Brindis
-"La rosa no tiene por qué, florece porque florece", ha dicho Ángelus Silecius
-"La rosa no tiene por qué, florece porque florece", ha dicho Ángelus Silecius
Hastiado de la versátil inconstancia del mundo,
hallé la paz dentro de mi copa;
en ella encierro vida, esperanzas y deseos;
dadme de beber.
Báquico.
C.P. Cavafis
Mi casa era tu copa,
desbordante de cava en la bodega.
Tu sitio, una tiranía
donde mis venas azules se escaldaban.
Los datos aportados eran fidedignos,
cotejarlos fue un trabajo inevitable.
Desestabilizábame en la premura
de hallar el desnudo oleaje de la síntesis.
La negra estofa empezó a arder
y el ávido designio de la lente
tuvo por fin un corazón blando,
en su rústico latir bajo la estrella.
El insignificante tábano molesta a las caballerías,
y a mí me excita que tu voz sea ese tábano.
Una voz sembrada en la locura,
que en resumidas cuentas
a nadie le importaba.
Y la bebo
en un altar de consumaciones,
como ese buen vino que me alegra
en la cofradía del goce de hombre conjurado
al nombre de mujer resignada y silente:
la rosa del fin del mundo,
la elegida del poeta.
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