sábado, 15 de abril de 2017

A quien le quepa el sayo...

A quien le quepa el sayo…


Ay, relator de cuentas y collares,
de compases y ausencias sin aroma,
de vivos historiales y avatares:
guarda tu activa lengua en la que asoma

el semblante de duelos liminares.
¿Quién crees que te pagará la broma
de tesoros con barro en los ijares?
Vergüenza de tu sangre de paloma,

del parásito triste que consejas,
de las estatuas en ninguna parte,
de las musas que a secas adoctrinas,


de los puntos y comas con que añejas
el porvenir sin tiempo para odiarte,
del arte de vivir en bambalinas.



             
Un sol tibio

Un sol tibio y dulzón moja la nieve
del inmutable invierno en esta hora,
también nosotros como el soplo breve
de la humedad que en tierra se evapora

anclaremos el barco en la estadía
dibujada de niebla en ambos lados;
las estrías del parto, la armonía
del gesto vulnerable y agotado.

Embriagada de oscuro va mi senda
que busca un ruiseñor en cada estrado
y alienta su deseo como ofrenda

enlutada de un verde descarnado,
luciendo en su penúltima prebenda
la burda lobreguez del desquiciado.







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