martes, 16 de mayo de 2017

7 poemas de la ausencia

Siete  poemas de la ausencia.


1
Haber sido alguna vez suyo,
es haberlo sido para siempre.

2

Te cito en mi memoria y te recuerdo
como unas bambalinas del pasado,
con toda claridad entre las sombras.
No sé si es posible acariciar un río,
y sin embargo,
su huella blanda,
su profundo cauce,
ocupan la pantalla de mi mente.

También sé que te evoco en mi memoria
y la distancia huele a sed mojada.



3
Hay un nido en el árbol de la calle
de un zorzal que escapó de su refugio
dejando  su reclamo a la intemperie.

Silbaba con pasión
cuando nosotros lo espiábamos
señalando su rojo vientre
de secretos clandestinos.


No quiero hacer metáforas avaras
ni quiero compararte con el ave
que abandonó su casa.
Espero tu regreso hasta la vuelta.
Nunca has sido la amante del invierno
y tus alas buscaron un sol nuevo.


4
Te escribo aunque no leas estas líneas,
porque quiero contarte algunas cosas:

El tiempo no alcanzó para reproches
muy justos de tu parte:

Fui un ingrato,
un pato del montón,
tal vez, un poco infiel de pensamiento,
 un egoísta.

Pero,
quiero decirte y que lo sepas:

Hoy regué las macetas del balcón,
acomodé la ropa al volver de la oficina
y saqué la bolsita de basura
en donde tiré, por costumbre,
(como hago cada día)
el papel que cuelgo con imanes
que reza como un mantra:
“Al fin, volviste”,
seguido por el nombre que te puse
en la intimidad de nuestro dormitorio.

Mañana, volveré a pegarlo
en la heladera,
 por si llegás  antes que yo.
Querida,
no he cambiado las llaves de la entrada.

Date prisa, por Dios,
y que así sea.


5
Te hablo con una vanidad absurda
como si fuera el héroe de una guerra,
el  artista laureado,  omnipotente,
el Apolo mellizo de Artemisa:
el jefe de las Musas del Olimpo
con mi cítara gastada de poesía.

Te canto con fulgor en la mirada,
con el hálito de voz que aún me queda,
y busco tu simpleza entre las sábanas
del sitio donde estés acontecida.

Porque el viento es testigo del deseo
y nunca olvidarás que fui tu azogue.


6

Ay, Madre de todos los cuentos,
dame tu consolación pueril
para persuadir a la ausente.

Ay, Mitos de campanas que aúllan,
resuenen con la fuerza de los carceleros
llamándola por novena vez.

Ay, Señor de la Literatura,
devuélveme a mi  amada
perdida en la tiniebla.

Ay, lector de nimiedades:
Perdona por mi desafuero
y ampárame,
de la imperturbable inconsciencia
de quien espera lo imposible.

7

No despiertes del sueño,
La realidad es tan brutal
que exige olvido.

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