Postularon un programa
con organito y grotesco
relojero y suburbial.
¿No estás viendo al toro viejo
en la merca de Las Ventas
y un partido en las reventas?
La carbonera está llena.
Se corrompió la madera
y te hallé por casualidad.
Echabas fuergo en el circo
como enano agigantado
con espaldas del dantesco
vestidito de violeta,
pancho, mostaza y ritual.
(la novela del relato)
Divididos, marginales,
frente a sí, insignificantes
bailan, mean, piden pan.
Los de oficio periodistas,
indignados o monteros,
atorrantes, funcionarios,
atormentan los progresos
reivindicando el exceso
voz en off de informativos
e improvisan colectivos,
de móvil mando a distancia
canalizando remotos
sentidos desempleados
del rock and roll nacional.
(con la fauna de los gatos)
Fotomontaje, entrevista,
elegancia de activista,
¡me cacho en Dió! Buena fuente
de observatorios recientes
Relación intertextual.
¿Para qué el abecedario
de letrista independiente
que trueca bienes por mal?
Para artista: un presidente,
sin amigos ni amistad.
Viceverseando a la gente:
Viva el nuevo capital.
la fuerza del indecente
te parte por la mitad.
Traslado del blog de la comunidad de El País, ENFUNDÁ LA MANDOLINA por dificultades técnicas en el sitio: http://lacomunidad.elpais.com/luciafolino/ Poemas de Lucía Angélica Folino
domingo, 29 de mayo de 2011
domingo, 15 de mayo de 2011
Obama y decepción.
Obama y decepción, ¡qué cantinela!,
el blanco más mulato de la plebe
de negros, que proscribe por si llueve,
las lúcidas fulgencias de la estela.
Que tengas, en mi honor, noches en vela,
por robar lo que al pueblo se nos debe,
que te absuelva la ley, fugaz y breve,
de la sangre del pobre centinela,
que observa tu conducta en las prisiones,
entre reyes, espías y burgueses,
y sueña con un río en que los peces
pequeñitos, merienden tiburones,
que avergüencen de miedo a los halcones
en la plácida calma de tus jueces.
el blanco más mulato de la plebe
de negros, que proscribe por si llueve,
las lúcidas fulgencias de la estela.
Que tengas, en mi honor, noches en vela,
por robar lo que al pueblo se nos debe,
que te absuelva la ley, fugaz y breve,
de la sangre del pobre centinela,
que observa tu conducta en las prisiones,
entre reyes, espías y burgueses,
y sueña con un río en que los peces
pequeñitos, merienden tiburones,
que avergüencen de miedo a los halcones
en la plácida calma de tus jueces.
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