Obama y decepción, ¡qué cantinela!,
el blanco más mulato de la plebe
de negros, que proscribe por si llueve,
las lúcidas fulgencias de la estela.
Que tengas, en mi honor, noches en vela,
por robar lo que al pueblo se nos debe,
que te absuelva la ley, fugaz y breve,
de la sangre del pobre centinela,
que observa tu conducta en las prisiones,
entre reyes, espías y burgueses,
y sueña con un río en que los peces
pequeñitos, merienden tiburones,
que avergüencen de miedo a los halcones
en la plácida calma de tus jueces.
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