Un sol tibio y dulzón
Un sol tibio y dulzón moja la nieve
del inmutable invierno en esta hora,
también nosotros como el soplo breve
de la humedad que en tierra se evapora
anclaremos el barco en la estadía
dibujada de niebla en ambos lados;
las estrías del parto, la armonía
del gesto vulnerable y agotado.
Embriagada de oscuro va mi senda
que busca un ruiseñor en cada estrado
y alienta su deseo como ofrenda
enlutada de un verde descarnado,
luciendo en su penúltima prebenda
la burda lobreguez del desquiciado.