas,
gatea como un crío,
desciende al sumidero.

Lo poeta se cansa.
Comprende que la vida es mariposa
horizontal y efímera,
embriagada en botas de vino.
La poeta abandona.
Comprende que no escribe la palabra,
escribe la presencia.
Comprende que sin el palmo amado,
sin la boca cercana de su beso
la falla torna en grieta
y el calor lo consume.

La intentona colapsa.
Mañana, seguiremos al acecho.




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