sábado, 24 de septiembre de 2016

El Toro de Barro

EL TORO DE BARRO.
La imagen en la  vidriera
y nuestra alma en la cuenca de las sombras.
Cansa esto de andar girando
de un espacio al siguiente, con jaqueca,
cuando la lidia se convierte en escritura.
¿Será que ser poeta es ser caótico?
Zhivka dice: “No cabe otra cosa que no sea
amar, amar, amar”.
Tagore roza la frente del hijo
con una canción
que atraviesa la muerte.
Los dolores de Frida aprendieron a nadar,
sin brazos que la sostengan.
Carlos Duarte besa la lluvia
venerando al Dios de la Ternura.
En la Casida de la mujer tendida
Federico miente:
“Bajo las tibias rosas de la cama
los muertos gimen esperando turno”
y para Eugenio es arduo distinguir
entre quién le gustaría y quién no
que volviese a vivir entre nosotros.
Esta es mi familia más cercana:
Los poetas elegidos por El Toro de Barro.
Una muerte en el ruedo,
en el  ruido
de una tarde de fiesta,
que no es posible ni pensable.
Mis golpes de piqueta
rompieron el cristal de la pantalla.







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