Romántico fortissimo.
Desnudas las ambiciones,
el piano se vuelve centro
inseparable,
como si el clavicémbalo de Mozart
tocara nuestras memorias
y exhortara al incendio.
Una mujer del siglo XXI
(en angélica custodia)
y el héroe de todas las conquistas
del devenir están juntos.
Suena el romántico fortíssimo.
Indisoluble este amor converge
en las calles de París,
-ohlalá, Paris-
patrimonio del mundo
que viste de rojo y negro
su apasionada lujuria.
Liszt tenía veinte años
y el teclado de Chopin
negaba la barroca hipocresía
de Montescos y Capuletos.
La Sinfonía fantástica
que es la creación milagrosa de la vida,
está sonando.
Vasos comunicantes.
Dos viajeros del tiempo
han amanecido en esa grieta
redentora de belleza
y morirán anudados
como mueren los desterrados,
por propia elección,
escapando de teléfonos celulares,
de la bolsa de Nueva York
y de fiestas de disfraces paganas
que ofenden a la procacidad
con su cinismo.
Dos amantes abducidos
por la misma vital fibra
crucifican su honor brindando
con la cursilería de los enamorados
en un campus de margaritas del edén.
Traslado del blog de la comunidad de El País, ENFUNDÁ LA MANDOLINA por dificultades técnicas en el sitio: http://lacomunidad.elpais.com/luciafolino/ Poemas de Lucía Angélica Folino
miércoles, 22 de julio de 2020
Chaparrón
CHAPARRÓN.
Chaparrón trémulo.
La lengua pica repetidamente
la hondura melancólica
de un puesto de violetas púrpuras
barrenando Tribunales.
Desparecido jazz del mediodía
en la mesa del Café de la Paz
"que las cerezas están maduras eso lo sé..."
Época hoy de sepultar flores alucinatorias
y regoger frutos descorazonados.
Crujiente frontera de la nada,
la Poesía es, tal vez, un horizonte.
Chaparrón trémulo:
Deliberada renuncia
al sosiego de entregarse
al olvido victorioso
de una niebla casual.
Chaparrón trémulo.
La lengua pica repetidamente
la hondura melancólica
de un puesto de violetas púrpuras
barrenando Tribunales.
Desparecido jazz del mediodía
en la mesa del Café de la Paz
"que las cerezas están maduras eso lo sé..."
Época hoy de sepultar flores alucinatorias
y regoger frutos descorazonados.
Crujiente frontera de la nada,
la Poesía es, tal vez, un horizonte.
Chaparrón trémulo:
Deliberada renuncia
al sosiego de entregarse
al olvido victorioso
de una niebla casual.
los colores
LOS COLORES
LOS COLORES.
“los colores se acurrucan temblando en las entrañas de las cosas” Jorge L. Borges.
Cada semana
los colores se acurrucan temblando en las entrañas de las cosas.
La mujer de agua los libera de su exótica posesión.
Los colores se persignan
y combaten en la retaguardia.
Aprietan sus modestas alternativas,
resisten y sucumben al paso del tiempo,
al frío, al calor,
gobiernan los sueños, sin excusas,
habitan la tierra y las olas,
el cielo y la ultratumba;
nacen desde la música,
meriendan con un sol imaginario
y tratan de escapar.
Rendidos, se dejan ir.
Y cierran nuestros párpados
con inexorable puntualidad inglesa.
“los colores se acurrucan temblando en las entrañas de las cosas” Jorge L. Borges.
Cada semana
los colores se acurrucan temblando en las entrañas de las cosas.
La mujer de agua los libera de su exótica posesión.
Los colores se persignan
y combaten en la retaguardia.
Aprietan sus modestas alternativas,
resisten y sucumben al paso del tiempo,
al frío, al calor,
gobiernan los sueños, sin excusas,
habitan la tierra y las olas,
el cielo y la ultratumba;
nacen desde la música,
meriendan con un sol imaginario
y tratan de escapar.
Rendidos, se dejan ir.
Y cierran nuestros párpados
con inexorable puntualidad inglesa.
Los lecheritos
Los lecheritos
Tìtulo y canción de la mamá del Alto Valle Serrano a su niña de azúcar cande.
Maíz en pepitas de oro,
vino en ayunas,
mandioca del suburbio,
baños de espuma.
Silbados por los vientos
van los amantes,
quesito blanco llevan
entre los guantes.
Parejita con boina
viene tirando
del carro del lechero,
no sé hasta cuando.
Me dijeron sus nombres,
no los recuerdo,
la vida es cara sucia
donde me pierdo.
Anoche se besaban,
hoy no se besan,
trabaja él fiel la tierra
mientras le reza.
Hilvana ella bocados,
vende tristezas,
caminante apurado
de las malezas.
Arcángel de ninguna
será la senda
de regreso a la cuna
en la merienda.
Me dijeron sus nombres,
no los recuerdo,
la vida es cara sucia
donde me pierdo.
Maíz en pepitas de oro,
vino en ayunas,
mandioca del suburbio,
baños de espuma.
Silbados por los vientos
van los amantes,
quesito blanco llevan
entre los guantes.
Parejita con boina
viene tirando
del carro del lechero,
no sé hasta cuando.
Me dijeron sus nombres,
no los recuerdo,
la vida es cara sucia
donde me pierdo.
Anoche se besaban,
hoy no se besan,
trabaja él fiel la tierra
mientras le reza.
Hilvana ella bocados,
vende tristezas,
caminante apurado
de las malezas.
Arcángel de ninguna
será la senda
de regreso a la cuna
en la merienda.
Me dijeron sus nombres,
no los recuerdo,
la vida es cara sucia
donde me pierdo.
niña de azúcar cande
Niña de azúcar cande.
La mujer de agua antes de ser sílfide fue niña de azúcar cande (cristalizada y dulce).
Supo jugar con cañitas voladoras y vandálicos soldados de plomo que conseguía con modosas estrategias infantiles. Perseguía cardenales con red y los instalaba en pompas de jabón, para escándalo de madres solteras y sacerdotes del tarot.
Las niñas de azúcar cande se derriten bien fácil, como las celdas de los prodigiosos pájaros que atrapan.
La mujer de agua antes de ser sílfide fue niña de azúcar cande (cristalizada y dulce).
Supo jugar con cañitas voladoras y vandálicos soldados de plomo que conseguía con modosas estrategias infantiles. Perseguía cardenales con red y los instalaba en pompas de jabón, para escándalo de madres solteras y sacerdotes del tarot.
Las niñas de azúcar cande se derriten bien fácil, como las celdas de los prodigiosos pájaros que atrapan.
Intentando una definición
La mujer de agua es solo contenido,
no tiene continente
ni islas ni lechos de océanos submarinos.
La mujer de agua no es agua.
Es mujer presente y poderosa.
Ni pulpo ni estatua,
ni algas ni laguna
ni lava de volcanes.
Es pasado indefinido, remoto,
sin querer ser nenúfar ni duende.
Moja y se acomoda a los perfiles del viento,
desencarcela olores,
interviene en la pintura del mundo,
hace eco de la voz, en los oídos.
Es amorfa e incorporal,
vitamínica pero nunca imaginaria.
Existe en la mente de su creador.
Se aleja del humo y de las carestías.
Lleva el futuro ondeando a su paso,
bailando en las tinieblas
y espera una señal.
caliente
Caliente.
La mujer de agua es líquida y caliente.
Caliente como un verano a la intemperie,
como un mate recién cebado;
caliente como un arcón que se abandona;
caliente como un cristal de sol caliente,
como el sudor de la piel de los apasionados,
como la pluma de los poetas sin tinteros;
caliente como el relámpago que agoniza,
como el tacto del canónigo
de excepcional belleza;
caliente como el que mira desde el féretro;
caliente como un instrumento
después del concierto concebido,
como la pipa de un indio
despojado de su libertad;
caliente como el alma hirviente
donde la voz se escurre muda
hacia el final de los estanques.
La mujer de agua es líquida y caliente.
Caliente como un verano a la intemperie,
como un mate recién cebado;
caliente como un arcón que se abandona;
caliente como un cristal de sol caliente,
como el sudor de la piel de los apasionados,
como la pluma de los poetas sin tinteros;
caliente como el relámpago que agoniza,
como el tacto del canónigo
de excepcional belleza;
caliente como el que mira desde el féretro;
caliente como un instrumento
después del concierto concebido,
como la pipa de un indio
despojado de su libertad;
caliente como el alma hirviente
donde la voz se escurre muda
hacia el final de los estanques.
la mujer de agua
¿Qué otra felicidad tu violencia pretende?
Louis Aragon.
El cielo espesa la calma.
Violentos ronroneos de gatos salvajes
cesan y murmuran.
La mujer de agua cruza la aurora.
En su pupila resplandece
todo el oro del mundo.
Un rayo atesorado en el pelo
derrite lentamente su lágrima crepuscular,
acorralada en cuerpo.
La mujer de agua
arranca las violetas del pozo
de la sombra.
Louis Aragon.
El cielo espesa la calma.
Violentos ronroneos de gatos salvajes
cesan y murmuran.
La mujer de agua cruza la aurora.
En su pupila resplandece
todo el oro del mundo.
Un rayo atesorado en el pelo
derrite lentamente su lágrima crepuscular,
acorralada en cuerpo.
La mujer de agua
arranca las violetas del pozo
de la sombra.
Réquiem
Réquiem
RÉQUIEM.
Inspirado en la obra homónima de Mozart.
Para Angelita.
Espíritu de ángel:
yace en lo oscuro
tu boca de pared atormentada.
Tu brazo entre las fauces del infierno,
tu miedo implorante y desgraciado.
No grites,
que el silencio no es la tumba;
regala la impiadosa verdad
de tu garganta
y desprecia estas tierras amarillas
con inocencia de recién llegado.
Vivirás hasta la próxima frontera
entre la arena,
que no muere el alma en los límites
cuando de este lado
alguien te nombra,
alguien te ama.
Tu ida es el principio de otro viaje
y mientras quedo aquí,
desguarnecida,
seguirá lloviendo en la trinchera
el fuego de otra guerra,
siega inútil.
La lengua de los hombres
no nos habla
si el paso no te abarca en la partida;
y son música el réquiem y los salmos
que en tu carne impaciente
hoy se instalan.
Se cierran otros ojos con los tuyos
y las aves donde van llevan mis lágrimas
Inspirado en la obra homónima de Mozart.
Para Angelita.
Espíritu de ángel:
yace en lo oscuro
tu boca de pared atormentada.
Tu brazo entre las fauces del infierno,
tu miedo implorante y desgraciado.
No grites,
que el silencio no es la tumba;
regala la impiadosa verdad
de tu garganta
y desprecia estas tierras amarillas
con inocencia de recién llegado.
Vivirás hasta la próxima frontera
entre la arena,
que no muere el alma en los límites
cuando de este lado
alguien te nombra,
alguien te ama.
Tu ida es el principio de otro viaje
y mientras quedo aquí,
desguarnecida,
seguirá lloviendo en la trinchera
el fuego de otra guerra,
siega inútil.
La lengua de los hombres
no nos habla
si el paso no te abarca en la partida;
y son música el réquiem y los salmos
que en tu carne impaciente
hoy se instalan.
Se cierran otros ojos con los tuyos
y las aves donde van llevan mis lágrimas
viernes, 3 de julio de 2020
Fragmentos del corazón agrietado
Fragmentos del
corazón agrietado.
No hay
que llegar
demasiado
tarde
para ser el último.
Para ser
el primero
en la ciudad esquiva
basta serenarse
antes y
llorarse después.
Quise
florecer
como dios
en tus noches.
Ni siquiera
fueron días.
¿Son instantes?
Dolor sibilino,
amor de caléndula
herida,
ingenuidad
en el noviciado
exagerando roces,
extenuación,
odios mortales,
aburrimiento,
maldiciones,
angustia.
Soledad
que se comparte,
soledad
que se tolera,
soledad
que se entrega
y se derrite
al despropósito
de seguir siendo
solos en la multitud.
No existe
más pasado
que este mensaje
que lego
a los ojos
de tu alma
desde
el pálpito y la extrañeza
para alojarse
en tu vacilación
huraña.
Ni tampoco creas
que hay
futuro en él.
Sigamos los consejos
que alguna vez
nos diera la luna
infructuosamente:
Enamorarse es pecado mortal.
Quienquiera
que seas
dondequiera
que estés...
estás gravísimo, hermano.
No puedo ayudarte más.
[Ni vos a mí]
¿Será nueva tu historia?
No sigas
carcomiendo
los recuerdos
de pocas imágenes
y tantas
palabras goteadas,
chorreadas.
en la hendidura
de una plaza caracol.
Dejémoslas
macerar
como frutas
en vino tinto.
Mejorarán su calidad
y no nos darán
deseos de vomitar
en las fiestas
de fin de año.
No resbales,
de nuevo.
Una locura digna
de mentes afiebradas
como nubes
de verano
quema
la siesta.
Caprichos
del gallo madrugador.
No te comprendo
(a veces)
y trato de perdonarte
(perdonarme)
(a veces)
los arrebatos,
pero se hace
tan difícil.
Las humillaciones
no tienen vuelta atrás.
Lo mismo
que el silencio
autista.
De lo único
de lo cual no se regresa
(lo dije antes
de cometer ese delito)
es de la ridícula molicie
y su turbiedad de muerte.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)