viernes, 12 de agosto de 2016

TROVA (La envidia)



La envidia







Aunque él se llamara Horacio

lo apodaban: Parisién.

Fue la envidia del gimnasio.

Se ve que era un niño bien.



Por la facha que tenía

pudo ser un granadero;
lo enloqueció esa manía

de matar al mensajero.



El pibe era policía

de la Local suburbana.

En otra comisaría

laburaba la fulana.



Si tu novia te cuernea

y lo hace con tu enemigo,

no te mandes una fea

cuando sobren los testigos.





“La audacia es para el cobarde”

le oí decir al Enclenque.

Nunca creí que esa tarde

el arma fuera un rebenque.



No te metas con extraños

ni le digas la verdad,

que cuando pasen los años

ya no habrá necesidad.



Las olas del mar fastidian (envidian)

la gris cachaza del río;

los amantes no subsidian

la fiebre del desavío.





El que tiró de la rienda
se pudre en un hospital.

¿Qué quien ganó la contienda?

Los dos terminaron mal.



Cuando exuda por los poros

la retórica perfidia

de quien busca los tesoros

de los pobres, hay envidia.












Muchas gracias.










Lu

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