domingo, 14 de febrero de 2016

Nuevos poemas de serie Rocío


1.-

El poder de la ciencia colapsa cada vez
que tú y yo quedamos para encontrarnos
en la casa del adulterio.
Mi boca lleva puesto el candado
de la discreción
edificada sobre la roca indemne.
Sueños compartidos al azar.
Donde estén nuestros cuerpos abrazados
ahí se juntarán los buitres escogidos
y harán nido.
No mienten los relámpagos
que acribillan con su resplandor
e iluminan nuestra cueva
con las huestes de su llamarada
como una revolución ministerial.



2.-

Todo los que nos ocurre
sucede para siempre.
El velo que recubre nuestros rostros
parece una carta de recomendación
que nos niega y nos protege.
Cuando los hombres primitivos
creían que la tierra era el centro del universo,
yo soñaba con un sexo dorado.
El séptimo día Dios descansó
para que nosotras fuéramos
la tentación del paraíso,
y nos dejó clavado el aguijón
de las revelaciones celestes.




3.-


Mi amante me busca,
oye el rumor de mis pasos silentes,
me alborota
con el delirio de su imaginación.
Mi amante, con su espíritu sublime,
me ha dado más de lo que tuve
tras su fuga primeriza,
la única vez que
nos acostamos al pie de una montaña
con musgo y humedades titubeantes.
Escondidas como búhos en la noche
las divinidades oscilan
entre la dicha y el desvanecimiento,
como si esa misma sustancia
nos dictase la trama indisoluble:
El jardín de las delicias.




4.-

Todo cuanto existe en el cielo y en la tierra,
en el más allá, en los negros agujeros
de ondas gravitacionales,
el fin de lo creado, sus volutas,
nos distrae del buen camino del amor entero.
Cuando fui un abejaruco pequeño
los apóstoles del orden me arrestaron.
Mordí mi humillación por ser distinta.
Cuando mi amado arribó
los metió presos.
Mi padre nunca quiso admitir su omnipresencia.
La espuma rojiza de su furia,
liquida las deudas
de mi incierto futuro en libertad.



5.-

"Porque mientras cantaba
le salió de la boca 
un ratón colorado",
respondió Fausto a Mefistóteles,
Inevitable recuerdo de mi viejo,
cantando, desafinando,
confundiendo sus ratones
con los del mismo diablo de Goethe.
Satanás con su eterna misericordia
no le pidió permiso
para sacudir el trigo de su astucia.
Otros recogieron su siembra,
mas los granos cayeron en las áridas tierras
que sienten asco por el pan
que alimenta a los muertos,
muy a pesar suyo.
Lo que sucederá entre las deidades
no puedo sospecharlo
con mi pobre estructura
que solo sabe cantar himnos a la aurora,
esperando las cenizas
de una ciudad poblada de insomnio.














Tratando de imitar a la magnífica poeta argentina Lucía Angélica Folino

Rocío Martínez Oliart



A Lucía, por haber sido la musa de mi papá - Joaquín Sabina, como ya sabéis, que se ha hecho millonario gracias al talento de ella (http://porelamordeunamina.blogspot.com)






Poemas sin título

1

Hay un tejado con tres ojos juzgadores
frente al que crecen frases;
frases que se creen versos
y, a veces,
versos que se creen poemas.
Y allí se arremolinan en las ramas
para los huesos de una muñeca rota
a la que la poesía visita,
casi siempre,
por las noches.



2

El tren ha ondulado entre los arbustos
culebra que se esconde y busca su camino bajo tierra,
y desaparece.
Todos los que venían detrás fueron siguiendo,
uno a uno hasta que no quedaron trenes.
Expertos en la especie aseguran que, aunque sin precedentes,
se trata de una migración estacional a tierras cálidas;
Nos dicen "No perdáis las esperanzas, volverán en primavera
o en verano".
Sin embargo, la ciudad muestra la imagen
de las vías desiertas
como los huesos hallados en el campo
de un animal comido por los lobos
y los trabajadores pasean los domingos
perplejos (como quien acaba de entrar en la edad adulta)
explorando su nuevo territorio,
por donde, de cuando en cuando, una ambulancia
lanza un chillido que
-almas melancólicas-
confunden con el silbato del tranvía.


3

Anoche la ciudad desapareció en la niebla,
retrocedió poco a poco
hasta tener cubierta la huida,
y los trenes invisibles
eran un estremecimiento
que sonaba como una amenaza,
y yo no me atrevía
a sacar la mano por la ventana
temiendo encontrar en su lugar un puñado de humo naranja.


4

Entre Madrid y Extremadura,
si estás atento,
si diriges la vista a la ventana
en el momento exacto,
están los cementerios de tractores.
Es extraño
esas máquinas, temibles en vida,
aparecen apiñadas en cautiverio
con las garras en alto pero inertes,
conforman una estampa melancólica
como si desertaran de una fotografía.
Decrépito rebaño que muestra sus amarillos dientes
ya sin amenaza alguna.


5

Todo empezó en una bañera caliente
con un vientre preñado de nostalgia,
de allí fueron creciendo ramas y raíces
en todas direcciones:
Un nudo de quebradizas ramas que se extiende
buscando escapatoria por los dedos,
hacia dónde,
no se sabe.



6

He perdido la voz, no la conozco,
no es posible que sea la que agrieta,
en algún lado estará, he de encontrarla
debe tener luz propia, ha de salvarme.



7

De repente crecen flores donde había cerraduras,
los recuerdos se apolillan tras la puerta,
cruje el techo del desván y los huesos se derrumban:
la memoria quedó muerta bajo sus cimientos.


8

La soledad iba por dentro
porque no vivía (como ellos creían)
colgada del cuerno de la luna,
sino que era su cráter
extraviada entre gente,
confundida en las pausas,
sigilosa en el alma,
famélica de besos.
Le dolía el fulgor y no entendía,
le pesaba esa luz y, ante la inquietud,
callaba...

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