Plazo
Somos inmortales.
Nuestro tiempo existencial
expira al nacer.
La fontana de los antepasados
humedece la espalda de la civilización,
pulsa el halo de la Historia
y se acalla rigurosa
en el diálogo final
de un plazo perentorio.
La aguja del reloj
se detendrá
con tu último latido,
y a pesar de todo,
los muertitos vestidos de blanco
nos darán la bienvenida en la terraza.
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