Cuando tengas miedo de volar,
cuando tengas miedo de arriesgar,
y las emociones te ahoguen
con hiel la garganta,
degüella al vampiro
que te ataca
y goza, goza,
sueña escandalosas
luciérnagas de alas blancas.
El miedo es amigo de incordiar.
Sorprende al más fiel, al atacar
con cruda osadía, con fatua alegría,
nobles corazones en la madrugada.
No tengas miedo muchacho,
vete al final del pasillo
-te veo un poco amarillo-
descarga todo tu empacho.
Grita y escupe dolores
renegando del bolsillo
de cucurucho sencillo
que te encubre los temores.
La náusea se irá pasando
en canciones que agonizan,
de vez en cuando
aterrizas
aterrizas
aterrizas.
Se nos fue de las manos
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Se nos fue de las manos
déjame que te explique
regando los geranios
con los ojos vendados
déjame que te enseñe
por si sirve de algo.
Se nos fue de las manos
tratando de intentarlo
con los ojos cerrados
del jardín del verano
que es igual que en visiones
opacas por los años
Se nos fue de las manos
como turbia calima
de vapores del agua
cada línea fue escrita
cada turbia calima
me abstendré de citarlas
déjame que te explique
con los ojos hinchados
de ausentes maquinarias,
ceremonias sombrías
cargadas de tormentas
contra el sexo inflamado
miradas atenuadas
corazón hecho trizas
opaco por vapores
del huerto de geranios.
Se nos fue de las manos
sin poder remediarlo.
Menudos promontorios
y nidos reaccionarios
huyendo de las nubes
cargadas de tormentas
en el triste escenario.
Me abstendré de citarlos
cada línea fue escrita:
pordioseros de estado
peregrinando leves
subiendo hacia las nubes
quisimos intentarlo
masticando raíces
de contexto obligado
Se nos fue de las manos
y todo lo perdimos:
el sexo, las raíces,
el lodo, las tormentas,
las nubes, los geranios.
Se nos fue de las manos
Se nos fue de las manos
Te extraño, corazón. Echo de menos
el quiebre de tu voz, tu melodía;
y sueño con tu boca, todavía,
convulsa de pasión y de venenos.
Mi vida en soledad son estos truenos
quejosos de tu ardiente idolatría;
roída está mi piel por la herejía;
son vacuos los ajenos desenfrenos.
Te acompañan rufianes de almacenes
que apuestan deshonor en una feria.
El siglo me devuelve a la miseria:
Voy abriendo la puerta a tus vaivenes.
Mis ojos a través de las paredes
te buscan y te envuelven en los brazos,
que ofenden la memoria con sus trazos
de pescado atrapado, entre tus redes.
Pero quiero que entiendas lo apremiante,
aunque sé que te altera que lo diga,
tesorito mutante, almita errante,
trigo y espiga,
dama menguante,
que la fiebre es para mí esta aguja
que imprudente acaricia y me dibuja
tu figura nostálgica y distante.
Canción con música de Zico Barbosa (Esdras Bar) de San Pablo.
Me rompió corazón en siete partes
A la policía de Moratalaz.
Me rompió el corazón en siete partes,
me dijo que me amaba y lo sentía,
meterme tras las rejas fue su arte
de influencias y malas compañías.
Menos mal que la poli suspicaz
fuera gente decente, buena gente
que combate la guerra con la paz
sensatamente, muy sensatamente.
Supieron que su turbia hipocresía
me arrollaba hacia el lecho de la muerte
hundiendo mi ataúd en membresías,
horror de los horrores, mala suerte.
El conflicto: la lengua usurpadora,
las fallas que no cuentan las canciones,
los socios de familia encubridora,
un nombre de mujer, los polvorones.
La noche que encendía fue mi fuego,
los gritos, los chisperos, la tormenta
que muere por su boca de pez ciego
y de sed de venganza se alimenta.
Lu

