lunes, 25 de julio de 2016

Que nadie se entere que te amo

                                                                                                  A Jaime Sabines.




No quisiera que nadie se entere que te amo.
No somos nuestros dueños.
Ay, oscuro destino
de andarnos por ahí ocultos en la niebla rumiante.
Te llamo y te reclamo
sin restricciones torpes de inmanente asistencia.
Amigos, los de antes.
Hoy solo habrá personas que acometen con juicios
los años que no viven por ver la mugre ajena,
oler la ropa sucia,
mancharse con su fango,
decomisar sus heces para el goce promiscuo. 

Funciona el mecanismo que expulsa al disconforme.
Sí, sí: estamos vedados,
estamos mutilados,
asados en parrillas que chamuscan la carne,
mas sin embargo, siempre,
-a veces casi siempre-,
en brutal recaída,
cerramos los portales y levantamos muros
para andar en chancletas
sin que miedo nos venza.

Prescriben los delitos,
los ricos siguen ricos, los pobres se empobrecen,
se cambian los felpudos,
y todavía andamos por las ramas erectos,
el pensamiento en ascuas
sensibles y ostensibles al beso de las lenguas
y la pasión privada,
para que nadie sepa del tórrido secreto
que chilla su proclama.




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