jueves, 16 de febrero de 2017

Aunque no leas

Aunque no leas
Te escribo aunque no leas estas líneas
porque debo decirte algunas cosas.
El tiempo no alcanzó para reproches
muy justos de tu parte:
Fui  ingrata,
un pato del montón,
tal vez, un poco infiel de pensamiento,
una egoísta.
Pero,
quiero contarte y que lo sepas:
Hoy regué las macetas del balcón,
acomodé la ropa al volver de la oficina
y saqué la bolsita de basura
en donde tiré, por costumbre,
el papel que cuelgo con imanes,
que reza como un mantra:
“Al fin, volviste”,
seguido por el nombre que te puse
en la intimidad de nuestro dormitorio.
Mañana, volveré a pegar otro en la heladera,
por si llegás  antes que yo.
Querido mío,
no he cambiado las llaves de la entrada.
Date prisa, por Dios,
y que así sea.

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