lunes, 21 de noviembre de 2016

El diablo sabe esperar

El diablo sabe esperar. 

De un certero bocado, le arrebató el pincel
en su beso profundo. 
Nadie dijo lo fácil que le resultaría
transformarlo en  platillo, servirlo con mantel
y cubiertos de plata de fina orfebrería,
en tórrido inframundo
de la suite Presidente de aquel fastuoso hotel
que juntos inundaron de lascivia bravía. 
El artista lo busca sin saber que fue él,
un pobre vagabundo
que no reconocía, la bestia del burdel,
su amante por un día.
La venganza es veneno y se consume fría. 

Uno vende sus cuadros. Otro muerde un clavel. 

Llegó internet

Llegó
internet a ensancharnos este mundo
con su canto rodado,
independiente,
para un idilio nuevo con la vida.
Llegó
con beneficio de inventario,
flemática al terror del desamparo.
Vino
a ajustar los tornillos celulares
y a cubrir con su piel nuestra memoria fugaz,
antigua, descarnada,
obsolescente.

La red está en los cielos escogidos
de una nube menguada
frente a la matemática del caos,
sin desmedro de ser la Supernova
de aquellos que negamos los horarios;
y nos conculca,
a fuer de información entrecruzada
por fatal rebeldía,
a ser humildes abejas laboriosas
como tantas poetas que nos precedieron.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Los sicarios...

Los sicarios cumplieron su promesa
de matar lo suficiente.
Cada crimen: rayón y cuenta nueva,
contravientos de acero a la advertencia.
Los fantasmas beben vino
y en su delirium tremens nos lo cuentan. 
Hoy ayunan tirados entre hediondos
marchitos,
con un grano de pus en cada ceja,
portadores de gracia sin ediles.
"Lo construido destruyo,
lo plantado yo lo arranco"
dijo Aquel que les dio vida:
"cruel castigo a los malvados",
Justicia divina burda,
 al ahorcado que se acerca.