sábado, 25 de marzo de 2017

Creer para ver


Creer para ver.
Ver para perder.
No mirar. No pensar.

Esta es mi vida en la plataforma submarina.
La que quisiera reinventar contra el cristal
manejado por hebras del destino.
Este es mi paso hacia el ocaso.
La belleza que desprecié sin duda alguna.
El momento que perdí en carnavales húmedos
hasta volverme monstruo
con cara de niñita abandonada.

Cantar para llorar en los papeles.
Creer para croar
como una rana cruda
que ve moler sus ancas
para alimentar bichos y pirañas
que van en grupo,
robando monedas
para tirarlas al precipicio
y desfogarse
en las maquinitas de los casinos
inflamadas de odio  y de misterio.

Crear para creer.
Creer para soñar.
Esta es mi vida en los zaguanes dolientes.
Las antorchas se encienden
en lo oscuro de la caverna
hasta iluminar a la muerte horripilante
que nos persigue
como un detective astuto
que aventaja a sus presas huyentes.

Soñar para alcanzar
el tiburón de
la nave náufraga.
Creer creciendo,
sin desasir el rumbo. 

Las estrellas nos buscan
y no existen.
El sol se multiplica
y no existe.
Su luz nos llega tarde
y no existe.
Tan lejos del presente
nada existe.

Dame la mano y llévame contigo
hacia el averno en el cielo.
Te escucho, te contesto
y aunque nadie nos vea
plantar en los almácigos
los pimpollos
de albahaca o clavelinas
te presumo y te creo.

Crear para ver;
para sentir;
para tocar;
para oler
y desembozarte.
Para aprender a descubrir
el amor en las palabras,
la bondad en la justicia,
a ti en la intimidad.

Creer para ver.

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