domingo, 26 de junio de 2016

La verdad



¿Quieren que les diga la verdad de la verdad,

pero toda la verdad y nada más que la verdad?

No. Mejor no. 

No debemos matar a la cigüeña.

martes, 7 de junio de 2016

Sin hacer tanta alharaca



A ciencia cierta,
y sin hacer tanta alharaca
entramos al futuro del pasado
cual nobles vagabundos
de una estirpe apodíctica del miedo,
reticente,
crujiente y atonal,
en aras de una vida sin retorno.

La caravana aplaude
dejándose atrapar por la sevicia
de un sentimentalismo degradado,
lloricas episódicos
con una perspectiva letárgica
y ausente
confunden con su esgrima
la parálisis.


Antiguos enanismos perfunctorios
de extrema recurrencia*
farfullan sus lecturas subrepticias.
El mundo gira en forma
y se descula el porvenir
mientras vamos recuperando
palabras olvidadas,
por temor a que caigan en el pozo comarcal
y sigan siendo fúnebres testigos
del sueño de una noche de verano.


 // vehemencia //de putrefacción ingenua // de extraña incertidumbre

viernes, 3 de junio de 2016

¿Qué quieren las mujeres?

I-


No quiero ser la madre de tus hijos
-implacable educadora
que vas a presentar con orgullo a tus colegas-

No quiero ser la musa que alimenta
tus obras de arte.
(Siempre creí que el destino
de Beatrice o Laura
era peor que el de una esclava ateniense).

No quiero ser la amiga que
te palmea la espalda
cuando me entero que tuviste sexo
con una secretaria cortés,
ni la mujer de tus oraciones,
ni la proveedora del hogar
y menos quiero ser la abuelita
que te guía por el buen camino,
elige tu ropa
¿qué se pone? ¿qué se pone?
Ya tengo un sol y mis cincuenta estrellas
de las qué ocuparme.

No quiero ser tu perrita,
que me saques a pasear los domingos
con bozal y soga al cuello,
caminando, caminando...

No quiero ser la corista
que te excita en el Maipo
ni la poeta que te escribe
cartas de amor
en sobres ecológicos
con una rosa dentro.

No quiero ser la perfecta cocinera
de una olla a presión,
la chica de la limpieza de los sábados,
la enfermera de la familia,
la modelo de pasarela
con los dos trapitos que me compré
en la Feria americana,
ni ser tratada como una niña.

Tampoco quiero ser la esposa rica
nada benevolente y frívola
que viajará a Milán
igual que Su Jiménez
a gastar en lo que no necesita.

Tomá nota.
no quiero que me pagues
ni que me cobres,
que me regales ni que inviertas en mí,
que me vendas vanidades,
morbo, prestadas mentiras,
cerámica rota por la rutina,
lapiceras que manchen los dedos,
sopa de cubitos
en restaurantes de cuatro tenedores.

No quiero humo del cigarrillo
ni colillas en el cenicero que me lo recuerden.

No quiero que te vayas
ni que vuelvas temprano
que me grites o te calles.
No quiero que me ames
ni que me dejes de amar.

No insistas.
Nunca vuelvas a decirme:
“Lo siento” “Te eché de menos”, “Fue mi culpa”.

No quiero, no quiero ser
perdonavidas.

¿Qué quiero me preguntas?
Que me trates como a una mujer.

¿Es mucho pedir?