miércoles, 17 de febrero de 2016

No hay ladrido sin perro.



No hay ladrido sin perro.
Pero hay perros con bozales, enmudecidos por sus dueños.

No hay combinación de palabras que no sature.
Pero hay accidentes gramaticales y matices sintácticos que son colores que obnubilan y ciegan.

No hay tegumento que no se torne piel o escama con el tiempo.
Pero no hay órgano sin tegumento para sostenerlo.

No hay canción que no culmine en silencio.
Pero no hay final sin haber escuchado el último compás.

No hay amor que dure un segundo, que no haya besado con la mirada.

No hay amor que dure cien años, ni cuerpo que lo soporte.

No hay amor que no sea ladrido, lenguaje, membrana, canción, mirada, porque no hay amor por pequeño que sea que no haya atravesado siglos de humanidad ardiente.


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